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Yakult, una empresa que hizo del cuidado de la salud su razón de ser

Yakult, una empresa que hizo del cuidado de la salud su razón de ser

27 de octubre de 2026
Autor: Juan Manuel Palomares Cantero
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¿Qué puede enseñarnos sobre ética y bioética una pequeña botella de Yakult?

Seguramente la hemos visto cientos de veces, quizá en el desayuno familiar. Detrás de ese producto cotidiano hay una historia que comenzó hace casi cien años con la inquietud de un médico japonés preocupado por la salud de las personas.

Minoru Shirota pensaba que la ciencia podía hacer algo más que tratar enfermedades: también podía contribuir a prevenirlas. Su trabajo dio origen a una empresa internacional cuya filosofía concede importancia a la investigación, la prevención y la accesibilidad. Este artículo examina a Yakult como un caso de prácticas empresariales susceptibles de una valoración bioética positiva. No busca recomendar una marca ni juzgar la eficacia clínica de un producto, sino preguntarse qué nos enseñan su origen, sus compromisos institucionales y algunas experiencias documentadas sobre la responsabilidad de las empresas ante la salud humana.

 

Una empresa que comenzó pensando en las personas

En las primeras décadas del siglo XX, las enfermedades infecciosas intestinales representaban un problema sanitario importante en Japón. Shirota investigó microorganismos capaces de contribuir a la salud y, en 1930, consiguió cultivar una cepa bacteriana que posteriormente llevaría su nombre. Yakult comenzó a comercializarse en 1935 (Yakult México).

Su filosofía, conocida como Shirotaísmo, se apoya en tres convicciones: medicina preventiva, cuidado de la salud intestinal y productos económicamente accesibles. Hay una diferencia entre preguntarse qué podemos vender y preguntarse qué necesidad humana podemos atender. Las dos preguntas son legítimas, pero la segunda revela una preocupación ética desde el origen.

Ahí encontramos la dignidad humana. Las personas valen por sí mismas, antes de ser consumidores, trabajadores o destinatarios de servicios. Cuando una necesidad humana orienta el propósito empresarial, su valor no se mide únicamente por la rentabilidad.

El Código de Ética de Yakult incluye el respeto a los derechos humanos, la no discriminación y el trato digno a los trabajadores (Yakult Honsha Co., Ltd.). Son compromisos relevantes para evaluar su actuación: la cultura ética se reconoce en las decisiones ordinarias, no solo en declaraciones escritas (Roy et al., 2024).

 

Cuidar la vida antes de que aparezca la enfermedad

Solemos pensar en la salud cuando algo comienza a funcionar mal y modificamos nuestros hábitos después de recibir un diagnóstico. Shirota comprendió que el cuidado debía comenzar antes.

Su apuesta por la prevención guarda relación con el respeto a la vida física. Nuestro cuerpo no es ajeno a nuestra identidad: a través de él vivimos, trabajamos, amamos y realizamos nuestros proyectos. Cuidarlo es una responsabilidad personal y, al mismo tiempo, una preocupación compartida.

La medicina preventiva no promete eliminar todas las enfermedades, pero ayuda a reconocer posibilidades de proteger la salud. Yakult incorporó esta preocupación a su identidad: su misión vincula la investigación con estilos de vida saludables y su visión concede un lugar expreso a la prevención (Yakult México). Una intuición médica terminó orientando la razón de ser de una empresa.

 

La salud y la posibilidad de llegar a más personas

Otra convicción del Shirotaísmo merece especial atención: ofrecer productos económicamente accesibles. Un descubrimiento científico puede ser extraordinario, pero su alcance social depende también de quiénes pueden acceder a sus resultados.

Aquí aparece la justicia. Las oportunidades de cuidar la salud están condicionadas por los recursos y las circunstancias de cada persona. La Declaración Universal sobre Bioética y Derechos Humanos reconoce la responsabilidad social respecto de la salud y la importancia de una alimentación adecuada (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura [UNESCO], 2005).

Una empresa alimentaria no sustituye las obligaciones del Estado, pero puede contribuir mediante decisiones sobre sus productos, precios y distribución. La aspiración de Shirota consistía precisamente en llevar los resultados de su investigación a un público amplio. La accesibilidad no era un detalle secundario: formaba parte de su manera de comprender la finalidad de aquello que había descubierto.

Esta preocupación nos acerca a la solidaridad, que no se reduce a realizar donaciones. También puede reconocerse en la actividad cotidiana de una empresa.

Un ejemplo concreto son las Yakult Ladies. Este sistema de distribución domiciliaria, iniciado en Japón en 1963, abrió oportunidades laborales para mujeres. Una investigación reciente examina las condiciones de continuidad de ese trabajo (Han et al., 2025).

Un reportaje de BBC News Mundo documenta otra dimensión de estas visitas: algunas repartidoras mantienen contacto frecuente con personas mayores que viven solas (BBC News Mundo, 2026). La entrega puede convertirse así en una ocasión de encuentro. La solidaridad aparece en algo tan sencillo como conocer y escuchar a otra persona.

Una bebida no resuelve la soledad, pero una conversación puede aliviarla por un momento. La visita conserva su carácter comercial; precisamente por eso resulta interesante que también abra un espacio de relación humana.

