28 de septiembre de 2026
Nota Editorial
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El contexto internacional y relevancia del multilateralismo
En el marco de la formulación de las agendas internacionales de la Semana de Alto Nivel del 81.º período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas (UNGA81, 22 - 28 de septiembre de 2026), la comunidad internacional se enfrenta a un entorno global atravesado por lo que Eugenia D’Angelo (2025) define como una «policrisis». Esta condición no se limita a emergencias aisladas, sino al entrelazamiento de múltiples disrupciones de escala planetaria: la persistencia de crisis de salud pública, la rápida proliferación de las biotecnologías, los dilemas derivados de la inteligencia artificial (IA), las tensiones éticas en la investigación biomédica, el impacto acelerado del cambio climático y la fragilidad del régimen de derechos humanos (Delgado, 2023; Gómez, 2023; Mia y Medina, 2023).
La interdependencia biológica y ambiental contemporánea demuestra que los patógenos, el deterioro ecológico y los riesgos tecnológicos carecen de fronteras territoriales (Gómez, 2023). Un sistema de salud pública o un marco de regulación biotecnológica ineficiente e inequitativo en una nación concreta representa una amenaza colectiva para el conjunto de la humanidad (Gómez, 2023). En este escenario, el multilateralismo reemerge no como una mera opción diplomática, sino como un requisito de supervivencia y un imperativo ético indispensable para coordinar acciones globales eficaces y legítimas (D’Angelo, 2025; Delgado, 2023; Zambrano, 2013).
El multilateralismo como fundamento de una nueva gobernanza bioética
Para cimentar una arquitectura bioética global es preciso explicitar el marco conceptual del multilateralismo. Siguiendo las contribuciones clásicas de John Ruggie y Robert Keohane, el multilateralismo no debe reducirse a su dimensión puramente nominal o cuantitativa —definida simplemente como la coordinación de políticas entre tres o más Estados—, sino que exige una dimensión cualitativa fundamental (Dos Santos, 2002; Zambrano, 2013). Esta dimensión cualitativa implica que las interacciones interestatales se rijan por principios de conducta institucionalizados, la noción de indivisibilidad de las amenazas y los beneficios, y el compromiso con una reciprocidad difusa (Dos Santos, 2002).
Desde la paz de Westfalia y la creación de los primeros organismos internacionales de higiene pública en el siglo XIX, el multilateralismo ha evolucionado hacia la conformación del Sistema de Naciones Unidas en 1945, asentado en los pilares de la paz, el desarrollo sostenible y la salvaguarda de los derechos humanos (Delgado, 2023). No obstante, el modelo multilateral tradicional ha experimentado severas crisis institucionales y parálisis estructurales cuando ha sido instrumentalizado de manera unilateral o alineado de forma prioritaria con intereses del mercado (D’Angelo, 2025; Zambrano, 2013). Como la evidencia reciente ha puesto de manifiesto, la falta de consensos en foros globales obstaculizó respuestas oportunas ante emergencias sanitarias, revelando las grietas de una gobernanza fragmentada (D’Angelo, 2025).
Por ello, la diplomacia de la salud global y la bioética contemporánea requiere trascender los enfoques técnico-administrativos (Gómez, 2023). La protección de la salud y la regulación de la vida son compromisos morales y derechos fundamentales vinculados al capital humano y a la justicia social (Gómez, 2023). La gobernanza de la salud global —articulada en instrumentos como el Reglamento Sanitario Internacional y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS 2, 3 y 6)— requiere ser resignificada mediante una ética multilateral que priorice la dignidad humana, la equidad distributiva y el acceso universal a los avances científicos (Gómez, 2023).
América Latina y el Caribe ante la necesidad de una bioética multilateral
América Latina y el Caribe enfrentan una condición estructural de alta vulnerabilidad frente a las crisis globales. Esta región padece profundas desigualdades sociales y de salud, expresadas en barreras de acceso a tecnologías médicas esenciales, alta dependencia de cadenas de suministro externas, frágil infraestructura sanitaria y una severa exposición a los estragos del cambio climático (D’Angelo, 2025; Mia y Medina, 2023).
