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El Tablero de Ormuz: Geopolítica y Sacudidas Económicas del Conflicto EE. UU.-Irán

Pocas han sido las tensiones económicas que han desestabilizado los mercados con la rapidez y contundencia que lo hizo el conflicto entre Estados Unidos e Irán. Lo que comenzó hace décadas como una ruptura diplomática tras la Revolución de 1979, ha evolucionado en 2026 hacia una guerra económica con implicaciones que trascienden las fronteras del Golfo Pérsico. El reciente bloqueo y posterior intermitencia en la apertura del Estrecho de Ormuz no sólo es un evento militar, se ha tornado en un fenómeno económico que redefine el precio de la energía, la inflación global y el flujo del comercio internacional.
 

Para comprender los movimientos económicos provocados, es relevante analizar las causas que han venido tensando la cuerda hasta el punto de ruptura:
 

El Programa Nuclear y la Doctrina de Sanciones: La salida de EE. UU. del JCPOA (Plan de Acción Integral Conjunto, por sus siglas en inglés) años atrás marcó el inicio de una era de "presión máxima". Las sanciones de 2025 y 2026 han buscado la asfixia total del sistema financiero iraní, atacando directamente su capacidad de exportar crudo y procesar transacciones bancarias internacionales a través del sistema SWIFT.
 

La Lucha por el Control de las Reservas: el conflicto parece ser, en el fondo, una batalla por la gobernanza energética. Con la influencia de EE. UU. sobre las reservas latinoamericanas y su posible incidencia en un cambio de régimen en Irán, Washington aspira a una posición de control sobre casi el 50% de las reservas probadas de petróleo a nivel mundial.


El Factor de la Seguridad Marítima: La intercepción de buques y el uso de drones en rutas comerciales han convertido al Estrecho de Ormuz en un "peaje de riesgo" que encarece los seguros y la logística global.


En este contexto, es de suponer que las repercusiones micro y macroeconómicos hayan tenido un efecto dominó; en un mundo tan interdependiente, el impacto de esta tensión se distribuye en cascada, afectando desde las finanzas estatales hasta la cesta de la compra del ciudadano, no distinguiendo la zona del globo.


Es importante destacar que el impacto más relevante que ha generado el conflicto has sido sobre el petróleo. Es una variable crítica para las economías y se ha vuelto el termómetro del conflicto. Cada amenaza de cierre en el Estrecho de Ormuz —por donde transita aproximadamente el 20% del consumo mundial de petróleo — ha disparado el barril Brent por encima de los 90, 100 o hasta 120 USD. 

 

Según datos de la Administración de Información Energética de Estados Unidos, los precios del crudo han aumentado en el primer cuarto del año, tal como se observa en la gráfica, el desempeño del Brent del 2025 al 2026, repunta significativamente el primer cuarto del año, a consecuencia de conflicto.

 

No obstante; como se observó en semanas recientes, las señales de desescalada y los acuerdos de alto al fuego pueden provocar caídas abruptas de hasta un 10% en una sola jornada en el mercado, demostrando una volatilidad extrema que dificulta la planeación económica de los países importadores, tal como lo muestra la siguiente grafica de Investing sobre el valor del valor del Brent, en donde las velas nos dejan ver los mínimos y máximos de las jornadas del primer cuarto del año.

 

Gráfico de Petróleo Brent


En términos macroeconómicos, esta inestabilidad energética es un detonante para la inflación. Cuando el combustible sube, el transporte de mercancías y la cadena de suministro se encarecen, presionando al alza los precios al consumidor, al ser un conflicto de impacto global las consecuencias no discriminan. Ante este escenario, los inversionistas internacionales abandonan activos de riesgo para refugiarse en el oro, que ha alcanzado máximos históricos, aunque el temor latente a tasas de interés más altas para frenar la inflación ha generado volatilidad en los mercados de renta fija.


