1845 1846 Notas para la historia de Tampico en la guerra con EU

Emilio Lamadrid Sánchez*

1ª. Parte - Los antecedentes

¿Qué es la historia sino una fábula consensuada?
Napoleón

En otros países la historia sirve para unir a los ciudadanos en torno de un pasado común. En México es motivo de discordia, factor de grave desunión. Los norteamericanos honran por igual a Ulysses Grant y a Robert E. Lee, generales enemigos. Nosotros, en cambio, seguimos absurdamente divididos: hay todavía hispanistas e indigenistas; nadie puede mencionar a Iturbide, Maximiliano o Porfirio Díaz so pena de ser tachado de "reaccionario"; las pasiones de la Revolución no se han sosegado aún. Bien puede decirse que los personajes de la historia de México nunca descansan en paz. Aquí la historia no es una maestra sino, una luchadora. Hemos de ver con otros ojos el relato de nuestro pasado; interpretarlo a lo humano, de tal manera que nos lleve a la unidad. Ni héroes totales ni absolutos villanos hay en nuestra historia, sino hombres que vivieron su tiempo, tuvieron aciertos y cometieron yerros. Si somos capaces de apreciar en objetividad lo mismo a Hidalgo y a Iturbide, a Maximiliano y a Juárez, a don Porfirio y a Madero lograremos una inteligente síntesis conciliadora y llegaremos a esa unidad nacional que todavía nos falta".
Catón

 

Introducción

Desde siempre, los relatos y la misma historia de la Guerra sostenida entre México y los Estados Unidos, entre 1846 y 1847, y la ocupación del territorio nacional hasta agosto del 48, han estado envueltos en el misterio. Para la inmensa mayoría de los mexicanos, la guerracontra los gringos se reduce al combate del día 13 de septiembre en Chapultepec y a los niños héroes y, si acaso, de pasada y muy a regañadientes, a la heroica defensa de Veracruz. De ahí en fuera, tal pareciera que no ocurrió nada más.

Sin embargo, los hechos extraordinarios que rodean la guerra en sí, fueron ampliamente discutidos por los periódicos norteamericanos y, a partir de ellos, por los mexicanos; es obvio que en ambos casos, periódicos y periodistas mostraban una objetividad sesgada pero que al reportar lo que veían o leían, pintaban un cuadro amplio y legible de los sucesos. Las referencias a Tampico eran numerosas básicamente a que, por la cercanía, el tiempo de navegación permitía a los periódicos yanquis recibir los más recientes editados en Tampico y en el resto del país, además de la legión de corresponsales que por aquellos tiempos se estilaba, cualquier conocido que escribía cartas lo era, y que al parecer estaba compuesta principalmente por comerciantes y viajantes de comercio, tal vez la primera CIA estadounidense.

Entre los periódicos cuyas transcripciones relativas a esos años hemos consultado están:

El London Times, Niles' National Re -gister, Richmond Enquirer, New Orleans Daily Picayune, Brooklyn Daily Eagle, Richmond Whig and Advertiser y elMartinsburg Gazette entre otros.

Entre 1844 - 1848 los periódicos norteamericanos consultados, mencionan más de 1500 veces a Tampico.

Algunos periódicos mexicanos, como El Sol, el Gején y la Gaceta, todos de Tampico, El Veracruzano, El Siglo XIX, El Monitor, El Sol, entre otros y especialmente los mencionados en obras como México a través de los siglos, que dan una información clara de los acontecimientos nacionales.

También existen libros y lo que los yanquis llaman Efémera1, especie de folletos o panfletos relacionados con la Guerra Mexicana. Utilizaremos algunos, como Life and adventures of Col. L. A. Norton en la parte correspondiente a su estancia en Tampico, las Memorias de Ulisses S. Grant, Robert E. Lee y algunos más, así como los Efémera. Obviamente también recurriremos a libros de historia, de preferencia aquellos escritos por aquellos días o más cercanos a ellos y escritos por historiadores que, si bien no eran enemigos de México, no eran considerados como historiadores oficialistas como Don Niceto de Zamacois, español que vivió por años en México y escribió una monumental Historia de Méjico en 20 tomos, José María Roa Bárcena, con su interesantísimoRecuerdos de la Invasión Norteamericana (1846-1848) entre otros que se podrán ver en la Bibliografía al final del texto.

En el Archivo Histórico de Tampico son escasos los documentos de esos años, pero con ellos y con las referencias de periódicos norteamericanos e inglés de la época, libros de veteranos de la Guerra Mexicana y otros documentos disponibles, trataremos de conformar una imagen sistematizada de hechos y personajes que ocurrieron y evolucionaron por la joven ciudad de aquellos años. Tampico, que para el 46 tenía apenas 23 años de fundada, por su cercanía a los puertos tejanos y de la Luisiana, se convierte en una suerte de ojo del huracán, ya que las noticias que se reciben en el norte están fundadas en gran medida en las generadas en Tampico o enviadas por habitantes del puerto, corresponsales de algunos periódicos yanquis, y en los periódicos que de ésta ciudad se editan y se reciben –tanto locales como del resto del país.

Es curioso ver como en la Biblioteca Municipal de Nueva Orleáns, se encuentran periódicos mexicanos, sólo de 1845:

El Ori Zaveno (El Orizabeño) (10 de agosto)

Observador Zacatecano (4 de septiembre, 9 de noviembre)

El Mosquito Mexicano (marzo)

El Tribuno (29 de marzo, 15 de abril)

Eco del Norte Tamaulipas [varios ejemplares]

La Palanca (30 de marzo)

El Patriota Mexicano (12 de septiembre).

Obviamente, mucho es lo que hay en otras fuentes que será necesario buscar para lograr una imagen completa deTampico durante la Guerra con Estados Unidos. Los repositorios de documentosde la Universidad de Texas, y los relacionados con la ocupación y gobierno militar norteamericano de Tampico, serán una riquísima fuente de información que en el futuro nos permitirá conocer más profundamente esta época de la vida de la ciudad.

Los pródromos 2

Antecedentes de la intervención Norteamericana.

La Historia de Tampico está aún por escribirse. Especialmente la del año de 1846, desde noviembre, todo 1847 y el de 1848 hasta agosto, cuando pésimos gobiernos nacionales y grandes ambiciones de los estadounidenses, crearon las condiciones para una intervención extranjera en el país que se tradujo en la ocupación del puerto, desde el 15 de noviembre del 46 hasta el 1º. De agosto del 48, tiempo durante el cual los sucedidos del día a día, no fueron conservados, no sabemos si por consigna o simplemente por desinterés, o tal vez porque los yanquis cargaron con todo al salir, pero que si aparece en diarios norteamericanos de la época –incluso haciendo referencia al periódico del ejército de ocupación, el famoso Tampico Sentinel, que nos permite conocer sucesos, personajes y acontecimientos de aquellos días por estos lugares.

Así podemos rastrear los avatares y vaivenes de la guerra, desde sus pródromos, la independencia tejana y su posterior anexión a EU, hasta los últimos estertores del conflicto y la salida de las tropas yanquis que por 21 meses y medio ocuparon Tampico y sus goteras.