Los desafíos bioéticos emergentes en el contexto latinoamericano y caribeño son complejos y multidimensionales:
La acelerada adopción de la IA en la atención médica y la gobernanza de datos sanitarios plantea serios dilemas respecto a la privacidad, el sesgo algorítmico y la soberanía de la información genética de las poblaciones regionales.
La ejecución de ensayos clínicos transnacionales exige marcos éticos rígidos que impidan la apropiación desigual del conocimiento y los beneficios, y garanticen que las comunidades participantes reciban beneficios post-investigación equitativos. (Mia y Medina, 2023; Ovalle y Vázquez, 2022).
El acelerado envejecimiento poblacional (CELADE, 2023) y las secuelas en salud mental exigen respuestas sistémicas con enfoque de derechos.
Asimismo, los análisis críticos sobre la participación política en la región advierten sobre el riesgo de consolidar «democracias de baja intensidad», donde los instrumentos de consulta previa o participación ciudadana se reducen a formalismos para legitimar proyectos sin un disenso democrático sustantivo (Ovalle y Vázquez, 2022). Frente a ello, una bioética multilateral latinoamericana y caribeña debe construirse sobre esquemas incluyentes, horizontales y con enfoque multiactor, multinivel, multilateral y multicultural (4M), incorporando la perspectiva de género e interculturalidad para garantizar que las políticas no se impongan jerárquicamente, sino que se construyan de manera conjunta con las comunidades e instituciones locales (D’Angelo, 2025).
Cooperación institucional y construcción de capacidades regionales
La edificación de una bioética multilateral en América Latina y el Caribe requiere fortalecer y renovar el trabajo con organismos internacionales y regionales como Naciones Unidas, la UNESCO, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Dichos organismos han desempeñado un papel central en la difusión de estándares normativos, el fortalecimiento de capacidades técnicas y la promoción de instrumentos internacionales orientados a la protección de los derechos humanos (D’Angelo, 2025; Delgado, 2023). Esta cooperación internacional debe apoyarse y reafirmar principios bioéticos fundamentales:
Dignidad humana y derechos humanos: transversalizados en todas las políticas sanitarias y científicas para evitar que las imperativos comerciales o geopolíticos vulneren a las personas (D’Angelo, 2025).
Justicia y solidaridad, orientadas a corregir las asimetrías históricas de desarrollo y promover la redistribución equitativa de insumos sanitarios y conocimientos (D’Angelo, 2025; Zambrano, 2013).
Responsabilidad compartida pero diferenciada: reconociendo que las capacidades y recursos estatales varían, pero que existe un compromiso ético colectivo para no dejar a nadie atrás (Delgado, 2023).
La cooperación multilateral regional no pretende sustituir las soberanías ni las particularidades jurídicas y culturales de cada Estado nación (García et al., 2025; Ovalle y Vázquez, 2022). Por el contrario, la internacionalización y armonización de estándares bioéticos busca generar espacios de diálogo de alto nivel, prevenir el debilitamiento progresivo de los estándares regulatorios y fortalecer la soberanía institucional compartida frente a presiones corporativas o externas (García et al., 2025; Pellicer, 2013).
El camino hacia la cooperación multilateral en América Latina y el Caribe en materia de temas bioéticos, puede ser sinuoso y largo, pero es importante reconocer los múltiples esfuerzos que desde hace décadas se han hecho para lograrlo y, a partir de los mismos, definir los pasos que conviene dar de ahora en adelante para generar este acercamiento y crear un futuro en común, sobre todo en un contexto de complejos desafíos bioéticos que involucra a todas las naciones.
Ningún esfuerzo por trazar este camino es irrelevante, lo más significativo está precisamente en el apoyo y la colaboración para construir el bienestar común en un futuro interconectado. En este sentido, como una propuesta para coadyuvar a materializar la cooperación regional, el Centro Anáhuac de Desarrollo Estratégico en Bioética (CADEBI), está enfocado en promover un espacio de diálogo a través del Atlas Interactivo Iberoamericano de Bioética como plataformas permanentes de colaboración multilateral.
Frente a la fragmentación institucional que históricamente ha debilitado la integración en América Latina y el Caribe (D’Angelo, 2025), el Atlas Interactivo se constituye en un mecanismo dinámico capaz de coadyuvar en la articulación de instituciones académicas, comités nacionales de bioética, centros de investigación y organismos de la sociedad civil de la región. Sus funciones estructurantes comprenden:
Intercambio y sistematización de información: Monitoreo y recopilación continua de normativas, marcos regulatorios, declaraciones éticas y jurisprudencia en bioética y salud pública producida en la región.
