Karol Wojtyla (Juan Pablo II), Envuelto en metáfora

Héctor Hugo Ruiz Ávila*

Diez mil mentes enfocadas a la vida, tan lejos y tan cerca, nace la tercera flor después de morir el segundo retoño, el sur de Cracovia se ilumina, inicia la esperanza de una familia, termina el futuro de la opresión...

¡Lolek!, se escuchaba desde el grito de las entrañas de una humilde mujer, el amor inspirador del “Totus Tuus”(1), su inicio: normal, como el ave espera en el nido a fortalecer sus alas y emprender el vuelo.

¡Un tesoro!, comenta en su interior el consagrado Sapieha, ¡qué retórica tan espontánea de aquel roble en esa semilla que ha de crecer!. ¡Oh decepción le inunda al receptor!, las vertientes de otras seducciones le abruman; Actor, Filosofo, ¿cuál será?.

Víacrucis del Señor, envolvente como estocada, das a tu elegido su primera caída, desboronado en su inocencia, como una daga penetra en su corazón la entrega mas apreciada en su ser terreno... su Madre.

Como herrero nato forja su carácter con lo mucho que le queda... su hermano, espejo de entereza, su padre, altruista esperanzador. “El Señor me lo dio el Señor me lo quito”(2), segunda caída, el cristal se desquebraja, sus trece años abatidos dan la partida hacia el “Dios rico en misericordia”(3), al primogénito.

Libros, poesías, guiones y salmos van revelando su futuro, futuro marcado por la carne trémula que se respira desde Alemania hasta Badubiche. Polonia tiembla, la historia vive, los ideales mueren. ¡Qué pesada cruz en su espalda atañe su corazón! ¿Dónde es la guerra?, ¿Afuera?, ¿O en su interior?, ¡Cuánta desventura cernía su alma!.

Se enmascara de ironía con fúsil a cuesta, deja correr el rió subterráneo de “verdad que ilumina su inteligencia y modela su libertad”(4). Es guiado entre la tribulación por la necesidad de vida para el otro; judío, polaco, ¡que se yo!, eran Cristo y eso bastaba. Desvía su fin, con manos de dinamita, para entregar lo que le sobrepasa y que lo lleva a ser con el Ser.

Hermana soledad, tan prudente acariciabas el corazón de tu elegido, solo un instante bastaba. Medicinas, comida, y un rostro de agonía se encerraban en un cuarto, que al ver la tristeza de la verdad, envolvían hasta el mas fuerte, hasta Karol Wojtyla. Se postró ante el reflejo mas palpable de su tercera caída, ante aquel cuerpo inerte, lo que ya no sería la guía de su mística, entregando así su ultimo pilar en la tierra... su padre.

Momentos decisivos lo hacen quedar a solas con “su fe y su razón, desplegando sus alas buscando la manera de contemplar la verdad”(5) y como un hecho interior de una transparencia indiscutible y absoluta, entre tormentas de acero y de odio, emprende el vuelo hacia el llamado de su Señor. La caricia del otoño y el resplandor del año cuarenta y dos, fueron testigos de la mas bella decisión nacida en el alma de un hombre: Ser sacerdote.

Se acrisolaba la sabiduría, enraizada con el temor de ser fruto de los devastadores asesinos. Ante los ojos del cardenal Sapieha y en un contexto de amargura, surge la entereza de un hombre cabal que iluminaba las almas de quienes lo ven. No bastaron mas que veintiséis años para “postrarse conciente de su nada y levantarse siendo sacerdote para siempre”(6), comenzando así una nueva guerra con libros y desvelos, para ofrecer al mundo “la misión de Cristo Redentor”(7).

Heridas saturadas de cruz suástica desvanecida, dan vida a Marx, tristemente recibida por el doctor Wojtyla de regreso a su patria. Libertad, palabra escondida en los corazones de cada uno de los compatriotas, ante la nueva y satírica sociedad, pero con pasos acrecentados, la luz en el horizonte, tratará de guiar en la tiniebla.

El pastor guía a sus ovejas, Rózycki, maestro de maestro, ofrece las praderas. Cracovia, Lublín, fueron arrasados por su inteligencia interrogadora, sutileza mística y fortalezadivina, enraizando en el fondo de las personas la verdad del otro. Entrega su totalidad a las partes, enseña siendo enseñado, sin perder el hilo de su misión.

La prontitud de su grandeza se acercaba, noticia tras noticia se convertían en escalones en la montaña de historia que se respira drásticamente en nuestros días, no fue ni cuarentena su gran paso al máximo Orden, para convertirse en el pequeño entre los grandes.