Revisaremos, traduciremos y ordenaremos cronológicamente las notas en las que se hace mención a Tampico o se refieren al puerto, aparecidas en los periódicos mencionados, agregando datos y reportes históricos de lo que sucedía en el país, que serán nuestro punto de referencia.

Cualquier parecido con el tiempo actual, es simplemente falta de memoria histórica.

Por aquellos años, Henry David Thoreau, en señal de protesta por la guerra contra México, que decía era una guerra injusta, se negó a pagar impuestos y por ello pasó una noche en la cárcel. Decía que fue la maniobra de algunos individuos que usaron al gobierno como instrumento. Debido a que los ciudadanos amantes de paz respetaban la ley, dieron su consentimiento a las decisiones gubernamentales que transformaban a los hombres en un expediente de soldados—coronel, capitán, cabo y rasos,y todos— marchando en un admirable orden atravesando montes y cañadas, rumbo a la guerra, en contra de su voluntad, ay, en contra de su sentido común y conciencias...

A pesar de su elocuencia, la protesta de Thoreau no tuvo éxito en disminuir el entusiasmo con que los ciudadanos de Illinois, Carolina del Norte y Kentucky marcharon a la guerra en contra de México.

Más tarde escribiría un clásico sobre la responsabilidad moral de los ciudadanos llamado Desobediencia Civil.

La situación de México previa a la invasión

Antes de comenzar la reseña de lo aparecido en periódicos y libros sobre la intervención militar Norteamericana y, en especial, sobre los sucesos en Tampico, es conveniente recordar la situación de México en los años precedentes a la guerra.

Hay síntomas previos a la pérdida de poco más de la mitad del territorio nacional y, peor aún, de la beligerancia de nuestros vecinos del norte.

Uno fue el político.

Desde la independencia y hasta 1846, las obras de centralistas notables como el doctor José María Luis Mora, Carlos María de Bustamante y Francisco Manuel Sánchez de Tagle, y de federalistas como Lorenzo de Zavala, sembraron, abonaron e hicieron crecer los partidos liberal y conservador.

Ello hacía que se hablara mucho de reformas a la Constitución de 1824 y de las bases para la nueva Constitución. Desde el conflicto de la fallida elección presidencial de 1828 y sus resultados, hasta la virtual desaparición de la Constitución y la primera presidencia de Santa Anna.

El 2 de octubre de 1835, la comisión a la que el Congreso había encomendado las reformas constitucionales presentó el proyecto que se convirtió en lo que se denominó: Bases para la nueva Constitución que dio fin al sistema federal y paso a la nueva ley fundamental, la que fue dividida en siete estatutos, razón por la cual a la Constitución centralista de que se trata se conoce también como Constitución de las siete leyes.

Esta situación se podría considerar como uno de los pródromos de la guerra.

El factor militar, la diferencia.

No se puede negar que en 1846, México y Estados Unidos parecían estar en igualdad de situaciones. Incluso, los ingleses que en algún momento entrenaron al ejércitomexicano y le vendían casi todo su armamento, llegaron a afirmar que México ganaría rápidamente y pondría en su lugar a su ex colonia.

México tenía una tradición militar más acendrada y sus constantes guerras civiles hablaban de una fuerza militar numerosa y preparada. Las fuerzas norteamericanas consistían en voluntarios conducidos por oficiales que, en su mayoría, la única experiencia que tenían era en batallascontra los indios.

Ante la actitud yanqui considerada como pro domo súa3,los periódicos mexicanos clamaban por la guerra, y los discursos de los políticos llevaron a los presidentes de turno a tomar una actitud belicosa negándose a negociar con Tejas primero, y con Estados Unidos después.

Según la historia oficial la Guerra se libró entre 1846 y 1847, pero su origen se remonta hasta 1836, cuando Estados Unidos dio su apoyo a la Revolución de Texas; o hasta el año 1821, cuando México ganó su independencia de España y tomó posesión de todo su enorme territorio; o a 1819 cuando España y Estados Unidos acordaron en el tratado Adams-Onís4 que el territorio de la Louisiana no se extendía hasta el Río Grande. En pocas palabras, ésta fue una guerra por un territorio que Estados Unidos deseaba —un territorio que James Polk hubiese preferido comprar pero que estuvo siempre dispuesto a pelear.

La provocación para la guerra a los ojos de Polk y del Congreso fue el ataque de tropas mexicanas a una patrulla yanqui de reconocimiento en la franja del Nueces, territorio de Tamaulipas al norte del Río Grande. El argumento de Polk, insostenible en sentido estricto, Sangre norteamericana ha sido derramada en territorio norteamericanodemandaba una respuesta militar.

A juzgar por los documentos de la época que presentaremos a lo largo de éste trabajo, la guerra fue bien acogida por la mayoría de la gente de Estados Unidos. Cuando se hizo un llamamiento a voluntarios, se hubiera podido enviar más regimientos que los requeridos y autorizados por el Congreso. La causa de la expansión territorial, el entusiasmo de los voluntarios y las victorias eran aclamados en canciones e historietas.También veremos que si bien no todo el mundo otorgaba apoyo a la guerra, la mayoría parecía convencida de que su causa era justa.Los mexicanos no creían que haber atacado a unos soldados extranjeros en tierra mexicana, tamaulipeca, para el caso,--tácitamente establecida en la oferta de compra de Estados Unidos-- fuese una afrenta o agresión. Siempre se pensó que la patria había sido invadida por el ejército norteamericano.

Desde 1823, EU apuntaba a hacerse del norte de México

El 2 de diciembre del año de 1823 —Tampico apenas cumpliría 9 meses de fundado— el Presidente de Estados Unidos, James Monroe, en su mensaje al Congreso de su país respecto a negociaciones con potencias europeas, emitió lo que se conocería como Doctrina Monroe, que en su séptimo párrafo dice: ... El principio con el que están ligados los derechos e intereses de los Estados Unidos es que el continente americano, debido a las condiciones de la libertad y la independencia que conquistó y mantiene, no puede ya ser considerado como terreno de una futura colonialización por parte de ninguna de las potencias europeas.

Pero lo que establece el anhelo de dominación y control de toda América es el párrafo 48 afirma: Pero en lo que concierne a los Gobiernos que han declarado su independencia y la han mantenido, independencia que después de gran consideración y sobre justos principios, hemos reconocido, no podríamos contemplar ninguna intervención con el propósito de oprimirlas o controlar de alguna manera su destino por parte de cualquier potencia europea, sino como la manifestación de una disposición hostil hacia Estados Unidos...

Así, es fácil entender un suceso de años antes, en 1842, cuando el Comodoro Thomas ap Catesby Jones, a quien se apodó el Comodoro del destino manifiesto, tomó el puerto de Monterrey de California, por entonces capital de aquella provincia, forzando al gobernador a rendirse, demostrando la magnitud del deseo norteamericano de apoderarse de esas tierras por medio de la conquista.

