El proyecto arquitectónico, entre imaginar y construir

María Teresa García López *

A través de los años muchas cosas han ido cambiando, y resulta lógico, puesto que no solo se parte de un ámbito exterior; por el contrario el interior esta en constante cambio, en ocasiones evolutivo; tal es el caso de la arquitectura, y es tal este fenómeno que incluso se ha llegado a considerar el hecho de que basándonos en lo actual, nos sería difícil concebir el pasado.

Aunado y en relación a esto, haremos referencia a que muchos por no decir que todos los elementos arquitectónicos están sujetos desde su definición misma al tiempo en que existen o tienen lugar; esto es considerado equivocado, aunque en mi opinión no lo es del todo; es decir la naturaleza sustancial e inmediata de todo elemento es constante y la posee desde el momento mismo de sus concepción, es decir, para lo que fue creado y el porque de su creación, esto es algo intimo y "personal" por llamarlo de alguna manera; pero lo que si puede cambiar un poco y adaptarse a la época en que se vive es su proyección; es decir, la esencia perdura, el diseño evoluciona constantemente y el hombre debe aprender a vivir con este fenómeno, la mejor manera de hacerlo es adecuándose a el. De esta forma, su "concreción espacio-temporal", nos lleva a considerarla como un "hecho determinístico integrado en la historia humana que expresa los valores excelsos de una cultura."

Valiéndonos de todo ello, bien nos vendría analizar el termino "architecttore", descrito por Leon Battista Alberti como aquel que:

"...sabrá con regla y razón, cierta y maravillosa, imaginar con la mente y el espíritu y llevar a cabo en la practica todas aquellas cosas que mediante el movimiento de pesos, unión y ensamble de cuerpos pueden, con gran dignidad, muy bien acomodarse al uso humano."

Otra frase que bien vale la pena tomar en cuenta es la siguiente: "La duda se presenta como el territorio mas adecuado para desarrollar el proyecto de arquitectura"; lo considero muy profundo y es que en el se encierra no solo esa conmoción a la duda que embarga al arquitecto al crear o proyectar un edificio; sino también la alegría, temor, desesperación, frustración, elocuencia, entre otros

sentimientos que lo invaden (según sea el caso) cuando las cosas marchan bien o no del todo; cuando de la nada surge esa idea primaria, intermitente o fugaz que nos da la pauta para concebir todo un espacio, por basto, reducido, inusual o cotidiano que nos pueda llegar a parecer.

Puesto que: "construir la realidad desde lo imaginario, nos resulta la mejor síntesis del proyecto de arquitectura". El arquitecto será el mediador entre fantasía y realidad, según Carlos Marcelo Herrera.

* Alumno de 1er. sem. de Diseño Gráfico en el IEST.