Acotaciones sobre el tema de la línea de investigación: “La Ideología del Género en el Derecho Mexicano”

José Luis Villaseñor Dávalos *

Se dedicará este capítulo a explicar el contenido y significado de las palabras que vinculadas unas con otras dan razón del tema elegido para la presente línea de investigación.
1. Ideología y Filosofía.- En Filosofía, el término ideología, inicialmente fue utilizado por el creador de tal término, Destutt de Tracy(1754-1836) para designar la ciencia de las ideas, para el cual significaba, una rama de la filosofía que trata de estudiar el origen, la naturaleza, el significado, el contenido y validez de las ideas. Con Feuerbach, ideología tiene la misma acepción que la de Destutt, pero cuando aplica a la filosofía de la religión, reduce ésta a la antropología y, en consecuencia, la ideología de Dios, no será otra cosa que la naturaleza humana alienada. Con estas ideas Marx, elabora “su” ideología con base económica o modo de producción, la cual es fuente determinante de las ideas, así como el factor que da sentido y explica su contenido(3). Si Napoleón Bonaparte maldecía de la ideología, era porque entendía por ella, el sueño que no descansa en nada real, ni llega a nada práctico(4); pero quienes le dieron sus connotaciones actuales fueron  Marx y Engels, los cuales la entendieron como un tipo especial de conciencia falsa determinada por las relaciones sociales y no la aplicaron al conocimiento verdadero sino sólo  a una forma de error socialmente condicionada.