La historia es la siguiente. En septiembre de 1842, el Comodoro Catesby Jones, comandante de la flota Americana del Pacífico recibió un mensaje del Cónsul de EU en Mazatlán, que aseguraba que la guerra entre México y Estados Unidos era inminente. Jones sabía que en las cercanías se encontraban las escuadras francesa e inglesa y, aseguró que preocupado de que estuvieran ahí para hacerse de California, ya que corría el rumor de que México había concluido apenas un tratado secreto con Inglaterra en el que cedía a Su Majestad Británica las Californias, decidió, siguiendo el dictado de la Doctrina Monroe, tomar para EU California, antes de que los Europeos lo hicieran.

El 19 de octubre de 1842, Jones entró en la bahía de Monterrey y exigió la rendición. El recién nombrado Gobernador General Manuel Micheltorena no estaba ahí sino en Los Ángeles, por lo que el anterior Gobernador, Juan Bautista Alvarado se negó aceptar la exigencia del Comodoro, pero esa noche, un grupo de ciudadanos, no se sabe si encabezado por el comerciante Americano Thomas O. Larkin o simplemente actuando este como traductor, negociaron la rendición del municipio de Monterrey, no de toda California.

Para el 20 de octubre, José Ábrego y Pedro Narváez firmaron la rendición y los marinos yanquis ocuparon el puerto e izaron la bandera de las barras y las estrellas.

Al día siguiente, Jones bajó a tierra y al leer los periódicos y hablar con los residentes más prominentes, cayó en cuenta de que no había estallado ninguna guerra y que no había tal tratado con Inglaterra, por lo que explicó a Alvarado que abandonaba Monterrey. Escribió una nota a Micheltorena disculpándose, sustituyó la bandera yanqui por la mexicana, desocupó la ciudad y zarpó con sus naves.

Jones fue públicamente censurado por su gobierno y cesado de su comando de la Flota del Pacífico. Sin embargo, su carrera no sufrió merma. Había muchos personajes del gobierno Americano que pensaron que había hecho lo correcto, además de que había comprobado la vulnerabilidad de California ante cualquier potencia extranjera. Más tarde sería sometido a Corte Marcial por acusación de sus subordinados de malversación de fondos públicos, por transportar, cobrando, a 300 refugiados de la Baja California.

El gobierno Americano aseguró siempre que la toma de Monterrey de California por Jones nunca fue autorizada. Hoy en día pocos lo creen.

A principios del siglo XX, EUA ya había consolidado su Estado nacional y afirmado su destino manifiesto. Había anexado territorio mexicano, ocupado Cuba, Puerto Rico, Panamá, Filipinas, Guam y Hawai. Su hegemonía también alcanzaba a la América Central y el Caribe hispano parlante. En 1904, el entonces Presidente de los EUA, Teodoro Roosevelt emitió su Corolario aseverando que si las acciones de un país del hemisferio americano, situado en la zona de influencia de EU, amenazaba o ponía en peligro los derechos o propiedades de ciudadanos o empresas de su país, el gobierno de EU estaba obligado a intervenir en los asuntos domésticos de ese país para reordenarlo, restableciendo los derechos y el patrimonio de su ciudadanos o de sus empresas. Este Corolario transformó la Doctrina Monroe, que decía proteger a los países del Nuevo Mundo contra la intervención europea, en una doctrina de intervención norteamericana en América.

Las crisis presupuestales recurrentes.

El curso seguido por el movimiento independentista mexicano, titubea entre la noción de Imperio avanzada por Iturbide y quienes mantenían una memoria nostálgica del paternalismo colonial y un republicanismo que nadie entendía, pero que era sostenido por personajes como Zavala, Gómez Farías, Guerrero y Victoria entre otros. El debate que siguió a los primeros años de independencia, enfrentó las ideas del Constitucionalismo, el federalismo y el centralismo y produjo un sorprendente programa.

De 1812 a 1816, dice Agustín Cue Canovas en Historia Social y Económica de México, el país hubo de solicitar empréstitos para cubrir el déficit de la cuenta pública. En 1822, el ministro de Hacienda de Iturbide, confesaba no haber podido... formar un estado general de ingresos y egresos [y] descubrir los abusos de la administración... manifestando que sólo había podido descubrir la dolorosa verdad de la existencia de un déficit considerable para cubrir en su totalidad el presupuesto general.

La elite mexicana, mineros y hacendados liberados del pago del quinto real por la independencia, demostraron estar poco dispuestos a reconocer el derecho del nuevo Estado mexicano a cobrar impuestos, ya fuera sobre las ganancias, sobre la propiedad o de cualquier otra forma, dejando así, como único recurso del gobierno para hacerse de medios el impuesto al comercio exterior, por medio de las aduanas —de las que Tampico era segunda en importancia—.Las cantidades obtenidas de esta forma, ni remotamente fueron suficientes para financiar el--gasto público, convirtiéndose así en el combustible de inestabilidad política.

Un ineficiente sistema fiscal plagó las políticas de centralistas y federalistas, causa eficiente para la inestabilidad en una atmósfera política definida por la retórica ideológica y no por las necesidades fiscales. La correcta administración del presupuesto nacional ha sido fuente de dolores de cabeza para todos los gobernantes que, desde entonces, ha tenido nuestro país. Una constante nacional ha sido que el gobierno gasta más de los que tiene, excediendo los egresos a los ingresos.

El primer gobierno republicano –el de Guadalupe Victoria—, tuvo necesidad de recurrir al crédito inglés para reducir el déficit público, lo que se tradujo en una paz relativa y aparente. Los préstamos extranjeros establecieron una dependencia económica que continúa en nuestros días. Gracias a esa ficticia estabilidad financiera, el gobierno de Guadalupe Victoria transcurrió en una extraña paz en medio de la lucha ideológica, único período de tal tranquilidad en todos los años siguientes hasta la dictadura de Díaz.

Al acabarse el dinero inglés, no haberse pagado más que escasamente los intereses y continuar perpetuamente vacío el erario, provocó el resurgimiento de la lucha facciosa: federalistas y liberales, principalmente en los estados, contra centralistas y clericales en la capital del país.

El federalismo adoptado por el primer gobierno de la República, incluido en la Constitución de 1824, daba la impresión de un progreso asombroso, con sus manifestaciones de democracia, pluralismo e igualdad. Por ejemplo daba el voto al campesino indígena analfabeta, algo que no se vería en ninguna Constitución occidental sino hasta bien entrado el siglo XX.

Hay quienes han criticado la Constitución de 1824 al identificarla con una imitación extra lógica de la constitución de Estados Unidos, adoptada y aplicada en México sin tomar en cuenta el dispar desarrollo cultural. Sin embargo, la intranquilidad política del país –creemos— estuvo y está más basada en las formas económicas de la colonia Española, que condenaron a México al fracaso económico, que al haber adoptado un modelo de país erróneo.

El primer desafío de la astringencia financiera para el gobierno de Victoria, fueron las elecciones de 1829, en las que Joel Poinsett tuvo manga ancha participando en el proceso, que según los yanquis, no se ha entendido en su debida magnitud en México.

