La formación humanista, la universidad y la sociedad del conocimiento

Francisco Solis Solano*

¿Qué es una sociedad del conocimiento?
Al intentar aproximarse a una noción de Sociedad del Conocimiento es necesario considerar que las conceptualizaciones típicas de sociedad que acentuaban en esta particularidades como la unidad de pertenecía territorial, del lenguaje y demás rasgos culturales, no son aplicables ante las nuevas circunstancias de globalización. Se puede decir que la noción actual de sociedad es una organización de personas que originan y a la vez reproducen modelos característicos (Lam. 2005), algunos de los cuales se vinculan estrechamente con la educación superior.

La generación del conocimiento.

Uno de estos rasgos distintivos de la Sociedad del Conocimiento  es el significativo aumento en la generación de la información por parte de las organizaciones no académicas, especialmente de las empresas trasnacionales. Lo anterior debido a  que el conocimiento es una causa de la productividad y ésta, a su vez, de la generación de riqueza (Castells. 2000; B. M. 2003), lo cual ha motivado una carrera entre las empresas por desarrollar los procesos y tecnologías que les proporcionen ventaja.
Al tiempo que las empresas generan investigación para la obtención de riqueza, se acentúan las desigualdades sociales y económicas, dado que, paradójicamente las organizaciones y sociedades con más recursos económicos son al tempo quienes tienen la infraestructura para  generar y acceder la información, haciendo con ello más difícil de recorrer la citada brecha (Castells. 2000). Ello indica que el desarrollo técnico y científico por si mismo no garantiza la equidad como pretendían los teóricos del liberalismo (Auping, 2004).
La información como causa de la generación de riqueza propicia que los patrones de producción y organización de las sociedades industriales se modifiquen. (Gines. 2004); evidentemente que esta modificación exige una adecuación en por parte de la Universidad en la manera de formar al profesionistas.
De facto esta nueva situación en la cual el conocimiento es causa de la riqueza, incentiva a las organizaciones a invertir considerables recursos en la investigación, generando con ello conocimientos nuevos, en no pocas ocasiones más rápido y en mayor cantidad que la misma universidad, todo ello ha trasmutado el rol tradicional de la universidad que ha pasado de ser fuente de cultura, ciencia y tecnología, a grado tal que es posible observar sinópticamente el desarrollo del pensamiento científico y la estrecha vinculación de sus protagonistas con las Universidades, por lo menos hasta principios del S XX, (Antiseri et Reale. 1999), a una entidad atenta a las necesidades y avances de las empresas para preparar profesionistas competentes para trabajar en ella.  Ante este cambio resulta disfuncional pensar que es suficiente con proporcionar al egresado las competencias propias de la disciplina académica que estudia, como si el mundo, al cual se dirige, estuviese más o menos estable, por otro lado el conocimiento avaza a una velocidad tal que no es posible mantener actualizados los planes de estudio para dar respuesta a las exigencias del mercado laboral mediante egresados acordes a los nuevos conocimientos. Este es uno de los retos de la universidad en la Sociedad del Conocimiento.

¿Qué debe hacer la universidad ante esta circunstancia? Indudablemente que lo anterior genera un aumento en la demanda de la educación continua, principalmente por parte de los egresados de la universidad, (Navarro. 2000) de aquí que se exige de la universidad un conocimiento más preciso de las demandas del sector productivo amen de vincular la oferta de cursos con esta.

En lo referente a los programas de licenciatura, ante la velocidad con la cual se generan los cambios, resulta casi imposible adecuar los planes de estudio a las vanguardias tecnológicas, por lo menos en bajo el modelo de enseñanza aprendizaje (Ginés 2004).
Por otro lado las materias humanistas ocupan un espacio en el tiempo que pasa el estudiante en la universidad que bien pude ser aprovechado para aprender más conocimientos técnicos.
No obstante, es precisamente en este contexto que resulta apremiante apoyar una de las funciones sociales de la Universidad, esto es,  es la formación de sus egresados como personas que, teniendo una conciencia formada en la justicia, sean agentes que participen en la vida social. (B.M. 2003; Ramphele, 2000); Lo anterior exige “que los estudiantes aprendan a pensar de manera crítica y a interactuar socialmente” (B.M. 2003: 46).

Así como el desarrollo de la tecnología no genera equidad social, de la misma manera los agentes que participen en la transformación social no se formaran en las asignaturas técnicas, se requieren espacios académicos propios para ello, como lo es las humanidades, no obstante estos espacios tienden a ser reducidos (B. M, 2003).

Además de los espacios académicos destinados a la formación humanista se  requiere que estas sesiones sean en buena medida presénciales en las universidades, entendido como espacios en los cuales la información, adquirida y trasmitida por medios electrónicos, se debata, critique y vincule a problemáticas especificas y significativas de la realidad actual, de modo que el estudiante esté en condiciones de transferir los conocimientos a nuevas realidades así mismo generar nuevos conocimientos a partir de los existentes que es un escenario más próximo al ejercicio de su profesión.

 Romper con el paradigma de “enseñanza aprendizaje” en la universidad es una condición apremiante en la sociedad del conocimiento, dado la facilidad para conseguir información.