1.2.Las ideologías en México.- Antonio Caso(9) clasifica las ideologías que han tenido vigencia en México en dos grandes categorías, las ideologías constructoras y las destructoras. Todas ellas han tenido como denominador común, la imitación irreflexiva de teorías o ideologías sociales y políticas tanto de Europa como de USA y el autor citado nos conmina a no seguir asimilando “los atributos de otras vidas ajenas porque nuestra miseria contemporánea, nuestras revoluciones inveteradas, nuestra amargura trágica, son los frutos acerbos de la invitación irreflexiva pues imitar sin cordura es el peor de los sofismas que se convierte en crimen social”(10).
       El mismo Caso, considera al Catolicismo como la primera “ideología” constructora, pues la Iglesia en México curó las heridas de los oprimidos; proveyó a la subsistencia de los débiles; evangelizó, educó, civilizó, cumpliendo con su noble misión cristiana. Luego, el jacobinismo derribó el altar como la independencia al trono español en América, y nuestra Carta Magna expone desde hace ya más de un siglo, el dogma del jacobinismo militante y triunfante: “ laico es y será el Estado Mexicano”. Esta ideología destructora se incorporó para siempre, como canon del Derecho público nacional, merced a los
constituyentes de 1857 en el organismo jurídico patrio. Al jacobinismo siguió el positivismo, nueva ideología constructora que nos desposó con la ciencia, pero sin más metafísica disolvente, sino ciencia como verdad y luz. México quería una tesis política inalterable, pero con la Revolución, aquella ideología constructora se desvaneció(11).
En cuanto al último episodio de la imitación de las ideologías sociales y políticas de Europa en nuestro ambiente nacional, encontramos al socialismo o bolcheviquismo, que si bien para A. Caso(12), es teóricamente plausible, es una verdad indudable; pero su aplicación a nuestro medio histórico y orgánico no ha traído más que destrucción, tropezando con tantos obstáculos o más como halló la democracia en el siglo XIX, en cuanto que al igual que las anteriores ideologías destructoras, no nacieron de las entrañas de la Patria; sino que proceden de la evolución de la conciencia europea y han irradiado de allí hasta nosotros.
            Queda por añadir a tales ideologías, la que corresponde a la última de las tres etapas que Salvador Borrego(13) atribuye a la Revolución Mexicana iniciada en 1910, etapa que constituye el Neolilberalismo, el cual se inicia en México a mediados del período presidencial del Lic. Miguel de la Madrid y que se agudiza durante el periodo de Salinas de Gortari que en 1988, al arribar al poder, canceló el Nacionalismo Revolucionario, mejor conocido como Revolución Mexicana, y en su lugar surgiría el Neoliberalismo.
            Esta “novísima” ideología procede naturalmente del liberalismo, “agradable término porque supone libertad”, sin embargo, su verdadera esencia ha sido bien disimulada para no alarmar, ya que es la misma de la Revolución Francesa. Específicamente se le atribuye, entre otros “méritos”, el carecer de cauces morales en el uso de la libertad, de la cual pueden nacer los mayores bienes pero también los mayores males. Es precisamente en el marco del Neoliberalismo donde encontrará un marco idóneo e inmejorable apoyo la ideología del género(13).
2.- El Género y su diversidad de significados.- El término género en su acepción original, indica el conjunto de seres que tienen uno o varios caracteres comunes; y, gramaticalmente hace alusión a la clase a la que pertenece un nombre sustantivo o un pronombre por el hecho de concertar con él una forma y, generalmente sólo una flexión del adjetivo y del pronombre. En las lenguas indoeuropeas esas formas son tres en determinados adjetivos y pronombres: masculino, femenino y neutro(14). En relación al sexo y también desde el punto de vista gramatical, se dice que es un accidente gramatical que sirve para indicar el sexo de las personas o de los animales y el que se atribuye a las cosas, o bien para indicar que no se les atribuye ninguno. Así, en el caso del género masculino, es el nombre que significa varón o macho, y el del que, no expresando sexo alguno, se considera comprendido en éste mismo género por su determinación, por su etimología o por el uso, v. Gr.: hombre, caballo, árbol, dictamen(15).
El Webster’s Dictonary(16) tiene la siguiente definición de género(gender): “the fact or condiction of being a male or female human being. Esp. With regard to how this affects or determines a person’s self-image, social status, goals, etc.”
            Algunos representantes de la teoría filosófica del género, conciben a éste como una construcción cultural. Es decir, se rechaza intencionalmente el término sexo y se le sustituye por género, precisamente para dejar de lado toda connotación biológica. Con ello pretenden evitar los esencialismos, tanto los biológicos como los metafísicos, en la caracterización de las categorías de femenino y masculino(17). Todo esto ha constituido, desde hace ya varios años, la muy difundida “perspectiva del género” la cual, al hacer referencia al término género quiere decir: “roles socialmente construidos”.
Esa “nueva perspectiva” fue promovida intensamente en la IV Conferencia Mundial de la ONU sobre la Mujer, para lanzar una fuerte campaña de persuasión y difusión. Desde 1995, tal nueva perspectiva se ha filtrado en diversos ámbitos no únicamente de países industrializados sino también en países en vías de desarrollo. Muchos de los delegados de los países participantes en la Cumbre de Pekín que desconocían tal perspectiva, solicitaron una clara definición para terminar con la confusión que generaba tal término. Entonces, la directiva de la Conferencia de la ONU emitió la siguiente definición: “El Género se refiere a las relaciones entre hombres y mujeres basadas en roles definidos socialmente que se asignan a uno y a otro sexo”. Ante la carencia de claridad de la anterior noción, los delegados provenientes de países católicos y de la Santa Sede solicitaron una mejor explicación sobre dicho término, por cuanto podría encubrir una agenda inaceptable que incluyera la tolerancia de orientaciones e identidades homosexuales. Fue entonces que Bella Abzug, exdiputada del Congreso de USA intervino para completar la novedosa interpretación del término género, expresando: “ El sentido del término género ha evolucionado, diferenciándose de la palabra sexo para expresar la realidad de que la situación y los roles de la mujer y del hombre son construcciones sociales sujetas a cambio”(18).
            Los “partidarios de la perspectiva de género” propusieron algo más temerario, es decir, no existe un hombre natural o una mujer natural, pues no hay conjunción de características o de una conducta exclusiva de un solo sexo, ni siquiera en la vida psíquica. Así, la inexistencia de una esencia femenina o masculina nos permite rechazar la supuesta superioridad de uno u otro sexo y cuestionar en lo posible si existe una forma natural de sexualidad humana. Así, en la bibliografía del Curso denominado “Re-imagen del Género”, impartido en  algunos Colleges norteamericanos, se encuentra otra afirmación que expresa: “La teoría feminista, ya no puede darse el lujo simplemente de vocear una tolerancia del lesbianismo como estilo alterno de vida o hacer alusión de muestra a las lesbianas. Se ha rechazado una crítica feminista de la orientación heterosexual obligatoria de la mujer”(19).
Lo anterior trae como consecuencia que hombres y mujeres heterosexuales, los homosexuales y las lesbianas así como los bisexuales sean simplemente modos de comportamiento sexual producto de la elección de cada persona; libertad que todas los demás deben respetar so pena de laico anatema. Así, por ejemplo, para la feminista de género canadiense Rebbeca J. Cook, existirían cinco sexos y no dos(20).

