Apoyo emocional al paciente con IRC

Cynthia Melissa Mercado Solís*

2a. Parte

Cómo afrontar la enfermedad: afrontar la enfermedad puede ser un grave problema, tanto para el paciente como para el médico. Lo cierto es que cualquier profesional de la salud que trata a pacientes enfermos debe afrontar problemas concretos prácticamente todo el tiempo. Para el médico y el paciente, afrontar la enfermedad puede ser un proceso beneficioso y constructivo, o agotador y nocivo. Las estrategias utilizadas por uno y otro pueden ser complementarias o, antagonistas. El término afrontar remite a la idea de conducta resolutiva de problemas encaminada a proporcionar alivio, recompensa, reposo y equilibrio. Se trata de reconocer los problemas y abordarlos de forma correcta. Consiste en un proceso amplio y recurrente de introspección, aprendizaje, corrección de uno mismo, ensayo propio y aplicación de pautas recogidas de fuentes externas. La manera de afrontar la enfermedad depende de la naturaleza del problema, así como de los recursos mentales, emocionales, físicos y sociales disponibles.

Enfermedad y apoyo emocional: Todas las personas, necesitan y merecen unas condiciones que propicien apoyo, sostén seguridad y autoestima, incluso si no son pacientes, sino meros seres humanos en un momento crítico de su vida. Nadie puede sentirse bien durante mucho tiempo sin contar con el apoyo de alguien significativo o algo útil que le ayude a manejarse con los problemas. De cara a su curación, los pacientes simplemente necesitan más apoyo, sostén, seguridad y autoestima. En conjunto, tales factores constituyen lo que podría llamarse apoyo emocional y social para afrontar los problemas potenciales y reales.

Zonas de extensión: salud y bienestar, responsabilidad familiar, papel marital y sexual, empleo y dinero, expectativas y aprobación del entorno social, exigencias religiosas y culturales, autoimagen y sentimiento de inadecuación y aspectos existenciales.

Apoyo emocional y social no significa un conjunto de intervenciones diseñadas para animar o reforzar a los pacientes difíciles. La propia imagen y la autoestima, por ejemplo, dependen del sentimiento de confianza generado a partir de fuentes diversas de consideración y apoyo social. Se requiere de una destreza de los profesionales para cultivar, reconociendo, afinando y poniendo en marcha lo que cualquier persona necesita para sentirse y desenvolverse mejor. No consiste en el vago ejercicio de tranquilizar, sino una combinación de tácticas terapéuticas oportunamente aplicadas para normalizar la actitud y el comportamiento de un paciente. Las técnicas de apoyo van desde la asistencia específica hacia el más amplio consejo psicológico.

Cualidades de los cuidadores:

A) Competencia: la competencia es tranquilizadora y cuando la vida o el bienestar de uno dependen de ella, las consideraciones sobre la personalidad resultan secundarias. Ser bueno en lo que se hace aporta beneficios al paciente desde el punto de vista emocional y científico. Por ejemplo, no importa lo encantadores que sean los médicos, el personal de enfermería o los técnicos, la persona más hábil a la hora de pinchar en vena será la que mejor alivie al paciente, que se pone ansioso cuando hay que sacarle sangre.

B) Preocupación: de todas las virtudes de los médicos y enfermeros, ninguna es más valorada por los pacientes que la compasión. El personal médico y paramédico son capaces de transmitir al paciente que se sienten sinceramente afectados por su apurada situación. La compasión no se puede fingir. El proceso de empatía, cuando lo estimula una persona enfrentada a la muerte o a una discapacitación grave, suele generar malestar y sentimientos de agobio ante los cuales las resistencias internas se erigen defensivamente. ¿Quién puede digerir la idea de morir a los 20 años? Para nosotros, no es perverso, sino natural evitar la discusión de estos temas con el sujeto que se enfrenta a ello. Igualmente, es frecuente advertir a los estudiantes para que guarden distancias en su implicación con los pacientes. Cuando un paciente está acongojado, es probable la escapada apresurada o la evitación.

C) Comunicación: hablar con este tipo de pacientes requiere una habilidad paradójica: el deseo de encontrar justa es una expectativa bienintencionada, pero errónea, entre las personas que trabajan con pacientes terminales. En la práctica, todos los estudios empíricos resaltan la capacidad de escuchar sobre la de decir algo. La mayoría de las personas tienen una fuerte resistencia interna a permitir que los pacientes moribundos digan lo que se les ocurre. Es esencial conocer al paciente como persona, interesarse por aspectos significativos de la vida del enfermo, como la familia, el trabajo o el colegio, y charlar sobre intereses comunes es la forma más natural, en la cual el paciente llegue a sentirse reconocido.

D) Cohesión e integración familiar: una carga compartida es una carga más ligera. Hay que ayudar a los miembros de la familia a apoyarse unos a otros, aunque ello requiera que el médico tenga que conocer a cada miembro de la familia tan bien como el paciente. La tarea, a veces difícil, de reunir a la familia para que de su apoyo, se reconcilie o mejore las relaciones puede evitar la ruptura cuando se inicia el trabajo del duelo por la muerte del enfermo, en lugar de quedarse en casa esperando la noticia.

E) El buen humor.

F) Coherencia y perseverancia: un temor realista del paciente es el aislamiento progresivo. Un médico o un enfermero que le haga visitas regulares es la prueba de un apoyo y preocupación continuados. La calidad del tiempo es mucho más importante que la cantidad. Una breve visita es mucho mejor que ninguna y, en cualquier caso, el paciente puede que no tolere una visita prolongada. Los pacientes detectan pronto a quienes tienen interés al principio, pero luego desaparecen de la escena gradualmente. Quedarse requiere la capacidad de escuchar las quejas.

Intervención Psiquiátrica-Psicológica:

La asistencia psicofarmacológica del paciente con IRC requiere ajustar la dosis de ansiolíticos, antidepresivos y neurolépticos estándar. La psicoterapia supone un desafío para los pacientes con insuficiencia renal a causa del estrés, de la reducción de autonomía y, en algunos casos, de la afectación de la función cognitiva que presentan estos pacientes. Son prácticas las sesiones breves, coordinadas con el calendario de diálisis, si bien algunos pacientes especialmente motivados pueden ajustarse a una pauta más tradicional. Son preferibles la terapia cognitiva y otros abordajes activos del apoyo al yo.

Necesidades sociales del enfermo renal:

Acudir tres veces por semana a un centro de diálisis durante cuatro horas cada día. Una obligación repentinamente impuesta, que evidentemente repercute en el modo de vida habitual. Surgen entonces nuevas necesidades. Adaptar la vida laboral a unas circunstancias especiales, recurrir a la ayuda familiar con las implicaciones que esto conlleva, nuevas necesidades de transporte, etc. Todo un mundo de incertidumbres que requieren el trabajo de una asistente social para encontrar la solución oportuna a cada caso concreto. Añádase, además, el problema del progresivo envejecimiento de la población. La atención al mayor en diálisis centra cada día más el esfuerzo de los profesionales que atienden las necesidades del enfermo renal.

*Lic. en Psicología por el IEST y Mtría. en Ciencias con Especialidad en Psicología por la UAT.