Cansancio físico y entereza espiritual, lo encaminaron a unirse a la fortaleza de la creación hecha por Dios y llegar a Cristo “centro del cosmos y de la historia”(8) pues polvo somos y en polvo nos convertiremos.

Ráfaga de sorpresas, como apresurando el futuro, llegan a las puertas de su voluntad; arzobispo, cardenal, motivos más para ser vida el trabajo pontificio de las enseñanzas de cientos de solideos.

Un mes bastó para que la nueva semilla muriera y así dar vida al fruto que alimentaría a millones de ilusiones necesitadas de la verdad... necesitadas de Cristo. ¿Quién pensaría que la blancura de una nube artificial diera paso a la vida de constantes desafíos?, para llevar a lo mas alto de la montaña al oprimido. El águila real, acrisolada por el sol, devastadora con su sagacidad, emprende el vuelo, guiando al que la observa a lo mas sublime de la libertad.

Histriónico erudito emprende el mejor papel de su vida, atrapando hasta el mas recio exigente desde el primer momento. ¡No italiano! el principio devastador de muchos futuros esquemas arraigados por el mundo. Ya Wojtyla palpita en lo mas hondo de Juan Pablo II, el nuevo pontífice.

Eslabones que se congregan para darle luz, le hacen dar su primer gran paso de su peregrinar, encontrándose con los brazos abiertos de la casa de la morenita, donde reposa el “todo tuyo”. Otros objetivos le esperaban, una razón encontró, los ríos de gente desbordaban en su interior de camino a Puebla, el motivo de lo que él llamaría: ¡México, siempre fiel!.

Otra caída con la cruz a cuestas mejor hubiese bastado, pero como ráfaga fugaz, la lanza mas poderosa de su tiempo fue clavándose tejido tras tejido hasta quererle quitar lo que Fátima le devolvió. Labios temblorosos, musitan desde el principio una salvífica oración. El momento decisivo de su partida quería ser adelantado, 20 mil expectativas observan, el horizonte se oscureció por una eternidad, el turco agresor quería regalarle su destino pero como ave mitológica surge desde las cenizas mas resplandeciente que nunca. Lo único esclarecido fue el perdón de Dios.

Berlín, Polonia, son algunas ramificaciones del árbol podrido que Juan Pablo II solo sacudió, para que cayera devastado por su raíz empobrecida de fe.

Sembrador de esperanza y de unidad, con gran fortaleza y autoridad das al liberalismo tu estocada fraternal. Se orilla la opresión para dar paso a la libertad y poner en su lugar a la persona misma.

Tu principio, la libertad; tu camino, María; tu objetivo, Cristo; tus alas, la fe y la razón, que van encubriendo al mundo con desdén en desigualdades religiosas y falsas políticas, alcanzando así hasta los confines de la tierra.

El árbol empieza a otoñar, las alas devastadas por el juez injusto, el tiempo, van carcomiendo la fortaleza del roble que ha esparcido su fruto en tierra fértil, sin desperdiciar ni el mas mínimo momento para proyectar ser la llave y custodio del deposito de la fe. Su corazón abierto al final, es recriminado por sus amados, ¿si Cristo no se bajó de la cruz, por que él lo ha de hacer?.

Como humilde siervo de Dios, da paso al sucesor y acurrucando su alma en los brazos de María, es llevado a lo que solo le dará la perfección, al crepúsculo eterno... la patria celestial.

Amigo, “decirte adiós, no significa que ya no te veamos, que te hayas ido, no quiere decir que no estés con nosotros, solo que tu cuerpo no pudo seguir dando, lo que tu corazón nos dará por siempre”(9).

Legado de esperanza se respira por el mundo, del hombre que no vino hacer historia, sino a trasformarla, abriendo el camino de la fe para dar paso al amor de Dios, con su reflejo de vida que lo llevo a ser Juan Pablo II; ¡EL GRANDE!

C i t a s

(1) Emblema del escudo papal de Juan Pablo II

(2) Job 1, 21

(3) Dives in Misericordia: (Dios Padre, Rico de misericordia), 30-11-1980

(4) Veritatis Splendor: (Fundamentos de la moral católica), 6-8-1993.

(5) Fides et Ratio : (Sobre la Fe y la Razón), 14-9-1998.

(6) Frase de San Juan Maria Vianney: P. Salesman, “La vocación” Ed. Centro Don Bosco,

(7) Redemptoris Missio: (La misión), 7-12-1990.

Redemptor Hominis: (Jesucristo Redentor del hombre), 4-3-1979.

Cfr. Video de despedida a Juan Pablo II, elaborado por Televisa a los dos días de su fallecimiento.

* Egresado de la Lic. en Filosofía del IEST.