 

2.1.- Los feminismos de género y equidad.- El término “feministas del género” fue elaborado por Christina Hott. Sommers en su libro “Who Stole Feminism?”,  con el objetivo de diferenciar el feminismo de ideología radical, surgido hacia fines de los 60’s, del anterior movimiento feminista de equidad. Aquí las palabras de Hott. Sommers:

 2.1.1.- Crítica reflexiva al feminismo.- Considerando las anteriores propuestas de la perspectiva de género así como de los feminismos que derivan de aquella, podemos decir que tales propuestas no pueden ser más demoledoras por cuanto que toda la moral queda librada a la decisión del individuo y desaparece la diferencia entre lo permitido y lo prohibido en esta materia. El peligro más grave que encierra el discurso de género, es lo taimado de su penetración, pues sus proponentes o partidarios usan sistemáticamente un lenguaje equívoco para poder infiltrarse en el ambiente, habituando a la opinión pública a pensar como ellos(22).
            Las feministas en general y los de género en particular pretenden resolver tal problema, sin considerar los datos antropológicos y lo más grave, ignoran la propia fisiología de cada sexo. Y como dice A. Caso(23), de allí procede que muchos reivindicadores sociales pretenden equiparar ambos sexos en los distintos aspectos sociales y políticos de la cultura contemporánea. Así pues, en contra de la llamada “reivindicación de los derechos naturales de la mujer”, están las elucubraciones que A. Carrel puntualiza con su excepcional competencia científica: “Las glándulas sexuales no son sólo asiento de la perpetuación de la especie... los testículos y los ovarios desempeñan funciones muy amplias, porque elaboran sustancias que, al derramarse en la sangre, imprimen a los tejidos, a los órganos y a la conciencia, los caracteres viriles o femeninos...” La ignorancia de tales hechos fundamentales es la razón que condujo a los feministas a la idea de que ambos sexos pueden tener la misma educación, las propias ocupaciones, idénticos poderes y responsabilidades. La ignorancia de tales hechos fundamentales es la razón que condujo a los feministas a la idea de que ambos sexos pueden tener la misma educación, las propias ocupaciones, idénticos poderes y responsabilidades. La ignorancia de las leyes fisiológicas, engendra concomitantemente, la nefasta ilusión de equiparar el sistema nervioso de la mujer al del hombre. Pero la diferencia sexual nos advierte que su trascendencia se extiende a toda la actividad del sujeto. Por esto, no es posible acceder a las teorías contemporáneas que producen la decadencia de la cultura, al pretender otorgar a la mujer prerrogativas opuestas a la majestad de su acción en los destinos de la humanidad.
            Continua diciendo A. Caso: Desviado el ser femenino del cumplimiento de su cometido esencial, se producen dos resultados opuestos: primero, impedir que la mujer sea madre, pues en el acto generacional la mujer es el elemento fundamental; y, segundo, sin el desarrollo orgánico relativo, no puede ya constituirse en la colaboradora esencial de la vida superior humana(24). Por último, de ninguna manera puede ser vital una quimera que desbarata los fundamentos biológicos de la civilización. La verdadera síntesis humana no puede desconocer ni menospreciar los datos en que ha de fundamentarse. La antropología científica y filosófica es más profunda que las absurdas palingenesias sociales(25).