En aquel tiempo, en vez de canalizar las inclinaciones políticas a través de un partido político, los mexicanos lo hicieron por medio de logias masónicas, gracias a la concienzuda dirección de Poinsett, ayudado consciente o inconscientemente por el representante de la reina Británica, Henry George Ward, cada uno patrocinando una. Poinsett a los Yorquinos, que favorecían el federalismo y Ward a los Escoceses, que optaron por el centralismo. Pronto la rivalidad retórica pasó a los hechos: el Vice-presidente Nicolás Bravo, apoyado por los Escoceses inició una revuelta contra su jefe, el Presidente Guadalupe Victoria.

Al actuar secretamente, otro recurso usado en la colonia, las elites y la sociedad urbana rechazaron el debate abierto, haciendo nugatoria, por tanto, la esperanza de un traspaso de poderes civilizado y tranquilo. La elección presidencial de 1828 se vio así condenada al fracaso y, peor aún, estableció lo que sería la rutina durante las siguientes décadas: el ejército asumiendo un arbitraje no pedido para proteger privilegios y mantener el orden. Así, las logias perdieron todo poder de decisión, el cual pasó a manos de milicias, hombres fuertes, generales o cualquier militar que creyera tener una mejor idea para gobernar el país.

El debate nacional se enfocó en las crisis políticas, dejando de lado la crisis fiscal recurrente, aumentando el enfrentamiento faccioso y dejando para más adelante las causas reales del deterioro del país.

En medio del desorden interno y la amenaza española de reconquista, resultó electo el Secretario de Guerra de Victoria, Manuel Gómez Pedraza, conservador él, aquel que negó la aduana a los altamirenses, retrasando la fundación de Tampico por un par de años.

Una alianza de liberales encabezada por el candidato derrotado, Vicente Guerrero, quien acompañado por su paisano Juan N. Álvarez y el yucateco Lorenzo de Zavala, que invitaron a Santa Anna a participar en la asonada, solidificando así la actitud Santannista de levantarse en armas cuando no le gustaba el gobierno en turno.

Para finales de 1829, a raíz de la abortada invasión española de Tampico, el presidente Guerrero se rehusó a abandonar los poderes dictatoriales otorgados por el Congreso. Esta monopolización del poder afectó intereses muy poderosos de la elite y los grandes propietarios, lo que llevó a la conformación de una alianza, ahora de conservadores, para correr al ingenuo y un tanto corto de entendimiento Guerrero y eventualmente quitarlo de en medio por medio de un fusilamiento, similar al de Iturbide por la traición de Felipe de la Garza.

Compañero Guerrero de Iturbide en la culminación de la independencia, ahora lo sería, como víctima de la traición de José Antonio Facio y el italiano Francisco Picaluga.

Este sería el sistema político mexicano de los siguientes cuarenta años: una facción disputando el poder a la otra, recurriendo a cualquier extremo pero ambas negadas a aceptar derrotas y, sin embargo, jamás suficientemente fuertes para imponerse.

Obviamente, los yanquis, atentos a los sucesos mexicanos, no dudaron en pugnar por lograr el sueño de Monroe y demás presidentes que anhelaban que su país cubriera la América de océano a océano.

Un ejército sin armas ni equipo

Empobrecido por incesantes revoluciones, México, no podía equipar y sostener un ejército. Durante más de una década, cada presidente hizo lo mismo para llegar al poder; proclamaba que una invasión era inminente, y denunciaba al presidente en turno como incapaz de actuar.

Mariano Paredes Arrillaga llegó al poder con el mismo argumento, pero él si confrontó un ejército invasor. No tuvo otra alternativa, el 23 de Abril de 1846 declaró formalmente la guerra contra Estados Unidos.

Los conflictos coyunturales de la política interna de EU también jugaron en contra de México. Polk deseaba nombrar como Comandante General en México a un demócrata, pero los generales más calificados no solo eran miembros del partido Whig5, contrario al de Polk, sino que también eran candidatos potenciales para los siguientes períodos presidenciales. Así pues, cada decisión que tomó Polk, fue una táctica para desacreditarlos y,cuando trató de frustrarlos negociando el fin de la guerra sólo logró prolongar el conflicto un año más al permitir el retorno a México de Antonio López de Santa Anna,a quien el Congreso mexicano había desconocido el 15 de septiembre de 1844, enviándolo al exilio.Santa Anna, a pesar de derrotar tácticamente al General Taylor en La Angostura, se retiró del campo de batalla sin rematar al enemigo y cuando enfrentó al General Scott, rechazó todos los informes que no estuvieran de acuerdo con su esquema de batalla y fue derrotado en todos lados.

Santa Anna siempre creyó que lograría la victoria.

El ejército invasor era profesional, sus oficiales eran graduados de West Point especializados en todas sus ramas. Todos los que veremos ejercieron gobierno militar en Tampico, ya fuera como gobernador o alcalde, lo eran. Gracias a su expansiva economía, el gobierno les proporcionaba todo: bastimentos, armas modernas, médico y medicinas, caballos, salario y pagado puntualmente. Además, en general, los norteamericanos estaban familiarizados con el uso de las armas y una inmigración constante aseguraba voluntarios que podían ser entrenados, disciplinados y sustituidos continuamente.

En contraste, el Ejército Mexicano no había logrado profesionalizarse. Su fundación databa de finales de la Colonia, pero en realidad se había constituido durante la lucha independentista. A partir de 1821 se había conformado con hombres procedentes de los dos bandos que se habían enfrentado, españoles y criollos, liberales y conservadores, lo que lo dividía a menudo. El Ejército, que se atribuía la autoría de la Independencia y la fundación de la República, se había convertido en el principal actor político y en el árbitro de la voluntad nacional. Sus ambiciones sometieron al país a continuos desórdenes, ya que sus principales jefes se disputaron la Presidencia y los privilegios; a su vez, los esfuerzos por someter al Ejército a las autoridades civiles fracasaron ante las múltiples amenazas sufridas por el país.

Un ejército hecho sobre la marcha había perdido a sus mejores oficiales con la expulsión de los españoles y en las luchas intestinas (sobre todo durante el movimiento de 1832). Casi todos los ministros de Guerra, en especial Manuel Gómez Pedraza, José Antonio Facio y José María Tornel, habían intentado profesionalizarlo, sin lograrlo. A las diferencias ideológicas y de aspiraciones que lo dividían, se sumaban las rencillas personales. Manuel Balbontín, testigo presencial de la guerra y autor del libro La invasión americana, 1846 a 1848, ofrece el triste cuadro:

Entretenidos con las frecuentes revoluciones que se sucedían periódicamente, poco o nada se ocupaban en estudiar y preparar un sistema de defensa; la invasión sorprendió por completo al ejército, porque la mayor parte de los mexicanos no creían que tal guerra pudiese ocurrir. El estado militar de la República era deplorable; el armamento, la artillería y, en general, todo lo concerniente al Ejército, se hallaba envejecido y deteriorado por el uso, sin que en muchos años hubiese sido relevado. No existían ni arsenales, ni depósitos de ninguna clase, de manera que las pérdidas sufridas por la guerra era imposible repararlas.

