Un anciano

Hugo Merlín Gómez Longoria *

Cuando era un niño, recuerdo perfectamente a una persona de edad avanzada y un tanto extraño. Era un anciano delgado, chaparro, con una tez ceniza y un cabello tan blanco como la nieve.

Siempre parecía esperar a alguien con los mismos trapos sucios que usualmente traía puesto: una camisa que aparentaba ser blanca, unos pantalones cortos, a veces traía distintos zapatos pero todos de color negro y siempre traía consigo un cigarro, ya sea que lo estuviera fumando o no. De  este hombre emanaba misterio, enigmas… nadie sabía nada acerca de él.

Frecuentemente se le   veía caminar todas las tardes sin tener un rumbo en específico, a veces se encontraba en la caseta de vigilancia de la unidad habitacional (lugar donde yo vivía),  otras,  en el rincón más desolado de la colonia. Cuando caminaba -  al menos a mi,  me daba miedo – tenía aspecto del ayudante del científico loco, encorvado, balanceando los brazos de un lado para otro de una manera rígida, sus manos añejas las apretaba y hasta a veces se le escuchaba hacer gemidos como los de un fantasma, intentando decir algo, pero lo único que salía de su boca desierta era un viento frío y desolado. En algunas ocasiones caminaba como si estuviera escapando de alguien o como si fuera a llegar tarde algún lugar.

 Lo que más me llamaba la atención de este señor, era su mirada, en ella mostraba tristeza, vacío, auxilio, dolor, soledad, olvido, esperanza y al final de sus ojos  se le  podía una pequeña luz, una estrella que alguna vez en su vida brillaba con todo su esplendor, pero se apagaba poco a poco.

Su voz era tan áspera,  pero a la vez suave; infinita, pero alcanzable, así como su vocabulario tan bien educado y sus palabras sencillas pero profundas - así haya preguntado la hora - esa voz tan rara hacía de su habla un sonido no común; era algo intrigante, es algo difícil de describir…

Lo más probable acerca de este hombre misterioso, es que ya no exista en este mundo; triste, pero cierto. Por lo menos han pasado 10 años desde que lo ví por última vez, su cuerpo ya mostraba todos los años encima y su presencia parecía que le pesaba, en realidad, se estaba convirtiendo en una sombra sin dueño, ya no se le veía un gran futuro…

Personas como este señor existen por todo el mundo, que solo basta con observar su viejo cuerpo para conocer algo de su larga historia.

* Estudiante de 1er.  Semestre de I. Q.  en el IEST