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El Arte de Caminar hacia la Fuente: Redescubriendo el Autocuidado

El Arte de Caminar hacia la Fuente

20 de mayo de 2026
Autor: Dr. Christian Jesús Hamilton Núñez
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Vivimos en la era de la "solución instantánea". Habitamos un mundo que nos ofrece píldoras para no sentir hambre, aplicaciones para ahorrar segundos y rutinas de optimización que prometen convertirnos en máquinas de rendimiento inagotable. En este escenario, el descanso se siente como un pecado y el silencio como un vacío que debe ser llenado. Sin embargo, en medio de este ruido, emerge una verdad olvidada en las páginas de El Principito.

En su encuentro con el comerciante de píldoras, el pequeño habitante del asteroide B-612 nos enfrenta a una paradoja punzante: ¿de qué sirve ganar tiempo si perdemos la capacidad de habitarlo? 
Palabras clave: Ética, Cuidado, celeridad, obsesión, kairos.

 

—¡Buenos días! —dijo el principito.

—¡Buenos días! —respondió el comerciante.

Era un comerciante de píldoras perfeccionadas que quitan la sed. Se toma una por semana y ya no se sienten ganas de beber. 

—¿Por qué vendes eso? —preguntó el principito. 

—Porque con esto se economiza mucho tiempo. Según el cálculo hecho por los expertos, se ahorran cincuenta y tres minutos por semana.

—¿Y qué se hace con esos cincuenta y tres minutos?

—Lo que cada uno quiere...

"Si yo dispusiera de cincuenta y tres minutos —pensó el principito— caminaría suavemente hacia una fuente... (Saint-Exupéry, s. f. cap. 23) Y tú ¿Qué harías con cincuenta y tres minutos?

 

Antes de brindar alguna respuesta, es preciso destacar que la ética del cuidado se revela no como una técnica de gestión, sino como una ética de la presencia. Cuidarse a sí mismo no es "optimizarse" para rendir más mañana, ni es una tarea de mantenimiento para seguir funcionando en la cadena de montaje de la productividad. Es, en esencia, tener la sabiduría de usar nuestros "53 minutos" para caminar suavemente hacia aquello que nos nutre de verdad. Es entender que la fuente es tan importante como la sed, y que el camino hacia ella es donde realmente ocurre la vida.

Ante esta realidad, cabe detenerse y preguntarse con honestidad: ¿Crees que en tu día a día estás más cerca de la "píldora" que soluciona rápido el malestar o de la "fuente" que te permite disfrutar el proceso de cuidarte?

Cincuenta y tres minutos es una cifra curiosa que se gana según el comerciante de píldoras. No es la redondez de una hora, que a veces se siente pesada, ni la brevedad de un suspiro. Son 3,180 segundos que suelen perderse en el limbo de la "espera": esperando el transporte, esperando a que empiece una reunión o, peor aún, perdidos en el scroll infinito de una pantalla.

Para Martin Heidegger, el tiempo no es algo que "tenemos", sino algo que "somos". Bajo esta luz, esos 53 minutos no son un envase vacío que debemos llenar de actividades, sino una oportunidad para que nuestra existencia se manifieste sin las cadenas de la productividad. Transformarlos en algo significativo implica pasar del Chronos (el tiempo lineal y tiránico del reloj) al Kairos (el momento oportuno, el tiempo de la revelación y el alma), pero "¿Cómo transformar una duración cronológica en una experiencia de trascendencia o autocuidado?”

Visualicemos un escenario en donde un profesional de la salud trabaja en una institución de salud pública, por citar un ejemplo, sin embargo; se puede aplicar a cualquier otra profesión o actividad laboral. El sistema de salud saturado de derechohabientes exigirá “consultas Express” para atender la mayor cantidad posible de pacientes, es decir; el profesional de la salud se enfrenta al escenario de la “píldora” (Productividad), su meta exigible es alcanzar cifras y mantener estadísticas, privilegiando la cantidad por encima de la calidad de la atención. Sin embargo, si un profesional de la salud se convierte en un "comerciante de píldoras" para satisfacer estadísticas, ¿Es posible mantener la vocación ética si el sistema solo mide lo que es cuantificable (número de pacientes) y no lo que es valioso (calidad del vínculo)?