 

 

3.- Derechos Humanos e ideología.- Esta locución: “Derechos humanos”, se utiliza hoy casi para cualquier cosa. Igualmente se usa tanto para designar el derecho a la vida como para indicar el “derecho de los padres a determinar el sexo o las cualidades físicas de sus futuros hijos”, así como también, sea para establecer el derecho a la libertad de las personas, sea para justificar los derechos de los homosexuales a contraer matrimonio y a adoptar niños, convirtiendo tal locución en parte de una ideología, bajo la cual se pretenden justificar intereses que nada tienen que ver con los “derechos humanos”(27).
            La fundamentación de los derechos humanos es una labor que es posible haga distinguir lo que hay de objetividad en ellos de lo que es la ideología y, si son coherentes, aquellos que defienden la tesis del consenso, tendrán estos que aceptar que tanto los derechos humanos como la dignidad de la persona –sustento de tales derechos-, son una ideología: “algo apetecible subjetivamente e igualmente valioso subjetivamente pero no universalmente valioso, no valioso de suyo”(28). Por tales razones nos dice Ilva M. Hoyos(29) que el contenido de la ley en los sistemas democráticos no se puede ni se debe determinar por mayoría. Es decir, éste es el sinsentido de someter a votación normas o principios del derecho natural, como son: los casos de aborto, eutanasia, divorcio, el mal llamado matrimonio de homosexuales; pues estos, aunque tienen el raro mérito de ser “democráticos”, no por ello, dejan de ser una lesión al orden natural, y no por ser democráticos no dejan de alentar a la dignidad de la persona y los derechos inherentes a ella.
          Estos mal llamados derechos humanos constituyen una paradoja de nuestra sociedad contemporánea, en la que se admite, por defensa al derecho e incluso a la dignidad de la persona, que existan derechos humanos que atenten contra el hombre mismo. “De manera objetiva se pretende legitimar el inexistente derecho al mal. Allí no hay derecho, ni lo que clásica ni lo que convencionalmente se llama derecho, porque no puede ser jurídico aquello que va contra el hombre y en cuanto tal, no puede ser humano. Es el antiderecho, la negación del mismo por ser inhumano”(30).
3.1.- Desconstrucción del lenguaje y del derecho.- Hemos visto que para los promotores de la perspectiva de género” fuertemente representados y promovidos en la Conferencia de Pekín, la meta principal es lograr una sociedad sin clases de género, es decir, transfieren la idea marxista de una sociedad sin clases económicas, al ámbito personal, es decir una sociedad sin clases de sexo. Para ello, proponen desconstruir el lenguaje, las relaciones familiares, la reproducción, la sexualidad, la religión, el derecho, etc. Por tanto, para los feministas de género, existen cinco sexos; así, la redactora del reporte oficial de la ONU de la Conferencia de Pekín, Rebbeca J. Cook, los sexos ya no son dos, sino cinco y, por ello ya no debe hablarse de hombre y mujer, sino de mujeres heterosexuales, mujeres homosexuales, hombres heterosexuales, hombres homosexuales y bisexuales. Esta “libertad” que tienen los propulsores del género para hacer tal aseveración, contrasta con todas las pruebas científicas existentes, según las cuales, sólo hay dos opciones desde el punto de vista genético: o se es hombre o se es mujer, no hay nada que esté en el medio(31).

