Enero - Junio 2020

La necesaria “otra opción” con base en el planteamiento de Epicuro de Samos

Sibyl Rubí Mendívil Hernández

“Si Dios es todo poderoso, no puede ser bueno del todo y si es bueno del todo no puede ser
todo poderoso.” Lex Luthor
En esta frase, Lex Luthor (Batman vs Superman el origen de la justicia, 2016) se refiere a Superman como un falso dios o uno que puede ser corrompido en la película del director Zack Snyder, misma que parece perfectamente relacionada al planteamiento de Epicuro de Samos (Gonzáles, 2017) donde menciona que, si existe el mal y existe Dios, entonces Dios no pudo o no quiso eliminar el mal, por tanto, si Dios no pudo entonces no es omnipotente y si Dios no quiso entonces no es del todo bondadoso permitiendo que el mal haga estragos en la humanidad. No conforme, con sólo esas opciones, y con la libertad de razonar que, no necesariamente este pensamiento se limita a una elección entre estas opciones, voy a agregar una nueva.
1.-El trasfondo de las opciones
Tomás de Aquino nos presentó 5 vías, razonables y observables para fundamentar la existencia de Dios. No indagaré en cada una de ellas o en la incógnita tan amplia de la existencia misma de Dios, pero me centraré en una de éstas. En su cuarta vía dice “Los seres más próximos a la idea del Bien son superiores en grado de perfección y hay uno que es considerado el ser Supremo o Ser absoluto trascendente que encierra en sí mismo la plenitud de todo bien y ese es Dios.” (Maurial, 2015) y Epicuro en su obra Carta a Emeneceo dice, “En primer lugar, considera a Dios como un viviente incorruptible y dichoso, tal como lo suscribe la noción común de Dios, y no le atribuyas nada que sea ajeno a la incorruptibilidad ni impropio de la dicha.” (D Boeri, s.f.) Estas son bases muy concretas para las ideas de las características de Dios. Después de todo, para hablar de él es necesario tomar ciertas máximas expresiones. Las cualidades tales como onmipotencia, onmipresencia, onmisciencia y eternidad, son las más usadas para intentar describir a la Deidad. Así que, en un raciocínio lógico se puede argumentar que cualquier cualidad corruptible o que se corrompe así misma no es propia de Dios, y no se le puede atribuir más que la excelencia del pensamiento consciente: Dios es bondadoso y todopoderoso. Pero al añadir una tercera constante como lo es el mal, esta misma no armoniza con las cualidades de Dios, por lo tanto o la escencia de Dios permanece constante o el mal corrompe esa constante.
Por lo tanto tenemos a un ser todopoderoso pero no todo bondadoso porque no quiere erradicar el mal, o tenemos a un ser todo bondadoso que quiere hacerlo pero no puede, e inclusive cabe agregar a un ser que no es ni todo poderoso ni todo bondadoso, un ser que no quiere ni puede erradicar el mal, pero dicho esto, si hay una verdad y se escoge una opción, la opción no tomada queda en efecto descartada como constante y se corrompe el concepto total de la cualidad común de ser Dios, quedando a la deriva y más lejos de hayar la concepción de un Dios como tal.
2.-La consideración de Dios
Parecería que este panorama nos deja con más interrogantes que respuestas, pero es necesario repensar para discernir y juzgar los hechos. Si sólo se tomaran estas opciones, como antes mencioné, el pensamiento se queda a la deriva, y si la razón de razonar un pensamiento es no llegar a ningún pensamiento racional pierde su efecto mismo desde el comienzo, así que quedarían descartadas desde un comienzo las ideas de Epicuro, por lo tanto, vamos a añadir una consideración de Dios.