A las grandes carencias del Ejército se sumaba la de servicios profesionales de intendencia y sanidad, que suplían mujeres que se-guían su marcha, no sin estorbar sus movimientos y seguramente la lucha. Ni Santa Anna podía controlarlas, pues sabemos que camino a la Angostura dio orden para que no pasaran de la Encarnación las mujeres que seguían a la tropa, pero no fue obedecido.

La escasez de habitantes dificultaba la oferta de voluntarios, pues los hombres se resistían a dejar familias y propiedades sin protección;así, los mismos soldados cansados de una batalla, enfrentaban la siguiente, y los que estaban en el norte, a marchas forzadas cruzaron enormes distancias a través de sierras, desiertos y trópico, casi sin bestias de carga, para luchar en el oriente. Esas condiciones hicieron que la voluntad del gobierno de mantener la guerra y las pruebas de heroísmo que hubo resultaran sorprendentes. En cambio, era mal evitable el cambio continuo de mando, que afectaba la moral de las tropas, enemistaba a los jefes e impedía la continuidad en los planes. Paredes había relevado a Mariano Arista del mando del Ejército del Norte por no apoyar su golpe de Estado. Sustituido por Francisco Mejía, éste no tardó en serlo por Pedro Ampudia, y cuando la situación se tornó delicada, Paredes llamó a Arista al mando, cuando éste ya se había distanciado de sus hombres y de las circunstancias.

Esta convicción costó miles de vidas. Mas de diez mil norteamericanos murieron durante los diecisiete meses de conflicto armado, más que nada de enfermedades. Las pérdidas mexicanas fueron mayores: veinticinco mil o más muertos y un gran número de heridos e inválidos.

Aunque mal vestidos, raramente pagados y muy a menudo hambrientos, mal entrenados, mal equipados y mal comandados, los soldados mexicanos presentaron una valiente pero desesperada lucha. Al final, peleaban tan sólo por el honor de morir por su patria.

Preludios de la invasión

Los pronunciamientos

El país empezó a sufrir casi inmediatamente de su independencia la enfermedad de los Planes y Pronunciamientos6, extraña forma deshacerse de Presidentes que tuvieron los mexicanos que, a lo largo de sus primeros 110 años de vida independiente, sufrieron algo así como 300 de ellos. Tampico viviría por esta causa infinidad de problemas. Entre ellos el duro juicio de Carlos María de Bustamante que afirmó en 1834 que los comerciantes de Tampico organizaban un pronunciamiento para introducir contrabando y otro para repartirlo por todo el país.

Además de nacer Tampico a la sombra de un pronunciamiento7, entre los que sufrió la ciudad están: el del 17 de marzo de 1832 del General Esteban Moctezuma que se rebeló en Tampico el 1 de Marzo de 1832, para apoyar a Santa Anna y protestar contra el presidente Bustamante por el fusilamiento de Vicente Guerrero. Fue él quien propuso crear un Estado Huasteco con Tampico como capital. Esta rebelión fue seguida por un Manifiesto del Ayuntamiento de Santa Anna de Tamaulipas, a favor de la fe católica y, obviamente, a favor del General Santa Anna, firmado por empleados federales y del estado, el Sr. Cura párroco y varios vecinos, [...] unánimes convinieron en ratificar [...] el 26 de junio de 1834 [...] Alcalde primero Francisco Becerra Id. Segundo José Silvestre Rendón.

Ese mismo año de 1832, saldría de Tampico la que se conocerá como la Expedición de Mexía que tendría como objetivo la ejecución del Plan de Veracruz contra Bustamante y la preservación de Tejas como parte de la Unión. El 29 de junio tomaría Matamoros y el 14 de julio seguiría hacia Tejas donde, después de ver que los asuntos eran satisfactorios para Santa Anna, regresaría a Tampico llegando al puerto el 28 de julio.

El 15 de noviembre de 1835, Tampico sufriría una invasión federalista apoyada por Estados Unidos y Tejas en 1835, comandada por José Antonio Mexía --ahora contra su ex jefe Santa Anna-- y George Fisher que terminaría en el naufragio de la goleta Mary Jane y el fusilamiento de 28 yanquis.

Un manifiesto y pronunciamiento de Tampico promovido por los federalistas radicales, Gómez Farías y J. A. Mexía, y proclamado por Longinos Montenegro bajo el patrocinio de los comerciantes extranjeros, aprovechando el agravamiento de la situación del bloqueo naval de Francia, el 7 de octubre de 1838.

El 19 de noviembre de 1844, el Gral. José Ignacio Gutiérrez quien fuera gobernador de Tamaulipas del 9 de Junio de 1843 al 10 de Julio de 1843 y otra vez del 21 de Agosto de 1843 al 18 de Diciembre de 1844, firmaría, otra vez en Santa Anna de Tamaulipas un manifiesto --a título personal-- en el que se lanza encontra del Departamento de Jalisco y del General Paredes. En él refiere que parecía que en los últimos meses se habían acabado los partidos que por tanto tiempo han sacrificado a la nación y que, en medio de la paz y el orden, todos pensaban en los grandes intereses de la República vinculados al éxito de la campaña de Tejas; y concluye con un lapidario Es tiempo ya de que los mentidos patriotas no hagan del pueblo mexicano una víctima de escárnio. ¡Algún día hemos de tener un gobierno que nos modere, nos corrija nos haga justos, civilizados y verdaderamente libres!

Esto es sin tomar en cuenta los pronunciamientos proclamados en tierras de Tamaulipas que llevarían a una docena larga el número y que llevarían al país a la inevitable intervención yanqui y perder la mitad del territorio.

Los federalistas no cejaban en su empeño.

Desde su independencia de España, México se convirtió en una arena sobre la que republicanos y monarquistas, o jacobinos y clericales, luchaban por lograr el control absoluto de la otra facción. Tanto fue así, que aún ante un enemigo de la patria, los mexicanos no dejaron las inquinas8internas para unirse contra el enemigo, como sucedió en 1838 en ocasión de la Guerra de los pasteles.

Lo mismo volvió a suceder en el mandato presidencial de José Joaquín Herrera. Los federalistas, que insistían en derrocar el sistema centralista, no se detuvieron a la vista del conflicto con Estados Unidos y, según afirmaciones de la época, muchos estaban por la anexión a EU no solo de California, Nuevo México y Texas, sino de todo el país.

En junio de 1845, los gobernantes de Puebla y Tabasco, y el Comandante militar de esta última, se pronunciaron por el restablecimiento de la Constitución federal de 1824; poco después, Yucatán hizo lo mismo. El síntoma de revolución era patrocinado por Valentín Gómez Farías. El 23 de julio de 1845, el Departamento de Zacatecas envió una iniciativa al Congreso general, en la que pedía mandara restablecer en el acto la Constitución de 1824, con un añadido a la solicitud: un dictamen en el que se buscaba probar que Zacatecas no podía prosperar sino en el sistema federal. Muestra evidente de cuan revuelto estaba el país era la inestabilidad en el mando. Tanto el legislativo como el ejecutivo estaban al garete. La situación política de aquellos funestos años, cuando el ejército invasor Norteamericano estaba en suelo nacional no podía ser peor. Entre diciembre del 44 y mayo del 48, 29 meses escasos, 10 presidentes pasaron por la silla embrujada, que decía Zapata.