 

3.2.- El género como sujeto del derecho desconstruido.- Para Jacques Derrida(32) “la desconstrucción es la justicia”; es decir, la desconstructibilidad del derecho o de la justicia como derecho es obvia y necesaria, porque al igual que la desconstrucción, la justicia es experiencia de eso de lo que no podemos tener experiencia. De manera que cada vez que se realiza una acción justa, la justicia está ausente, porque la justicia, según el citado autor, es sólo aquello que se vislumbra siempre posible y siempre incumplido. En resumidas cuentas; “el talante moral del texto –de J. Derrida- enseña una vez más, de muchos modos, que la búsqueda de un absoluto es por definición imposible”(33).
           
Ante este pesimismo de la filosofía “jurídica” de Jacques Derrida, se hace más difícil encontrar al sujeto de este derecho desconstruido, por la imposibilidad que plantea ese autor de lograr la justicia. Sin embargo, ahora los partidarios de la ideología del Género, pretenden que el lugar que ocupaban las clases sociales, de la teoría marxista, pareció ser ocupado durante las décadas de los 70’s y los 80’s por el género, si se prefiere por el de las desigualdades sexuales. Sin embargo, el género se trata de una dimensión más globalizadora y concreta que las clases, ya que supuestamente se ha convertido en el sustrato más poderoso y estable de producción de desigualdades y discriminaciones sin fin. Mucho tiempo después, la hegemonía del marxismo lo desplazó –al género- a la periferia de los problemas sociales, o lo convirtió en mero epifenómeno de la lucha de clases. La identidad de género viene a ser así el substituto posmoderno del sujeto racional, pero sin producir éste último. Se trataría en suma, de desmontar los conflictos sociales no negándolos ni combatiéndolos sino desplazándolos de lo social a lo individual(34).

          El género ha dejado de ser entonces un conflicto social para transformarse en una cuestión de identidad, tratándose de un subterfugio destinado a mantener el status quo. Con ello, este proceso provoca efectos perversos: El primero de ellos, en los hombres, que se quedan sin una identidad clara y precisa; pero es sobretodo en las mujeres en las que tiene lugar una inversión de energías en un sentido unidireccional, el psicológico, mientras que abandonan –o son presionadas a hacerlo- sus avances en el terreno de la estructura social(35).
            Desde el punto de vista legal o jurídico, se afirma que: “es imposible crear o insertar en la ley, disposiciones dirigidas a un grupo que no se identifique con características jurídicamente determinadas”(36). Lo cual significa que los grupos de homosexuales sean de hombres o mujeres con tal tendencia, se identifican por ellos mismos y por la sociedad, por su orientación sexual, elemento que no es materia de regulación, ni para los heterosexuales ni para los homosexuales, y no por sus atributos de hombres y mujeres sujetos de derechos y obligaciones. Por otra parte, “la tendencia sexual” no constituye una “cualidad” equiparable a la raza, al origen étnico, a la pobreza, a la tercera edad, a cualquier tipo de discapacidad en lo que se refiere a la no discriminación. A diferencia de éstas, la tendencia homosexual es un desorden objetivo y reclama una preocupación moral por un lado, y por el otro, puede conducir con bastante facilidad a la protección legislativa y lo más grave, a su promoción(37)

 