Identificación de capacidades institucionales: Mapeo actualizado de centros, institutos, asociaciones y programas de formación en bioética, permitiendo optimizar el uso de recursos técnicos y científicos mediante esquemas de cooperación Sur-Sur y triangular (D’Angelo, 2025).
Fortalecimiento de redes transnacionales: Creación de espacios deliberativos para el análisis riguroso de dilemas éticos emergentes —como la edición genética, los ensayos clínicos multicéntricos y la equidad algorítmica en salud—, favoreciendo el consenso técnico e interpretativo.
Generación de conocimiento colaborativo: Producción de evidencia científica y posicionamientos éticos regionales informados, diseñados para servir de insumo directo en la formulación de políticas públicas y en la negociación en foros globales de gobernanza.
De este modo, esta herramienta interactiva puede contribuir a la consolidación de una infraestructura del conocimiento que promueve la convergencia deliberativa latinoamericana y caribeña, respetando las identidades territoriales al tiempo que proyecta una voz sólida y coordinada en el concierto internacional.
A manera de conclusión
Por lo anterior, la construcción de una bioética multilateral en América Latina y el Caribe constituye una tarea necesaria para afrontar las incertidumbres de la policrisis global. Las lecciones dejadas por los recientes colapsos sanitarios, como el COVID 19, y las aceleradas transformaciones científicas demuestran que ningún Estado puede garantizar de forma aislada la seguridad sanitaria y el bienestar de su población.
El fortalecimiento de una política regional de cooperación bioética no solo rescata la dimensión cualitativa del multilateralismo —fundada en la solidaridad, la equidad de género, la justicia y los derechos humanos—, sino que proporciona las herramientas institucionales para superar viejas asimetrías. Iniciativas colaborativas como el Atlas Interactivo Iberoamericano de Bioética articulan este paradigma, con el objetivo de sumar esfuerzos para transformar la fragmentación en una red robusta de intercambio y construcción conjunta de capacidades. América Latina y el caribe tiene ante sí la oportunidad de liderar un modelo de gobernanza sanitaria inclusivo, donde la biociencia y la tecnología se mantengan de manera estricta e innegociable al servicio de la dignidad humana.
Referencias bibliográficas
Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía (CELADE). (2023, 10 de enero). Panorama del envejecimiento y tendencias demográficas en América Latina y el Caribe. Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). https://www.cepal.org/es/enfoques/panorama-envejecimiento-tendencias-demograficas-america-latina-caribe
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Delgado Peralta, M. (2023). The Role of Multilateral Forums and Organizations as Agents of Change and Development / Papel de los foros y organismos multilaterales como agentes de cambio y desarrollo. Revista Mexicana de Política Exterior, 125, 11-28.
Dos Santos, N. B. (2002). A dimensão multilateral da política externa brasileira: perfil da produção bibliográfica. Revista Brasileira de Política Internacional, 45(2), 26-45.
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Ovalle Almanza, M. C., y Vásquez Salazar, J. C. (2022). Limitations on Democracy in Multilateral Policies to Regulate the Political Participation of Indigenous and Tribal Peoples. Colombia Internacional, 111, 111-133. https://doi.org/10.7440/colombiaint111.2022.05
Pellicer, O. (2013). México como potencia media en la política multilateral, 2006-2012. Foro Internacional, 53(3-4), 873-896.
Zambrano Jáuregui, C. (2013). El multilateralismo actual: crisis y desafíos. Revista de Relaciones Internacionales, Estrategia y Seguridad, 8(1), 45-60.
La presente nota editorial fue elaborada a partir de las fuentes citadas en el apartado de referencias. Asimismo, se contó con el apoyo de herramientas de inteligencia artificial, como NotebookLM y ChatGPT, utilizadas como auxiliares en la organización y síntesis de la información. El contenido final es responsabilidad del autor.
Más información:
Centro Anáhuac de Desarrollo Estratégico en Bioética (CADEBI)
Dr. Alejandro Sánchez Guerrero
alejandro.sanchezg@anahuac.mx