Tejas y el sistema de empresarios

Otra causa eficiente para la pérdida de Tejas, fue la indiferencia, el desinterés y la enorme cantidad de errores que las autoridades coloniales españolas cometieron respecto al norte de la Nueva España. El retraso en la población de tales territorios, que por carecer de riqueza minera no fueron aliciente para españoles, criollos y mestizos, aunado a la falta de presencia militar y la indefinición de límites de los territorios reclamados, aunque no poblados, con Francia e Inglaterra, primero, y después con los Estados Unidos, fueron caldo de cultivo para el desenlace de 1836.

Otro factor que ayudó fue la expulsión de los Jesuitas en el XVIII y después a principios de la vida independiente de México, la de los religiosos de origen Español, que, con las Misiones, eran prácticamente el único soporte de las escasas poblaciones en California, Nuevo México y Tejas, además de la abolición de la esclavitud decretada en 1830, no tanto con una intención humanitaria, sino para limitar el ingreso de norteamericanos a Tejas, que ya en ese momento era incontenible.

Obviamente, también tiene lugar primordial en el desenlace, la política expansionista del gobierno Norteamericano, plasmada en el Destino manifiesto monroiano.

Ante la invitación hecha por España para poblar los vacíos territorios del norte de la Nueva España, Moisés Austin en forma al parecer inocua, pidió en 1820 al Virrey Apodaca permiso para establecerse en Texas con trescientas familias. Independizado México de España, establecida la república y muerto Moisés, su hijo Esteban Austin, logró que se ratificara el permiso y obtuvo otro para establecer quinientas familias más. Miguel Ramos Arizpe dejó entrar a todos los que quisieran, los exentó de impuestos y pago de derechos aduanales y ni siquiera puso tope a la extensión de las tierras por ocupar.

Stephen Austin viajó a la ciudad de México en 1833 llevando un planteamiento al gobierno central: La conformación del Estado de Texas, dentro de la confederación mexicana, pero independiente del de Coahuila. Austin no obtuvo el reconocimiento a este planteamiento bajo el argumento de que Texas no contaba con los requisitos constitucionales para convertirse en Estado. Sin embargo logró que se derogara la ley que prohibía la entrada de colonos norteamericanos a Texas. Insatisfecho con la decisión del gobierno, en octubre de 1833 Austin dirigió una carta al ayuntamiento de San Antonio de Béxar donde recomendaba el establecimiento de un gobierno local e independiente del gobierno federal. La carta fue interceptada y Austin acusado de traición y, cuando regresaba a Tejas a principios de 1834, fue aprehendido y llevado desde Saltillo a la capital mexicana, donde permaneció en prisión durante casi un año.

Este fue otro de los gérmenes de la revolución tejana.

Austin escribió en su diario:

El 3 (de enero) fui arrestado por el General Lemus, por órdenes del Secretario de Guerra de fecha 21 de diciembre. El Gral. Me trató con la mayor atención y delicadamente, por lo cual le estoy y estaré siempre agradecido.

El 4 dejamos Saltillo... el 13 en México fui encarcelado en la Inquisición, metido en el calabozo 15, oscuro y se me prohibió comunicarme con nadie.

14 de feb. 1834.- Oí los cañonazos disparados a intervalos todo el día, como honores funerarios a Guerrero que fue fusilado el 14 de feb de 1831.

15 La visita a la prisión hoy.- se me permitió caminar con un centinela en un patio, solo, para hacer ejercicio.- Solicité libros, pero no se me permitirá tener ninguno.-

En el Calabozo No. 15 Ex inquisición 18 de feb. 1834.

El teniente coronel José María Bermuda (sic) me notificó que mi juez y defensor han sido nombrados. Él vive en la calle Santa Inés No. 1.

19 el abogado vino para que firmara un acta.

20.- A fin de entender los asuntos de Texas, y explicarlos perfectamente, sólo es necesario averiguar unos cuantos puntos muy simples.

1º. ¿Cuál es medio más eficaz de mover e influir en los actos de la humanidad?.- Es el interés.

2º. ¿Es o no cierto, que Texas tiene interés de separarse aún cuando estuviera en posibilidad de hacerlo? No, ciertamente no es así.

¿Es o no cierto, que los Estados Unidos del Norte quieren adquirir Texas? No, no es así, porque llevaría a extender demasiado su territorio y lo que es peor, anexaría un distrito muy grande, que no tendría intereses comunes con el resto de la República. Todos los ríos de Texas son alimentados en la propia Texas, a muy poca distancia entre ellos, y no entran a territorios en el norte, como para crear enlaces de unión, como hace el río Mississippi con Luisiana y otros estados adyacentes. No hay mercado en el norte para los productos tejanos, y sin embargo si los hay en México. Texas está más lejos de la ciudad de Washington que lo está de la ciudad de México.- Por cuanto hace al comercio con Europa, la bandera mexicana es igual a la del norte.- ¿Cuál es, entonces, el interés de Texas? Es tener un gobierno local que cemente y refuerce su unión con México, antes debilitarla o romperla. Lo que Texas quiere es organizar un gobierno local y es poco importante si es parte de Coahuila o como estado o territorio aparte, siempre y cuando se organice adecuadamente.

Actualmente Texas adolece en las siguientes áreas:

1º. Justicia;

2º. Colonización;

3º. Indios;

4º. Política y mejoras internas, en casi todos los departamentos.

Más adelante, después de expresar sus quejas por las condiciones de su prisión, el horrible castigo de estar confinado en solitario y la lentitud de la justicia, asegura que:

... me he precipitado un poco, pero mis intenciones eran puras y correctas.- Yo deseaba reforzar la unión entre Texas y México y promover el bienestar y el progreso de mi patria adoptiva, poblando las fronteras norte y oriente. He sido impaciente y he estado entrampado.

Ya sabemos cual fue el resultado del intento del gobierno de reducir a la obediencia a Tejas, el ejército Mexicano al mando de Santa Ana, fue derrotado por Samuel Houston el 21 de abril de 1836 en la batalla de San Jacinto. El 14 de mayo de 1836 Santa Ana fue obligado a reconocer la independencia deTexas en los Tratados de Velasco.

El Estado de la estrella solitaria amplía su territorio a expensas del de Tamaulipas

Texas, pues, con el apoyo del gobierno de los Estados Unidos, se declaró nación soberana e independiente, colocando una sola estrella en su bandera, y se llamó El Estado de la estrella solitaria. El 1º, de octubre siguiente, Sam Houston fue elegido presidente de la república de Texas, y el 16 de noviembre nombró a William H. Wharton, Ministro de Texas ante el gobierno de Washington para negociar la anexión a los Estados Unidos. El 19 de diciembre de 1836, expidió un decreto, extendiendo los límites de Texas hasta el río Bravo.