Hemos tenido una descripción de Dios hasta donde nuestras capacidades han podido llegar, pero quizá aún no hemos comprendido, por causa de nuestra limitación humana, la idea perfecta de Dios. Platón en su teoría de las ideas nos mostraba un mundo sensible donde habita todo aquello físico, y un mundo inteligible donde habitan las ideas perfectas. Platón (Calvo, 2003) trató de explicar la relación entre ambas por medio de la idea de un ordenador, el Demiurgo. El filósofo entendía, que, por un lado, se encontraba el espacio con toda su vasta expansión, y por otro, toda la materia sin forma (caos); en lo ulterior se encontraban las ideas perfectas. Este ser ordenativo tomando referencia de las ideas perfectas, le daba forma al caos para crear una copia de lo perfecto y colocarlo en el espacio, es decir, lo que ahora podemos percibir con nuestros sentidos.
En realidad, Platón no estaba tan lejos de la verdad cristiana de la realidad, en diversas partes de la Biblia se describe a esta realidad como la sombra de lo verdadero. El autor de Hebreos se dirige a los judíos hebreos explicándoles cómo es que toda su ley era sólo una figura y sombra de las cosas celestiales, a su profeta Moisés se le dice “mira, haz todas las cosas conforme al modelo que se te ha mostrado” (He 8:5 Reina Valera 1960). En ese texto se aprecia un entendimiento simple con un propósito superior: La realidad en la que estamos es sólo una sombra de la verdad perfecta. En ese contexto, no podríamos describir en su totalidad las características de los pensamientos de Dios. El apóstol Pablo brinda una argumentación en Romanos bastante aproximada a esto; dice que mediante la creación misma se da testimonio del orden y el diseño de un Creador. Estos argumentos son entendidos por la mente humana, pero la realidad es que podemos comprender “sólo” en cierta parte el concepto de Dios, mas no podemos describirle como tal porque es un ser trascendente.
3.-La otra opción
Comprendiendo a Dios como una verdad que trasciende el puro concepto humano que se tiene de él, entonces podemos aceptar la opción que da respuesta al pensamiento de Epicuro. Dios quiere y puede eliminar el mal, la creación tuvo un principio y tendrá un final, y quizás nunca en nuestras finitas vidas podamos comprender la dirección de cada uno de sus pensamientos, pero si Dios en sí mismo supera las ideas perfectas de Platón, entonces no es racional intentar comprender por qué Dios eliminará el mal en la forma que lo hará. No es racional, entonces, medir sus características con las limitantes racionalidades del ser humano, o como lo diría Pablo en Romanos “Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así?” (Reina Valera 1960)
Por lo tanto, el humano tiene límites y en los bordes de ellos aún puede alcanzar el comprender a Dios (sin explicarlo como tal porque trasciende de la mente racional) más si él en su total verdad y perfección ha efectuado y compartido sus pensamientos mediante figuras y sombras que nos ayuden a ver un poco más de las habilidades racionales simplistas de la mente humana, de ser así, no sería racional contender con aquel que está por sobre todo lo conocido y lo aún no conocido. Así que, el Dios que trasciende el concepto mismo dado por la razón humana, no se le puede limitar a lo comprensible; queda descartado el limitarlo a conceptos meramente humanos. La opción que falta en los planteamientos de Epicuro es en la que la entidad y acciones de Dios trascienden de las constantes de todo bondadoso o todopoderoso, pero como seres de intelecto humano debemos aceptar que Dios cumple esas características sin limitarse a las mismas.

Referencias bibliográficas
  1. D Boeri, M. (s.f.). academia.edu. Recuperado el 2020, de https://www.academia.edu/1735692/Epicuro_Carta_a_Meneceo
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  4. Rosende, D. [Unboxing Philosophy]. (17 de Octubre de 2015). Platón: Teoría de las Ideas y Mito de la Caverna [Archivo de video]. Obtenido de https://www.youtube.com/watch?v=uLaqau9pfv4
  5. Snyder, Z. (Dirección). (2016). Batman vs Superman: el origen de la justicia [Película]. Strathern, P. (2015). Tomás de Aquino en 90 minutos. Madrid: Siglo XXI de España Editores, S.A. Obtenido de https://elibro.net/es/lc/ula/titulos/47577
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  7. Lan, C. E. (2000). El sol, la línea y la caverna. Ediciones Colihue SRL. González, J. La paradoja de Epicuro: Dios versus El Mal. Corporación Bogotana para el Avance de la Razón y el Laicismo (Bogotá Atea) y la Asociación de Ateos de Bogotá; 2017.
  8. Calvo, J. M. Z. (2003). El material espacial del demiurgo: la chóra en el" Timeo" de Platón.