Enero - Junio 2020

Il paradiso de Dante como preámbulo hacia el secularismo contemporáneo

Luis Andrés Morales Castañeda

Dante Alighieri fue, posiblemente, uno de los primeras renacentistas y magnos escritores del Renacimiento, el prototipo del paso del hombre medieval al moderno en los hechos, y de quien se adoptaron las famosas representaciones del infierno, purgatorio y cielo en la modernidad. Por medio de su obra, dio a conocer su perspectiva acerca de la trascendencia de Dios y el estado de la iglesia en sus obras, en especial en su magnum opus, la Divina Comedia (1321 D.C.). Este poema está dividido en tres partes: dos de ellas, el Infierno y Purgatorio donde critica al hombre; y Paradiso, donde se encuentra con la salvación y fuerzas metafísicas. A pesar de que Dante no niega la existencia de Dios y lo ve como un ser perfecto de luz etérea, probablemente, sí, trascendente, pero a su vez, inalcanzable. ¿Es posible entonces que, Dante, a pesar de ser creyente fungiera como un principio que, colateralmente, ¿Impactó en las ideas agnósticas de la modernidad y la formación del futuro secularismo? El filósofo americano William Franke menciona en su obra “Dante y la Secularización por medio de la literatura” (2013, pp. 12-15), que vivimos en una época donde el individualismo del trabajo sobrepasa las creencias. Esta idea del individualismo sobre creencias nos lleva a dos conclusiones de la obra de Dante: “Dios es tan perfecto que los humanos no pueden comprenderlo” y “La razón y el ser humano está por encima de la gracia”. Ambas ideas podrían sonar contradictorias, pero éste no es el caso para Dante. Él lo describe como una forma en la cual el poder humano es suficiente para poder alcanzar Il Paradiso sin la ayuda de Dios, más bien, trascendiendo an sich (por sí), pero al mismo tiempo nunca podremos alcanzar lo que es Dios.

Si analizamos correctamente, y aludiendo a las consecuencias del Renacimiento en general, cabría la posibilidad de que éste es un tema que se encuentra implícitamente en el fondo de Il Paradiso de Dante. A continuación, se presenta una sucinta pero detallada exposición de este punto. La parte más simple de comprender es la del Dios perfecto inalcanzable. La idea de una fuerza perfecta existe desde la Grecia Antigua con Aristóteles y su idea de la virtud, quien detalla cómo ciertos seres tienen más de ella, o sea, que son más perfectos (Metafísica de Aristóteles, octavo libro). Más adelante, en el ambiente de la Escolástica, que tuvo a los clásicos Platón y Aristóteles por autoridad intelectual para explicar la fe, Santo Tomás de Aquino propuso sus Quinque Viae en la que se anexa la famosa vía de la perfección. En esta, Santo Tomás dice que como todas las cosas cuentan con algún grado de perfección, debe existir algo que sea la perfección misma en plenitud, de la cual devienen todas las demás ideas de perfección, y que ésta idea necesariamente es Dios (La Suma Teológica, D.C. 1274). Cuando Dante interpreta a Dios en Il Paradiso, se ven ramificaciones de estas ideas propuestas por Santo Tomas y Aristóteles, pero Dante lo vuelve más “tangible”. Él da evidencia y razonamiento de cómo Dios es completamente inalcanzable. La primera de estas pistas es cuando visita el Sol. En este astro, residen los pensantes. Entre ellos, se encuentra el Rey Salomón de Israel, el cual es reconocido como el humano más sabio que habitó la tierra. Al encontrarse con él, Dante le pregunta sobre Dios, pero él dice que no lo ha visto y no lo puede comprender (Paradiso, Canto XI). Esto le causa intriga y dudas a Dante, ya que si el Rey Salomón, portador de la cúspide del conocimiento y de quien se dice en la Biblia que no sólo fungió como estadista, sino como taxónomo y escritor (1° Rey. 4, 29- 34) no puede comprender a Dios, entonces ¿La humanidad podría darse cuenta de su existencia? El segundo punto en esta escena, es que la declaración salomónica se centra en él mismo, en una especie de conocimiento individual y no comunitario de Dios, como aludiendo a la primacía del sujeto sobre la revelación (una especie de pre-racionalismo).