Aunque parezca paradójico, mientras la nueva República era muy débil para defenderse, tenía grandes posibilidades de agresión y la situación prevaleciente en México era por demás atractiva. Existía un fuerte sentimiento federalista en los estados norteños, que se manifestaba en guerras civiles. En 1839, los Federalistas del norte de México intentaron establecer relaciones cordiales con Texas, y algunos de ellos pronto proclamarían una República del Río Grande de corta existencia.

En abril de 1841, el The New Orleans Courier, decía que las noticias desde Tampico y Matamoros indicaban que todo el norte de México se separaría del país; y, a mediados de año, el New Orleans Commercial Bulletin recalcaba:No sería sorprendente si en poco tiempo la liga tejana incluyera todos los estados entre el (Río) del Norte y el Golfo de California...

En 1844 El diario National Register daba a conocer que el plan de secesión había sido madurado por muchos líderes de Tamaulipas, Chihuahua, Coahuila, Sonora y California, para formar una unión con Texas. De acuerdo a lo reportado por el New Orleans Picayune, esta información se aseguraba emanar de la mejor de las fuentes.

El Ministro Británico en Texas, que conocía el sur bastante bien, dijo que... en caso de que Houston eleve su voz en pro de la guerra, será seguido al cabo de seis meses por 20,000 (voluntarios) fusileros de los Estados (Unidos)...Para resumir, entonces, México, particularmente las porciones más remotas, que han estado cayendo constantemente en el caos desde los tiempos de su primer presidente... y el país parecía ir rápidamente a la ruina; mientras cerca había gente no sólo calificada para conquistar y gobernar, sino capaz de atraer bajo sus estandartes a incontables jóvenes europeos y de los estados sureños (de EU) ambiciosos y emprendedores.

El gobierno Británico predijo dos años después que (Tejas) estaba destinada a estar sobre poblada y a ser poderosa.

Las gestiones de Joel Robert Poinsett: la amenaza del imperialismo

Pero eso no era todo. Alguien había querido comprar Tejas desde mucho antes y, para ello, vino a México en dos ocasiones, como turista en 1822 y en 1825 como Ministro de EU. El personaje era Joel Roberts Poinsett y su influencia se extiende por más de dos décadas hasta desembocar en la primera guerra de intervención yanqui de la que salió el germen del nuevo Imperium.

Joel R. Poinsett nació en Charleston, hijo de hugonotes franceses y llegó a México por primera vez el 18 de octubre de 1822, en supuesto viaje de placer, aunque también para investigar las posibilidades de crecimiento hacia el sur del territorio estadounidense. Bastaron a Poinsett unos cuantos días para percatarse de la situación política del país:

el 31 de octubre se enteró de la disolución del Congreso Constituyente, el 1 de noviembre supo del ataque de la guarnición apostada en el castillo de San Juan de Ulúa contra las tropas de Veracruz y al día siguiente conoció la instalación de una Junta Nacional Instituyente; el 3, sostuvo una entrevista con Iturbide.

El 2 de noviembre, Poinsett acudió al convento de Santo Domingo, donde estaban presos, entre otros, los diputados José María Fagoaga y José Joaquín Herrera, quienes ha bían sido detenidos bajo la acusación de conspirar contra el emperador.

Preocupado por el ascendiente de Inglaterra sobre los gobernantes de México, Poinsett se dedicó a contrarrestar esa influencia con buenas y malas artes, y a preparar el camino de la separación de Texas.

El emperador recibió al taimado estadounidense, quien en media hora, con una audacia fundada quizá en la fragilidad que veía en el gobierno, de acuerdo con las observaciones que había hecho durante losdías previos, le expuso las aspiraciones de su país de adquirir las provincias de Texas y Nuevo México, partes de Nuevo León, de Coahuila, de Sonora y la Alta y la Baja California completas. Iturbide lo escuchó, pero no le dio respuesta sino por medio de su consejero de Estado, quien le hizo saber a Poinsett que todo estaba dicho en el tratado de límites de 1819.

Poinsett, fue invitado a dejar México en 1823, tal como había sido llamado de otros países de ibero América, debido a su indiscreto apoyo a los revolucionarios locales.

El oficioso representante de los Estados Unidos, sin embargo, no se dio por vencido y, en 1825, regresó a México con el nombramiento de ministro plenipotenciario y enviado extraordinario de su país para fraguar las condiciones en que los territorios del norte formarían parte de la geografía de la Unión Americana. Y en 1830 el gobierno mexicano, solicitó a su gobierno su remoción.

En la ciudad de Charleston, S. C., tierra natal del mencionado Joel Roberts Poinsett, el 11 de abril de 1833, apareció un panfleto -–Ephemera lo llamaban— del que tomamos lo conducente para mostrar la diversa visión de los hechos:

En la época de la Revolución de la Acordada, que compelió al Congreso de México a anular la elección de (Manuel Gómez) Pedraza y a poner a Guerrero en la silla Presidencial, la ciudad fue tomada por asalto y el ejército de Guerrero atacaron y saquearon las casas de españoles peninsulares, quienes son peculiarmente odiosos para los nativos mexicanos. Muchas de estas personas se habían refugiado en la casa del Embajador Americano, y se informó a la soldadesca, que ahí se habían asilado sus enemigos. Los soldados corrieron para atacar la casa y hubieran masacrado atodos los que estaban entre sus muros. En ese instante, cuando centenares de mosquetes apuntaban a las ventanas, el Sr. Poinsett, con su secretario de la Legación, el Sr. John Mason Jr. se presentaron en un balcón que dominaba la calle donde se hallaba la multitud, y desplegando la bandera de las barras y las estrellas, exigieron que todos los que estaban en la casa fueran protegidos en tanto que la bandera ondeara sobre ellos. La escena cambió como por encanto; y los mismos hombres que habían estado a punto de atacar victorearon el lábaro de la Unión, y colocaron centinelas para defenderlo contra cualquier ultraje.

La historia del mundo no tiene ningún paralelo a esta escena: y su belleza y grandeza moral debe ser igualmente preservada en las páginas del historiador y los lienzos de los pintores. Por lo tanto, se propone iniciar una colecta para juntar una suma suficiente para que este ilustre triunfo de nuestra bandera nacional sea representado en una pintura y posteriormente sea grabado. El lienzo será entregado a alguna institución del estado (Carolina del Norte) o de los Estados Unidos.