Por otro lado, desde la perspectiva de Irán, los efectos han sido devastadores: devaluación de la moneda, escasez de productos básicos y una contracción del PIB significativa. En América Latina, el efecto es ambivalente: mientras los países exportadores de crudo ven un aumento temporal en sus ingresos fiscales, también la región sufre por la importación de inflación.


El conflicto ha puesto sobre el tablero la inestable y fragmentada situación del comercio global, en los ya conocidos bloques económicos; por un lado, el eje occidental, liderado por EE. UU., que hoy más que nunca utiliza el sistema financiero y la tecnología como herramientas de presión, mientras que el eje de resistencia comercial -hoy encabezado por Irán- busca salidas a través de Rusia y China, utilizando criptoactivos y sistemas de pago alternativos para evadir el dólar.


Esta división no solo afecta la economía, resalta la naturaleza cambiante del comercio internacional, moviéndonos de una globalización abierta hacia una geoeconomía de bloques.

Ahora bien ¿cómo llega esto a territorio mexicano y cómo impacta el bolsillo de los mexicanos? A diferencia de otras economías que son netamente importadoras, México es un productor de petróleo que, contradictoriamente, depende en grado crítico de la importación de gasolinas y gas natural de su vecino del norte.


El principal ajuste que ha realizado el gobierno mexicano para con el objetivo de mitigar la volatilidad de los últimos meses de los energéticos, ha sido la manipulación del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS). Ante el aumento del barril de crudo, provocado por las tensiones en el Estrecho de Ormuz, México ha reactivado los ya conocidos "estímulos fiscales " buscando impacto en dos sentidos:


1- Cuando el precio internacional de la gasolina sube debido al conflicto, el gobierno reduce el cobro del impuesto (mal llamado subsidio) para evitar que el precio en la bomba se dispare.

Con esto se busa contener la inflación interna (evitando el gasolinazo), pero genera un agujero en las finanzas públicas ya que el excedente petrolero obtenido por la venta de crudo pesado se utiliza para subsidiar la gasolina importada. Pero los resultados han sido poco favorecedores, la reducción del impuesto ha contenido parcialmente el precio de la gasolina y, al ser esta esencial para la logística de la cadena productiva, el bolsillo del ciudadano mexicano ha resentido este aumento.


2- Envuelto en esta problemática, el conflicto en Medio Oriente ha servido como detonante para que el gobierno mexicano acelere la estrategia de "Refinación Nacional". El ajuste no ha sido solo financiero, sino operativo: para reducir la exposición a los precios internacionales dictados por la incertidumbre en Irán, México ha incrementado la carga en refinerías locales (como Dos Bocas y Deer Park). El objetivo es reducir el "coeficiente de importación", blindando el consumo interno de las fluctuaciones del Brent y el WTI. Hasta ahora solamente ha logrado es exponer los rezagos del sector mexicano ante la competencia internacional.


Finalmente, no podemos dejar del lado el impacto en la balanza comercial: mientras que los ingresos por exportaciones de crudo de PEMEX aumentaron en el primer trimestre de 2026, debido a la prima de riesgo de guerra, el costo de importar derivados despuntó. Si bien vendemos más, también compramos más caro esto tendrá que forzar a la Secretaría de Hacienda a realizar ajustes presupuestarios en otras áreas para mantener el precio del combustible estable y evitar descontento social. 


Sin duda, la dimensión del conflicto entre Estados Unidos e Irán es un desafío a la estabilidad. Recuerda también que la economía política no es una ciencia aislada, sino una extensión de la política por otros medios. Para los estudiantes y profesionales de las ciencias económicas, la lección es clara: la resiliencia de los mercados en el año en curso depende menos de los balances corporativos y más de la estabilidad en los cuellos de botella geográficos como Ormuz. 


Mientras la diplomacia no logre un acuerdo sostenible, el mundo seguirá a la deriva en el área petrolera y la volatilidad financiera.

Por la Mtra. Pilar Alejandra Loranca Medina
Docente de la Escuela de Relaciones Internacionales