Más importante aún, bajo este ritmo acelerado que se maneja en la consulta médica institucional, ¿habrá algunas necesidades profundas del paciente que estamos ignorando al recetar una solución inmediata? ¿Estamos curando la enfermedad o simplemente silenciando el síntoma para que el "cliente" no nos quite más tiempo? La ética del cuidado sostiene que el cuidado es una vía de doble sentido. Si el profesional de la salud mecaniza su atención para ganar tiempo, ¿qué sucede con su propia salud mental cuando descubre que el tiempo "ahorrado" está lleno de vacío y falta de propósito? ¿Puede un profesional cuidar la vida de otros si ha renunciado a habitar su propia vida con pausa? La parábola del vaso y el agua nos invita a imaginar que nuestra energía, nuestra paciencia y nuestro amor son agua dentro de un vaso. Pasamos el día repartiendo gotas en nuestro trabajo, a nuestra familia, a nuestros amigos y a nuestros problemas. Si no nos detenemos a rellenar ese vaso, tarde o temprano nos quedaremos secos.

En este sentido la ética del cuidado requiere que el profesional de la salud, en su cotidianeidad, siempre ponga en práctica sus principios éticos, junto con sus valores, actuando con ejemplo, impartiendo educación a quienes lo rodean, divulgando el análisis de la ética en las organizaciones donde labora, entre sus colegas y superiores, involucrando todos estos aspectos en la elaboración de planes de cuidado. Asimismo, Gilligan propone la ética del cuidado como atención al YO para asegurar la supervivencia (también es mirar por sí mismo). Entendimiento de que la responsabilidad del cuidado incluye a la vez al yo y a los otros. Hay que hacer equilibrios entre el poder y el cuidado de sí mismo, por una parte, y el cuidado a los demás por la otra. Bajo este argumento, la realidad fundamental de la Ética del Cuidado es que lo que realmente sana no se puede tabular fácilmente en una hoja de Excel, por lo que en un sistema que nos obliga a correr, detenerse a respirar es un acto de integridad profesional, pero ¿Cuántas veces al día nos permitimos abandonar la "píldora" de la prisa para caminar, aunque sea un instante, hacia la fuente de nuestra propia calma?

Es innegable que vivimos en una cultura que nos exige ser productivos cada segundo, incluso si tenemos 53 minutos, el instinto nos dice: "Adelanta trabajo" o "Limpia la casa". Pero, ¿y si esos minutos fueran un acto de rebelión contra la prisa? En otras palabras, ¿y si estos 53 minutos fueran el refugio donde dejamos de ser útiles para los demás y empezamos a ser preciosos para nosotros mismos? ¿Y si nos damos la oportunidad de visualizar cincuenta y tres formas de honrar nuestra presencia? Lo que, es más ¿Hemos realizado alguna vez un catálogo de instantes o momentos para ser sentidos y mejorar nuestro bienestar?

El autocuidado y la autogestión es el proceso de rellenar nuestro propio vaso.Sin duda alguna, cada uno de nosotros puede elaborar su propia retahíla que contengan 53 actividades mínimas que estimulen los sentidos, que mantengan la quietud de la mente, que favorezcan el movimiento amable, que estimulen la conexión y la desconexión y que fomenten el placer de lo cotidiano, en otras palabras; cada uno de nosotros podemos realizar una actividad por cada minuto de ese fragmento de tiempo que podemos disfrutar, para recordarnos que nuestro bienestar es una prioridad, no un lujo. Algunas de tales actividades pueden ser: Preparar una taza de café o té y beberla sin hacer nada más. Caminar descalzo sobre el césped o una alfombra suave. Escuchar una playlist completa, de principio a fin, sin saltar canciones. Meditar durante 10 minutos usando solo tu respiración. Practicar la gratitud: anotar tres micro-victorias del día. Mirar fotos antiguas que te traigan recuerdos felices. Hacer estiramientos suaves para soltar la tensión del cuello y hombros. Bailar una canción que te encante en la soledad de tu habitación. Dar un paseo corto sin un destino fijo, solo por el placer de caminar. Caminar bajo la lluvia y respirar el aroma a petricor o no hacer absolutamente nada y no sentir culpa por ello. En un mundo que compite por nuestra energía y atención, dedicar 53 minutos exclusivamente a lo que nos da paz es el mayor acto de amor propio que puedes realizar. ¿Cuál de estas acciones elegirías para empezar tus primeros 53 minutos para consentirte y obtener paz y tranquilidad?

