Impacto de la revisión del TMEC en la industria mexicana y el nuevo orden geoeconómico
En las últimas semanas una de las noticias más recurrentes es sobre la primera ronda formal de negociaciones para la revisión del T-MEC que se llevó a cabo del 27 al 29 de mayo del presente año entre México y Estados Unidos de manera bilateral sin la participación de Canadá. Y es que más allá de discursos y posturas políticas, la pregunta que muchos nos hacemos es ¿cómo impacta este tratado de libre comercio entre los 3 gigantes de Norteamérica en la economía y la industria mexicana? ¿valen la pena los esfuerzos de los grupos de interés por el buen resultado de esta revisión del T-MEC?.
Para ello es importante recordar de manera general y tradicional que un Tratado de Libre Comercio (TLC) es un acuerdo internacional vinculante, mediante el cual dos o más países eliminan o reducen significativamente las barreras arancelarias y no arancelarias para facilitar el intercambio de bienes, servicios e inversiones entre sus territorios. Sin embargo, actualmente el Foro Económico Mundial considera que estos tratados también deberían facilitar la creación de cadenas de suministro globales, abarcando componentes, transferencia de tecnología, movimientos de datos, servicios y know-how, así como la generación de plataformas de dialogo entre gobiernos y sectores privados.
Ahora bien, los antecedentes del TLC entre México, Estados Unidos y Canadá se trasladan al año 1994 en el que se firmó la primera versión denominada TLCAN, en ésta los objetivos eran muy limitados, sin embargo, los principales beneficios económicos para México fueron el crecimiento masivo de las exportaciones, la consolidación como socio estratégico regional, la atracción de Inversión Extranjera Directa y la modernización de la planta manufacturera; como referencia, las exportaciones mexicanas se multiplicaron por siete en las primeras dos décadas del acuerdo ya que en 1993 éstas fueron de 44,474 millones de dólares y en 2017, de 338,226. Gracias al TLCAN se propició la modernización tecnológica de la planta productiva manufacturera del país, facilitando la plena integración de México en las cadenas globales de suministro, impulsando un salto cualitativo en industrias de alta tecnología, como la automotriz, la electrónica y la aeroespacial. Lo anterior contribuyó en gran medida a la reducción en los índices de pobreza nacionales, ya que según cifras del lNEGI en 1992 la Pobreza Extrema se situaba en 21.2%, mientras que, en 2018 a más de dos décadas de vigencia del TLCAN, ésta se redujo al 7.0% de la población.
En 2020 los tres países refrendaron el acuerdo comercial, sólo que bajo la denominación del T-MEC como tratado de nueva generación, incrementando las reglas de origen del sector automotriz que es uno de los ejes centrales del acuerdo, en las que se elevó de un 62.5% a un 75% el requisito de que los componentes de cada vehículo fabricado fueran de la región. En lo referente a la regulación laboral en el TLCAN no se consideraron normas laborales, mientras que en el T-MEC se exige que del 40 al 45% de la manufactura de un vehículo sea realizada por trabajadores que ganen al menos $16 USD/hora. También en el T-MEC se integraron al expediente principal compromisos para combatir el tráfico de fauna y proteger la capa de ozono. Siendo éstas solo algunas de las características principales de la última versión del acuerdo.
La revisión del T-MEC que está llevándose a cabo corresponde al primer ciclo de 6 años, y aunque los reflectores se enfocan en circunstancias de política interna nacional que pueden impactar negativamente en la misma; hay una realidad que no es considerada por muchos, pues son los factores externos y las reglas del nuevo orden geoeconómico las que pueden cambiar el curso de los objetivos y propósitos del T-MEC y como consecuencia la revisión del acuerdo.
Hoy día expertos en el tema no se ponen de acuerdo en si los mercados continúan con una tendencia global de comercio o nos encontramos ante la conclusión de la globalización como la conocemos actualmente. Y es que resulta que los ambientes actuales de vulnerabilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad que afectan a todo el mundo, están provocando un nuevo orden geoeconómico. Los 4 shocks recientes del mundo como la pandemia COVID-2019, la crisis energética por la guerra ente Rusia y Ucrania, la guerra arancelaria de Trump contra el mundo y recientemente el conflicto bélico en medio oriente entre Israel e Irán que condiciona el flujo de petróleo en el estrecho de Ormuz, han generado nuevos paradigmas en las cadenas de suministro globales, dando pie a la interrogante si es que nos encontramos ante el fin de la globalización. El Fondo monetario internacional en su informe del 2024 indica que el comercio internacional continua generando el 60% del Producto Mundial, esto no significa que el comercio entre países disminuya, sino que las reglas del juego están cambiando; conceptos como el reshoring o relocalización que es el proceso estratégico mediante el cual una empresa traslada sus operaciones de fabricación y producción de vuelta a su país de origen, después de haberlas externalizado previamente en el extranjero; o el concepto de friendshoring que es una estrategia comercial y geopolítica que consiste en trasladar las cadenas de suministro y fabricación a naciones aliadas que comparten valores políticos, económicos e institucionales; están tomando fuerza en los últimos años en los grandes corporativos industriales, y entonces parece que ahora se trata de reducir la dependencia de mercados considerados inestables o adversarios geopolíticos, minimizando así riesgos de sanciones, guerras comerciales o interrupciones en el suministro de componentes críticos y esenciales.
Ante este escenario, ahora el reto del T-MEC no es sólo aprovechar de mejor manera los avances en infraestructura, conocimiento, innovación y riqueza en sectores industriales como el automotriz y de autopartes que nos han dejado el TLCAN y T-MEC en nuestro país, sino llegar a acuerdos en el marco de las nuevas reglas del juego, en las que por encima de una producción y comercio bajos en costos derivados de la eficacia operativa, prevalecen alianzas basadas en la confianza, en compartir valores políticos, económicos e institucionales, es decir, acuerdos comerciales entre países con políticas exteriores eficaces soportadas en políticas internas sanas, lo que sin duda está definiendo el nuevo orden geoeconómico del mundo.
En Ingeniería Industrial para la Dirección de la Universidad Anáhuac Puebla, estamos poniendo todo nuestro potencial en ser protagonistas de las tendencias que afectan a las cadenas de suministro y operaciones en la industria, sensibilizando y formando a nuestros futuros egresados con las competencias pertinentes para que sean los constructores del futuro en este nuevo orden.
Dr. José David De Ita Ximil
Coordinador de Ingeniería Industrial para la Dirección