La segunda pista de este argumento, es cuando se encuentra con Dios mismo. En la última parada de su viaje llega al Empíreo, aquel sitio de luz donde reside Dios. Al estar frente a Dios, él no lo puede razonar; puede visualizarlo, pero no lo entiende. Él simplemente dice: “...Mas no bastaban las propias alas: si no que mi mente estaba herida de un fulgor que cumplió su anhelo.” (Paradiso, Canto XXXIII). Incluso después de su viaje, no podía compartir lo que vio, porque no pudo “ver” a Dios. Construyamos entonces la primera conclusión dantesca: Dios aparte de ser perfecto, es completamente inalcanzable por él humano y su ente finito. Y esto parece explicarse por medio de la demostración en toda La Divina Comedia; que los humanos más sabios de la historia no pueden verlo o alcanzarlo por medio del conocimiento, y lo demuestra cuando él al llegar a su presencia, no logra describirlo. En conclusión: “Él comprender a dios, es un vuelo que las alas de la humanidad no podrían emprender.” La segunda conclusión de la obra de Dante se demuestra en los hechos, ya que nunca lo dice de forma directa. Se puede apreciar gran parte de su argumento cuando él visita la Luna. Ahí se encuentran las personas que fueron buenas pero que rompieron sus votos a Dios. En este astro, Dante se encuentra con la monja Picarda. Ella le explica cómo fue obligada a salir de su convento y romper su juramento a Dios, pero aún tenía Fe (Paraíso, Canto III). Aunque rompió su promesa no por elección propia, estaba atorada en el círculo más bajo del Paradiso. En este círculo, Dante cuestiona si al romper una promesa contra Dios, el hombre está haciendo uso de su voluntad propia. Picarda le responde que Dios nos dio el mejor regalo de todos, “el libre albedrío”, pero al momento de hacer una promesa a Dios perdemos el derecho a tener voluntad propia (Paraíso, Canto II-IV). Estos cantos parecen tener una perspectiva agnóstica, en la cual se asume que Dios nos da el poder de la elección, pero si lo escogemos a él, perdemos libertad; lo cual es paradójico. Dios es el salvador, pero también el condenador. Se concluye en una idea parecida a la famosa paradoja de Epicuro, un filósofo Griego. Su paradoja explica que “Si Dios fuera Omnisciente, Omnipresente y Omnipotente, no existiría el Mal; y si Dios si lo es, no es Bondadoso ya que deja que el Mal exista” (Waggle, 2007). Una idea sumamente agnóstica, pero que tiene paralelos con la idea propuesta de la siguiente forma: para tener una vida plena y adquirir la salvación, no solamente debemos de obrar el bien con nuestro libre albedrío, sino también dedicarnos de manera deliberada a Dios. Dando a la paradoja que, si Dios no existiera, las obras buenas son suficientes para la salvación. Esta idea de Dante es algo totalmente opuesto a la idea propuesta por San Pablo, que la salvación sólo se puede adquirir por medio de la gracia de Dios, y que las obras por sí solas no son suficientes (Epístola a los Romanos, 67 D.C.). Esto, en síntesis, es la esencia del secularismo: Se pretende que los seres humanos pueden ser buenos por la naturaleza dentro de ellos, sin la necesidad de religión como punto de partida, aunque, las decisiones del ser humano siempre parten de principios que el hombre considera absolutos (y esto es religioso).

La travesía y confusión de Dante continuaron; no obstante, esta travesía nos lleva a sostener más nuestro argumento. El viaje de Dante lo llevó a Mercurio, donde se encontró a personajes que, por creencia popular, no irán al Paraíso, tales como los emperadores romanos Justiniano I, así como el poderoso Julio César, los cuales no eran cristianos (Paraíso, Canto VI-VII). Dante se sorprendió más cuando en Júpiter se encontró al Emperador Romano Trajano, el cual era un devoto pagano. Le explican a Dante que se encuentra ahí porque fueron grandes hombres de su tiempo, que impartieron justicia y bien durante su mandato (Paraíso, Canto XIX). Demostrando cómo no es necesario ser un devoto creyente para lograr la salvación. Esto es –por demás- interesante, porque entonces, la concepción de la gracia de Dios como la Revelación y la teología tradicional asumían ya no era tan importante, sino que propone las bases ideológicas del panfleto contemporáneo de: No importa que religión seas, lo importante es que seas bueno. En este punto, Dante también escuchó a una de las almas que le dijo que los ritos eclesiásticos no son necesarios. Como dijo el teólogo Americano Francis Schaeffer “...voluntad del hombre estaba caída, pero no lo estaba el intelecto.” (Schaeffer, 1968), este siendo la herramienta más fuerte del humano para obrar el bien. Regresando a su encuentro en el Sol, el poeta tiene un diálogo con Santo Tomás de Aquino. Santo Tomás le dice que ser devoto a la iglesia es una elección no un deber, y cualquier persona tiene el mismo derecho a la salvación. Explica que no se debe forzar la religión ante alguien, al estar criticando las prácticas de predicación y conversión agresivas de la iglesia (Paradiso, Canto XVIII-XIV).

Viéndolo de manera superficial, La Divina Comedia de Dante es sólo una épica sobre el panteón cristiano, pero si se lee entre líneas, se llega a las conclusiones que se presentaron en el ensayo. Dentro del Paradiso, se pueden notar los pilares del secularismo, la idea del rechazo a la religión, y las ideas del agnosticismo moderno. Los epítomes racionalistas y criticistas del cartesianismo o el kantismo parecen haber encumbrado las ideas renacentistas de la Divina Comedia: El buen sentido, así como la asunción de directrices generales de la razón son suficientes para el paradigma de la bondad, la moralidad y la buena vida, por tanto, el hombre es bueno cuando descubre por sí (sin la necesidad extrema de Dios) aquello que le rija hacia una vida ordenada. Él describió que la lógica y razón humana son la clave para obtener la salvación, no la gracia divina. En Dante queda completado esto: Las obras individuales del ser humano superan a la Gracia. Simplemente tenemos diferentes prioridades: Dios puede ser nuestro guía, pero tenemos la opción de usar la razón e inteligencia humana para lograr la construcción de una sociedad estable. Pero... ¿será así?

Referencias bibliográficas
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  2. Triggiano, T. B. (2010). Dante’s Heavenly Lessons: Educative Economy in the Paradiso. Essays in Medieval Studies, 26, 15–26.
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