Todos podemos elegir las acciones que más nos ayuden en el autocuidado. Ahora bien, desde una perspectiva más trascendente, es evidente que faltan solo 7 minutos para la hora, lo que significa que esos 53 minutos representan el umbral de la transformación. ¿Qué más podríamos hacer en estos 53 minutos para lograr trascender? En 53 minutos puedes tener una conversación profunda que cambie tu relación con alguien, o bien te da la oportunidad de escribir tres páginas de pensamientos honestos que ni sabías que tenías o puedes disfrutar de caminar lo suficiente para que tu ritmo cardíaco y tus pensamientos se sincronicen.

Bajo esta premisa, es vital que cada día recordemos que los 53 minutos no son un "tiempo muerto". Son el espacio que hay entre quién eres ahora y quien podrías ser si decidieras, por un momento, dejar de correr. Por consiguiente, si hoy te sobran esos 53 minutos, no intentes "aprovecharlos". Intenta habitarlos. Siente que el tiempo te pertenece a ti, y no tú al tiempo. Empero, la crisis de la modernidad no es la falta de tiempo, sino la pobreza de nuestra presencia. Al intentar ganar cincuenta y tres minutos mediante la "píldora" de la eficiencia, hemos caído en la trampa de convertir el cuidado —tanto el propio como el ajeno— en una transacción mecánica. En el ámbito de la salud, este modelo no solo enferma al paciente al reducirlo a una estadística, sino que desangra la vocación del profesional, transformando al sanador en un simple operario de la celeridad.

La verdadera Ética del Cuidado es, por tanto, un acto de insurrección contra la "consulta express" y la vida acelerada. Es el paso valiente del Chronos (el tiempo que nos devora) al Kairos (el tiempo que nos habita). Al elegir caminar suavemente hacia la fuente, el profesional de la salud no está "perdiendo" minutos de productividad; está ganando la profundidad necesaria para que el acto de curar recupere su sentido sagrado y humano. Por lo tanto, habitar esos 53 minutos no es un lujo egoísta, sino un requisito para la trascendencia. Si no somos capaces de reconocer nuestra propia sed y honrar nuestro propio proceso, el cuidado que ofrezcamos al mundo será siempre un reflejo vacío. La invitación queda abierta: ante la oferta tentadora de la píldora que silencia el síntoma, elijamos siempre el camino largo, el que nos permite sentir el sol, la fatiga y, finalmente, la frescura del agua.

En última instancia, el valor de nuestra existencia no se medirá por cuántas tareas logramos comprimir en una hora, sino por la suavidad y la conciencia con la que supimos caminar hacia aquello que nos hace verdaderamente humanos. El tiempo es vida; no lo ahorres, habítalo). Y tú ¿Qué harías con cincuenta y tres minutos? El autocuidado no es un lujo que te das cuando te sobra tiempo; es la inversión necesaria para que tu tiempo tenga sentido.

 

Referencias

 


El Dr. Christian Jesús Hamilton Núñez es Médico Cirujano por la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca y maestro en Bioética. Es miembro de la International Association of Bioethics y vicepresidente del capítulo Oaxaca de la Academia Nacional Mexicana de Bioética. Cuenta con amplia formación en bioética, derecho médico, investigación en seres humanos y bioseguridad, además de experiencia en comités hospitalarios y académicos especializados. Email: Hamiltoncj19@gmail.com 


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Más información:
Centro Anáhuac de Desarrollo Estratégico en Bioética (CADEBI)
Dr. Alejandro Sánchez Guerrero
alejandro.sanchezg@anahuac.mx