Las particularidades ocurridas al desplegar la bandera de Estados Unidos en México, proporcionan material suficiente para una espléndida pintura nacional. Los entusiasmos sectoriales, existentes actualmente entre los Estados, están obliterando los sentimientos nacionales. Estos deben renacer y las artes son poderosas en su acción y duraderas en su influencia. Debemos tener Pinturas Nacionales, Cantos Nacionales, Celebraciones Nacionales, para excitar y perpetuar el entusiasmo Nacional. Aunque se hace imposible estimar el valor de la Unión, la mano de un Maestro puede exhibirlo a la mirada superficial, que la protección Nacional, que, tal como la presión atmosférica, a pesar de su omnipresencia y poderío, no se ve ni se siente. La Bandera de cada país es su emblema. Debe provocar respeto afuera y adoración en casa. El hombre que no ama y reverencia la bandera de su Patria, está listo para violar sus leyes y destruir sus instituciones. El ver, entonces, como la Bandera de las barras y las estrellas intimidaba a una soldadesca enfurecida e ilegal en el extranjero, y protege de la violencia revolucionaria a unos sujetos, objeto de odio político—permite mostrar a los ojos de nuestros compatriotas y, particularmente, a las nuevas generaciones, la invisible pero elevada protección moral que proporciona un gran pueblo unido. Sin embargo, el objetivo fundamental de tener esta escena grabada, es que la Bandera de nuestra Patria esté en toda casa, en toda cabaña, en toda choza más allá de las montañas; que nuestros hijos aprendan aún antes de aprender a leer a amar y reverenciar el emblema del poder de nuestra patria, y se den cuenta que es su guardián y protector, no sólo en su suelo nativo, sino también en el extranjero.

He aquí como se las gastaban ya los yanquis.

Balance final de este período.

Así vio Niceto de Zamacois la situación de México en ese período:

El estado a que había llegado el país por las continuas revoluciones y por la falta de una buena administración en los gobiernos anteriores, excepto el de 1830 a 1832 (cuando fue Presidente Anastasio Bustamante) era verdaderamente lamentable.

Los pueblos habitados por humildes indios habían menguado mucho en el número de sus vecinos, porque de ellos se habían sacado por la fuerza, millares de hombres para formar los ejércitos, arrancando esos brazos a la agricultura; el comercio se hallaba abatido por las grandes cantidades exigidas por los gobiernos en los préstamos forzosos, sin protección la industria, inseguros los caminos, desarrollada la ‘empleomanía’ de una manera alarmante, desacreditadas las autoridades, sin fe política los pueblos, asoladas las rancherías de las Provincias limítrofes, por las frecuentes irrupciones de las tribus salvajes y amenazado Nuevo México por las expediciones que salían de los Estados Unidos.

La sociedad ha sido víctima de las guerras civiles; pero esas guerras no las ha promovido ella, sino unos cuantos hombres, que dueños de la fuerza, has disputado entre sí los puestos públicos y el mando. La mitad de la población pertenece a la raza india y es en extremo pacífica; vive completamente ajena a la política; ella ignora que sistemas son los que han regido anteriormente, cual es el que rige y no se ocupa del que va a regir en lo sucesivo. Esa clase no se mueve de sus pueblos, los arrancan de ellos por la fuerza los revolucionarios o el gobierno; no es la autora de ningún motín sino la víctima de todos los motines, hechos por la ambición de algunos hombres de raza blanca o mestiza.

Los hacendados, los comerciantes, los propietarios, los industriales, todos los hombres laboriosos de la sociedad, anhelan aun más la paz, pues sobre ellos pesan, en cada convulsión política, los préstamos y los impuestos, ya sea de los que hacen la rebelión o del gobierno. Y para colmo, el coloso del Norte, el gobierno de los Estados Unidos, se aprestaba a declarar la guerra.

Citas Bibliográficas

1.Del gr. efimeroi, efímero. 1. adj. V. fiebre efémera. Ú. t. c. s.

2.Del latín prodromus, y este del griego prodromoi, que precede. 1. m. Malestar que precede a una enfermedad.

3.Expresión latina. Título de un discurso de Cicerón, que ahora se usa para significar el modo egoísta con que obra alguno.

4.Tratado de Adams-Onis, también llamado Tratado Transcontinental de 1819, fue resultado de la negociación entre España y Estados Unidos para fijar el lindero entre la nación norteamericana y el entonces virreinato de la Nueva España. Luis Onis fungió como representante de la Corona española y por los estadounidenses John Quincy Adams. La negociación se inició en 1819 y aunque se firmó en ese mismo año fue ratificado hasta el 22 de febrero de 1821 por ambas partes. La frontera se fijó más allá del río Sabina y Arkansas hasta el paralelo 42°, por lo que España perdió sus posesiones más allá de esa latitud como es el caso del Oregon, también perdió Florida, Louisiana y la posibilidad de navegar el río Mississippí. Así México, conservaría Texas, Nuevo México y la Alta California, pero perdería Utah y Arkansas. El tratado fue ratificado en 1832 por México y Estados Unidos. La frontera quedó fijada de esta manera hasta 1848 cuando por la invasión estadounidense, México perdería esos estados. Por resultado la frontera mexico-americana quedó fijada por el curso del Río Bravo.

5.El Whig fue un partido político que existió durante el siglo XIX en los Estados Unidos. Fue creado para servir de oposición a las políticas de Andrew Jackson y se denominó Whig por analogía a los Whig británicos, que se habían opuesto al poder real durante la Restauración inglesa. Los Whigs, del Norte y del Sur, estaban fuertemente opuestos a la guerra Mexicano-Americana, la cual muchos (incluyendo a Abraham Lincoln) consideraron siempre una apropiación injusta de territorio. En 1848 los Whigs, eligieron como candidato a Zachary Taylor, héroe de la guerra Mexico-Americana. Taylor triunfó sobre el demócrata Lewis Cass y el candidato del partido anti-esclavista Tierra Libre.

6. 1. m. Alzamiento militar contra el gobierno, promovido por un jefe del ejército u otro caudillo; de pronunciar, cuya 4ª. Acepción, [tr.]fig. Sublevar, levantar, rebelar. Ú. m. c. prnl. 6. prnl. Declararse o mostrarse a favor o en contra de alguien o de algo.

7. Santa Anna pasó por Altamira en dirección de San Luis Potosí, a raíz del Plan de Veracruz del 6 de diciembre de 1822.

8. Inquina: acaso derivada del cultismo inquinar. 1. f. Aversión, mala voluntad./ Inquinar: del latín inquinare. 1. tr. Manchar, contagiar. Ú. t. c. prnl.

 

 

Bibliografía

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Recuerdos de la invasión norteamericana (1846 – 1848) Tomos I, II, y III, Editorial Porrua, S. A. México, 1947.

Norton, Lewis Adelbert , Life and adventures of Col.L.A.Norton.Written by himself.Oakland,Cal.,Pacific Press Publishing

From the Golden Gate to Mexico City: the U.S. Army Topographical Engineers in the Mexican War, 1846-1848 / by Adrian George Traas. p. cm. - (CMH pub; 70-10) Includes bibliographical references and index. E409.2T73 1992 973.6'24-dc2091-45500CIP First Printing

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* Con estudios de la Facultad de Medicina en la UNAM, Investigador de Proyectos Especiales en el IEST, Diplomados en Econometría; Historia de las ideas políticas; Historia Genética mexicana: Centro de Estudios Económicos, Políticos y Sociales del Sector Privado.