 

Cuando cada quien aporta desde lo que sabe hacer

El cuidado de la salud necesita médicos, investigadores, familias, autoridades y empresas. Cada uno tiene posibilidades y responsabilidades distintas. Esta idea nos conduce a la subsidiariedad: reconocer el valor de la iniciativa de las personas y organizaciones, sin sustituir aquello que corresponde a otros.

Yakult desarrolla actividades de investigación y producción alimentaria, además de divulgar información sobre salud intestinal. Su caso permite apreciar una contribución social desde el campo de competencia propio, sin sustituir a las instituciones sanitarias.

Este principio evita otra confusión frecuente: pensar que la responsabilidad social exige que las empresas se conviertan en hospitales, escuelas o instituciones de asistencia. Su contribución puede estar en investigar con seriedad, facilitar oportunidades laborales y ofrecer bienes de calidad. Lo decisivo no es invadir responsabilidades ajenas, sino asumir las propias con conciencia de sus consecuencias humanas.

 

La ciencia como una forma de cuidar

Shirota no se conformó con observar un problema sanitario: quiso comprenderlo y encontrar una respuesta. Esa decisión refleja dos principios clásicos de la bioética, beneficencia y no maleficencia: procurar el bien y evitar daños injustificados.

Aunque solemos asociarlos con médicos e investigadores, también importan a quienes elaboran productos relacionados con la salud. Investigar, cuidar la calidad y comunicar con rigor forman parte de una misma responsabilidad.

Los estudios sobre alimentos fermentados muestran resultados de interés, pero sus efectos deben valorarse según el producto y las personas estudiadas (Sampsell et al., 2025). En el caso de los probióticos, las características de cada cepa y la evidencia disponible son importantes (Marco et al., 2026).

La importancia que Yakult atribuye a la ciencia ofrece aquí un criterio de valoración: investigar significa comprobar, aprender y reconocer lo que falta por conocer. Cuando una empresa se vincula con la salud, distinguir entre propósito preventivo y efectos demostrados también expresa respeto por las personas.

 

Respetar a quien decide

Pocas decisiones son tan personales como las relacionadas con nuestra salud. Todos tenemos circunstancias, valores y experiencias distintas. La autonomía reconoce nuestra capacidad para elegir y, en medicina, encuentra una expresión especialmente importante en el consentimiento informado (National Commission for the Protection of Human Subjects of Biomedical and Behavioral Research, 1979).

En una relación comercial no hablamos de consentimiento clínico, pero sí del derecho a recibir información clara y veraz. Quien compra un alimento relacionado con la salud necesita comprender qué consume y qué puede razonablemente esperar.

La confianza en una marca no debería sustituir el juicio personal, sino apoyarlo. El énfasis de Yakult en la investigación permite valorar también la importancia de comunicar con claridad lo que se sabe, sin confundir información sanitaria con publicidad.

 

Cuando el éxito empresarial también tiene un sentido humano

¿Qué hace verdaderamente valiosa a una empresa? Necesita generar utilidades para sostener empleos, desarrollar productos e invertir en investigación. Pero también podemos apreciar las necesidades que atiende, el trato que ofrece a las personas y su contribución a la sociedad.

Aquí encontramos el bien común. La reflexión contemporánea sobre el propósito de las empresas invita a mirar más allá del interés económico inmediato (Claassen, 2026). Desde una visión humanista, el bien común comprende las condiciones que permiten vivir dignamente y participar en la vida social.

El caso de Yakult permite reconocer elementos de responsabilidad bioética en una filosofía preventiva y en prácticas documentadas como el trabajo de las Yakult Ladies. Ese reconocimiento no constituye una certificación de todas sus operaciones: requiere distinguir entre propósitos declarados, experiencias verificadas y resultados que demandarían otras investigaciones.

Quizá por eso una pequeña botella puede enseñarnos algo sobre ética. La cuestión más interesante no es si debemos comprarla, sino cómo una actividad empresarial puede incorporar el cuidado de las personas entre las razones que orientan sus decisiones.

 

Declaración de intereses

El autor declara no mantener relaciones laborales, comerciales, de consultoría, patrocinio o financiación con Yakult, ni tener intereses que hayan condicionado el contenido de este artículo.

 

Referencias

 

Juan Manuel Palomares Cantero es licenciado en Derecho, maestro y doctor en Bioética por la Universidad Anáhuac México. Ha sido director de Capital Humano, así como director y coordinador general en la Facultad de Bioética. Actualmente se desempeña como investigador en la Dirección Académica de Formación Integral de la misma universidad, donde impulsa proyectos sobre ética profesional, razón abierta y formación integral. Es miembro de la Academia Nacional Mexicana de Bioética, de la Federación Latinoamericana y del Caribe de Instituciones de Bioética (FELAIBE) y del Sistema Nacional de Investigadores.


Este artículo fue asistido en su redacción por el uso de ChatGPT, una herramienta de inteligencia artificial desarrollada por OpenAI. Las opiniones compartidas en este blog son de total responsabilidad de sus respectivos autores y no representan necesariamente una opinión unánime de CADEBI. Valoramos y alentamos cualquier comentario, respuesta o crítica constructiva que deseen compartir.


 


Más información:
Centro Anáhuac de Desarrollo Estratégico en Bioética (CADEBI)
Dr. Alejandro Sánchez Guerrero
alejandro.sanchezg@anahuac.mx