Referencias Bibliográficas.
(1)Eco Humberto; Como se hace una tesis; Editorial Gedisa, S.A., 3ª Reimpresión, Barcelona: 2003; p.122.
(2)Tamayo y Tamayo, Mario; El Proceso de Investigación Científica; Editorial Limusa, S.A. de C.V. México: 2001; p.113.
(3)Rodríguez de Yurre, Gregorio; El Marxismo. Exposición y Crítica; Biblioteca de Autores Cristianos; Madrid: 1976; Tomo I, p. 238.
(4)Foulquie, Paul; Diccionario del lenguaje Filosófico; Editorial Labor, S.A., Barcelona: 19676; p. 495.
(5)Ortega y Gasset, José; Ideas y Creencias, Espasa Calpe, S.A.; Colección Austral, Nº 151; 8ª Ed.; España: 1976; p. 192.
(6)Rosi Landi, E.; Ideología; Editorial Labor, S.A., Barcelona: 1980; p.p. 13-18.
(7)Ortega y Gasset, J.; Op. Cit., pág. 152.
(8)Abbagnano Nicola; Diccionario de Filosofía; Fondo de Cultura Económica; 3ª Reimp. México: 1983; p. 646.
(9)Caso, Antonio; El Problema de México y la Ideología Nacional; Obras Completas; UNAM; México: 1976; Tomo IX, p. 82.
(10)Ibidem, p. 86.
(11)Ibid., pág. 82.
(12)Ibid., p. 70.
(13)Borrego Salvador; Neoliberalismo. Nuevo Plan de la Revolución; Edición del autor; 5ª Ed.; México: 2003; p.p. 89.
(14)Sandoval de la Maza, Sergio; Diccionario Etimológico de la lengua Castellana; Editorial A. L. Mateos, S.A. Madrid:  p. 325
(15)Diccionario Enciclopédico Salvat, Tomo VII, p.48
(16)Webster’s New World College Dictionary; Third Edithion; Simon and Schuster, Mac Millan Company; N. York 1996; p. 561.
(17)Outonamo, Delia; Algunas Relexiones sobre la sexualidad humana en relación con el Sida: http://www.cuadernos.../doctrina26.htm.
(18)Perspectiva de Género: sus peligros y alcances... http://revista-arbil.iespan.../(21)gene.htm
(19)Ibidem.
(20)Sánchez de Movellan de la Riva; Luis; El Feminismo Postmoderno; http://es.geocities.com/sucell...//.../2024.htm.
(21)Perspectiva de género: sus peligros y alcances http://www./espana.es/re.../(21)gene.htm
(22)Sánchez de Movellan de la Riva; op. cit. http://es.geocities...
(23)Caso, Antonio; El Peligro del Hombre; Obras Completas; UNAM; México: 1975; Tomo VIII; p. 201.
(24)Ibidem, p. 202.
(25)Ibid.; p. 203.
(26)Scala Jorge; Ideología del Género; http://www.geocities.com/nogenero.
(27)Saldaña Serrano, Javier; Breve análisis a dos intentos de fundamentación desde el consenso; Problemas Actuales sobre Derechos Humanos; UNAM; México: 2001; p. 198.
(28)Ibidem, p. 202.
(29)Hoyos Castañeda, Ilva Myriam; Los Derechos Humanos en época de Crisis; Problemas Actuales sobre Derechos Humanos; UNAM; México: 2001; p. 139.
(30)Ibidem, p. 140.
(31)O’Leary, Dale; La Desconstrucción de la Mujer. Comisión Episcopal del Apostolado Laical; Conferencia Episcopal Peruana en base al informe http://www.aciprensa.com/familia/
(32)González Marín, Carmen; Jacques Derrida: La Desconstrucción es la justicia; La Filosofía después del Holocausto; Riopiedras Ediciones; Barcelona; p. 371.
(33)Ibidem, pág. 375.
(34)Ortega Felix; La Quiebra de la identidad personal. El Caso del Género; Retos de la Postmodernidad; Edit. Trotta, S.A. Madrid: 1999; p. 77.
(35)Ibidem, p. 79.
(36)Pérez Contreras, Ma. De Montserrat; Derechos de los Homosexuales; UNAM, Cámara de Diputados. LVIII Legislatura; México: 2001; p. 59.
(37)Traducción al Castellano del Texto original de la Congregación para la Doctrina de la Fe a los Obispos de USA (1992). Ed. Palabra; Madrid: 1995; p. 97.

* Lic. en Derecho y Mtro. en Der. Privado por la UAG; Dipl. en Der. Comparado por la U. Complutense de Madrid, en Relac. Diplomáticas por la Esc. de Funcionarios Internacionales de Madrid, en Comunidades Europeas  por la U. de Estrasburgo; y Dr. en Educación por la U. de Houston.