México ante el reto global de los Semiconductores: Entre la Oportunidad y la Preparación
La industria de los semiconductores es hoy la columna vertebral de la economía digital. Cada avance en inteligencia artificial, vehículos eléctricos, telecomunicaciones, smartphones o defensa depende de estos diminutos circuitos integrados que procesan la información del mundo moderno. En este contexto, México se encuentra ante una oportunidad histórica: insertarse de manera estratégica en una de las cadenas de valor más sofisticadas y de mayor impacto geopolítico del planeta.
El reacomodo global de la producción, impulsado por las tensiones entre Estados Unidos y China, la pandemia y la aprobación de la CHIPS and Science Act estadounidense, ha abierto una ventana de nearshoring para América del Norte. México, como socio comercial clave dentro del T-MEC, se perfila como un destino natural para complementar la capacidad de manufactura, diseño y ensamblaje de chips en la región. Sin embargo, aprovechar esta coyuntura exige más que geografía: demanda estrategia, talento e infraestructura.
Hoy, el país cuenta con una base industrial y académica significativa. Existen plantas de manufactura y prueba en estados como Baja California, Aguascalientes y Chihuahua; centros de diseño en Guadalajara, Querétaro y el Centro de Diseño de Semiconductores Kutsari en Puebla; y nodos de investigación avanzada como el INAOE en Puebla. Además, instituciones como el Tecnológico Nacional de México y diversas universidades públicas y privadas han comenzado a incorporar programas relacionados con microelectrónica y semiconductores. No obstante, el ecosistema aún es incipiente frente a los gigantes asiáticos y europeos.
El principal desafío de México no es solo atraer inversión, sino formar talento especializado. La industria de semiconductores demanda ingenieros altamente capacitados en diseño y en ATP (Validación, materiales y procesos de fabricación), pero también perfiles híbridos que comprendan la gestión de calidad, logística y cadenas de suministro globales. Sin un programa nacional de desarrollo de capital humano, las oportunidades de nearshoring podrían quedarse en el nivel de maquila avanzada, sin avanzar hacia el verdadero valor agregado: el diseño y la innovación.
Otro reto clave es la coordinación institucional. La cadena de semiconductores requiere colaboración entre gobierno, academia y sector privado para definir una política industrial de largo plazo. Es urgente alinear esfuerzos dispersos, crear incentivos fiscales específicos, establecer consorcios tecnológicos y generar laboratorios de diseño (EDA hubs) abiertos a universidades y startups. Sin un marco de gobernanza claro, las inversiones tenderán a concentrarse en regiones aisladas sin crear un ecosistema nacional integrado.
A pesar de estos retos, México tiene ventajas competitivas únicas: cercanía con el mayor consumidor de chips del mundo (Estados Unidos), tratados comerciales robustos, costos laborales competitivos y una base industrial madura. Con visión, coordinación y apuesta por el conocimiento, el país puede escalar en la cadena de valor, pasar de ser ensamblador a co-diseñador, y consolidarse como un socio estratégico en la economía del silicio.
El futuro de los semiconductores en México no se definirá por la oportunidad, sino por la capacidad de prepararse para ella. En este sentido, la formación de talento se convierte en la piedra angular para construir una participación sólida y sostenible en la cadena global de valor.
Conscientes de ello, en la Universidad Anáhuac de Puebla, hemos diseñado y desarrollado un minor en semiconductores dirigido a estudiantes de ingeniería, con el propósito de formar profesionales que comprendan el ecosistema de la industria de semiconductores, en particular los procesos de diseño de circuitos integrados y de ensamble, prueba y empaquetado (ATP), desde una perspectiva de gestión, innovación y dirección estratégica.
Este esfuerzo académico busca contribuir al desarrollo de un ecosistema nacional de conocimiento, innovación y colaboración que permita a México transitar del papel de ensamblador al de diseñador y generador de tecnología. El país tiene el talento, la ubicación y el momento histórico a su favor; convertir ese potencial en liderazgo dependerá de la visión y compromiso de sus instituciones, empresas y universidades.
Por el Mtro. Luis Gerardo Guerrero Ojeda
Docente de la Escuela de Ingeniería y Actuaría