La transmisión del conocimiento.
Otra característica de la Sociedad del Conocimiento es la capacidad de almacenar la información y la velocidad con que esta se transporta de un lugar a otro. El Internet y los dispositivos de almacenamiento hacen que el acceso a la información y el uso automatizado de los servicios que de ella se obtiene sea casi inmediato. Aun cuando la brecha entre los grupos y personas económicamente menos favorecidas se agranda exponencialmente (BM. 2003).
Ciertamente las tecnologías de la información no modifican por si mismas la realidad de la universidad si no existen ciertas condiciones previas, una de por muy obvia que parezca, es la vinculación de su uso con la realidad que se vive, pues como dice el Banco Mundial “El uso de multimedia, computadoras e Internet posibilita experiencias de aprendizaje más activas e interactivas por medio de experiencias de la vida real”(2003:45). Como se pude ver en el texto la posibilidad depende de que la vinculación a la realidad.
Lo global.
La Sociedad del Conocimiento es global, no solo por la comunicación inmediata por medio de la conexion a la red, sino por la formación de una cultura global, las exportaciones no son necesarias para tal efecto, las empresas no exportan sino que se establecen dentro del los países y con ello sus formas de organización, mismas que son replicadas por otras organizaciones, ello trae consigo un mercado laboral global que demanda el mismo perfil de profesionista.
En la universidad de la sociedad de la información, los programas, el maestro y el alumno juegan roles distintos, el primero debe ser un administrador de la información capaz de conocer donde se encuentra y facilitar a los alumnos la adquisición de la misma, el alumno se responsabiliza más de su aprendizaje y los programas se centran en la resolución de problemas y aplicación de conocimientos inicialmente a realidades actuales y gradualmente a nuevas y distintas situaciones (Ginés. 2003)
La rápida generación y transmisión del conocimiento fuera de la universidad en un contexto global y los efectos que ello genera son algunas de las características de la sociedad del conocimiento que afectan a la dinámica de la Universidad.
Las humanidades, como contenidos propios de la formación  universitaria, se ven afectadas con estos cambios, entre los cuales destaca  la crítica de la pertinencia de conservar estos espacios      dentro de la currícula  por parte de alumnos, profesores y demás miembros de la comunidad quienes no ven una razón de ser y si un espacio que puede ser ocupado por la formación técnica.
No obstante, además de la aportación cultural citada al inicio del presente, las materias humanistas, pueden ser una aportación significativa a la formación de los profesionistas para la Sociedad del Conocimiento, en el sentido que ellas generan el desarrollo del pensamiento crítico, creativo y social (ético) y ante la rápida generación y transmisión de la información, los profesionistas capaces de transferir los conocimientos adquiridos a nuevas realidades y con la actitud critica de búsqueda continua, nos resultan altamente competentes (Ginés. 2004).
Para lograr este perfil en el profesionista promedio de las humanidades es necesario modificar la metodología de la clase, de manera que la información sea adquirida y asimilada fuera de al clase y en las sesiones presénciales generar espacios de discusión análisis y deconstruccion, en el sentido de re interpretación de la información

Ese escenario se ve complicado considerando las circunstancias actuales en las cuales muchas veces los alumnos y en no pocas los mismos profesores, tienen un rechazo a la actitud critica.
Se puede apreciar que las peculiaridades de la Sociedad del Conocimiento están vinculadas con la rapidez que esta se produce, por ello la pertinencia, o mejor dicho, necesidad por pare de la Universidad, de implementar los cambios que influyan más directamente en la formación de profesionistas competentes en la dimensión critica y social, con una aptitud para la preparación constante y continua.
Comparto la pregunta con la que el Banco Mundial (2003. 149) casi al finaliza su  documento, ¿cuál es la combinación correcta de la enseñanza presencial y virtual? Asumiendo que en las sesiones presénciales como el mismo documento especifica, sean espacios de debate y desarrollo de la criticidad y la información sea obtenida y asimilada precia a esta.
Por otro lado, el desarrollo social en la Sociedad del Conocimiento se presenta como una aporía, donde la información genera riqueza y la riqueza una condición sine qua non, se tiene acceso a la información con las especificaciones que la misma exige. A este respecto comparto la postura de quienes afirman que es precisamente en la educación donde se puede formar las personas en la justicia social, lo cual incluye la solidaridad y subsidiariedad, como dice E. Fromm, La formación de la conciencia ética es más una exigencia de supervivencia social que un imperativo moral.

Bibliografía.

Antiseri, Dario; Reale, Giovanni. 1999. Historia del pensamiento filosófico y científico. Tomo II. Editorial Herder. Barcelona, España.

Auping, Juan. 2004. El análisis económico de los derechos humanos. Editorial  Plaza y Valdés Editores. DF, México.

Banco Mundial. 2003. Construir Sociedades de Conocimiento: Nuevos Desafíos para la Educación Terciaria. Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento. Washington, EUA.

Castells, Manuel. 2000. La ciudad de la nueva economía. Revista la Factoría, número 12.
http://www.lafactoriaweb.com/articulos/castells12.htm

Lam, Alcice. 2005. Los modelos societales de aprendizaje e innovación en la economía del conocimiento. Texto. http://www.campus-oei.org/salactsi/lam.pdf.

Navarro Leal, Marco Aurelio. 2000.  Posponer la vida. Educación superior y trabajo en Tamaulipas. Porrúa/ Universidad Autónoma de Tamaulipas. Tamaulipas, México.

Mora, José Ginés. 2004. La necesidad del cambio educativo para la sociedad del conocimiento. Revista Interamericana de educación No. 35.
 http://www.campus-oei.org/revista/rie35a01.pdf
Ramphele, Mamphela, et al. 2000. La educación superior en los países  en desarrollo. Peligros y promesas. María Angélica Monanrdes, traductora. The International Bank for Reconstruction and Development. Washington, E.U.A.

* Lic. en Filosofía y Mtría. en Educación por el IEST y en Filosofía por la UCIME.