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EUROPA CRISIS
Columnas de Opinión

El fantasma de 1919: Cinco señales que amenazan con repetir la historia en Europa

OCTUBRE 26, 2026 El fantasma de 1919: Cinco señales que amenazan con repetir la historia en Europa

La información reciente proveniente de Europa resulta preocupante. La Comisión Europea, en su Previsión Económica de Primavera 2026, proyecta para la zona euro tasas de crecimiento del 0.9%, un desempleo del 6.4% y una inflación en torno al 3%. Esta configuración macroeconómica de bajo crecimiento, inflación persistente que genera pérdida de poder adquisitivo y un desempleo contenido, presenta paralelismos con otras realidades globales. Sin embargo, el factor diferenciador en Europa es su posición energética (principal insumo) con alto costo e incierta por la guerra, pérdida de competitividad de su industria (debido a los altos costos de energía), fragmentación geopolítica y comercial, bajo crecimiento de la productividad, lo cual condiciona fuertemente las decisiones de inversión presente. En ese contexto, el bajo crecimiento económico no está generando la baja inflación, sino por falta de oferta barata y abundante. 

 

Para comprender esta dinámica, resulta esclarecedor retomar el clásico “Las consecuencias económicas de la paz” de John Maynard Keynes (1919). Aunque fue escrito hace más de un siglo para analizar el Tratado de Versalles tras la Primera Guerra Mundial, sus advertencias sobre la economía europea ofrecen un marco analítico de una vigencia asombrosa. Keynes advirtió que la prosperidad europea dependía de una "organización delicada e inmensamente complicada" basada en el carbón, el hierro, los transportes y el libre flujo comercial. Cuando la política ignoró esta realidad económica, el resultado fue la ruina, la inflación descontrolada y el colapso social. A continuación, se presentan cinco señales que evidencian cómo la historia económica parece repetirse.

 

El primer punto coincidente es la fragilidad de la interdependencia y la dependencia energética. En 1919, el Tratado de Versalles atacó las fuentes de energía de Alemania (carbón y hierro), destruyendo su capacidad industrial. Hoy, Europa enfrenta un shock análogo con la crisis energética derivada de la guerra en Ucrania y la ruptura con Rusia, que la ha privado del gas barato necesario para sostener su industria. El impacto es una evidente crisis de competitividad y un riesgo tangible de desindustrialización, con la consecuente fuga de empresas hacia Estados Unidos o Asia. Un ejemplo claro de estos ajustes estructurales son las recientes decisiones de reestructuración de gigantes automotrices como Volkswagen

 

Por otro lado, vuelve la inflación como destructora de confianza y riqueza. Keynes advirtió que la inflación no solo confisca riqueza, sino que destruye la confianza entre acreedores y deudores. La crisis inflacionaria actual en Europa (provocada primero por la pandemia y luego por la energía) ha erosionado el poder adquisitivo de los salarios. El Banco Central Europeo (BCE) se debate en un dilema complejo: subir las tasas de interés para controlar los precios (lo que encarece la deuda pública de países altamente endeudados como Italia o Francia) o permitir que la inflación devore los ahorros.

 

En tercer lugar, se identifica el regreso de barreras y fragmentación económica. Durante el desarrollo del Capítulo VII de su obra, Keynes explicó cómo los nuevos Estados surgidos tras la guerra levantaron barreras arancelarias y fronteras políticas que rompieron la unidad económica natural de Europa. En la actualidad, se observa un fenómeno similar con el Brexit, el resurgimiento de los nacionalismos económicos y las tensiones comerciales entre bloques (China y EE. UU.). Keynes abogaba por una "Unión de librecambio" para Europa central y oriental. Hoy, la Unión Europea intenta mantener su mercado único, pero se ve amenazada por la fragmentación geopolítica global.

 

También se hace evidente la insostenibilidad de deuda y la trampa de la austeridad. Keynes dedicó gran parte de su análisis a demostrar que las reparaciones exigidas a Alemania eran matemáticamente imposibles de pagar. Advirtió que exigir pagos imposibles solo genera bancarrota y resentimiento. En la Eurozona actual, países como Italia, Grecia, Francia y España arrastran niveles de deuda pública altísimos. La vuelta de las reglas fiscales del Pacto de Estabilidad choca con la necesidad imperiosa de gasto social y de defensa. Al igual que con Alemania en 1919, exigir una austeridad extrema en un momento de bajo crecimiento puede llevar a la recesión y a crisis políticas internas.

 

Finalmente, las noticias nos comparten a diario el descontento social que se está viviendo en Europa. Keynes describió en su obra la desesperación en la Europa de posguerra, advirtiendo que "los hombres no siempre morirán con tranquilidad" y señalando que, cuando la gente pierde la esperanza económica, se vuelve hacia ideas extremas. El deterioro del nivel de vida en Europa, ejemplificado por las protestas de los agricultores en toda la UE (Francia, Bélgica, Países Bajos, España), las huelgas y el descontento generalizado, constituyen el caldo de cultivo para el auge de populismos y la inestabilidad democrática.

 

En la crisis actual, los líderes europeos deben entender que no pueden imponer sanciones o políticas económicas sin medir las consecuencias de destruir la capacidad productiva. La solidaridad económica, la inversión en infraestructura, la transición energética coordinada y la flexibilidad fiscal son las únicas herramientas para evitar que la actual crisis derive en una fractura social y política de la Unión Europea.

 

El liderazgo de acción positiva que caracteriza a nuestra comunidad universitaria nos llama a construir puentes y no muros, a fomentar la solidaridad y a buscar soluciones sostenibles que garanticen la justicia y la paz. La historia nos ha demostrado que ignorar las consecuencias humanas de las decisiones económicas conduce al colapso.


Por Dr. Manuel Tregear Maldonado 
Docente de la Escuela de Economía y Negocios de Anáhuac Puebla