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LA-RADIO

Radio viva: comunidad, tecnología y futuro sonoro

Hoy celebramos el Día Mundial de la Radio, pero más que conmemorar un aparato, celebramos una forma de escuchar el mundo. La radio ha sobrevivido a la televisión, al internet, al streaming y ahora a la inteligencia artificial. No lo ha hecho por resistencia pasiva, sino por adaptación constante: mutó de frecuencia modulada a señal digital, de cabina cerrada a ecosistema multiplataforma, de voz unidireccional a conversación colectiva.

Hoy la radio ya no vive solo en el dial. Habita en aplicaciones, en bocinas inteligentes, en podcasts, en transmisiones híbridas que combinan video en vivo, chat en tiempo real y clips para redes sociales. Las interfaces cambiaron la forma de escuchar: ya no esperamos un programa, lo elegimos; ya no sintonizamos, descubrimos; ya no somos audiencia cautiva, somos usuarios. La experiencia radiofónica se volvió personalizada, portátil y algorítmica. Sin embargo, en medio de tanta tecnología, lo que sigue sosteniendo al medio es la voz humana: la cercanía, la compañía, la sensación de que alguien nos habla a nosotros y no a una masa abstracta.


La inteligencia artificial introduce un nuevo capítulo. Automatiza parrillas musicales, genera guiones, clona voces y recomienda contenidos según nuestros hábitos. Esto abre preguntas éticas y creativas: ¿qué significa la autenticidad en la radio?, ¿dónde queda la improvisación, el error, la risa espontánea? La radio siempre ha sido un territorio de lo vivo, de lo imperfecto, de lo humano. La IA puede ser aliada si amplifica la producción y libera tiempo para la creatividad, pero el corazón del medio seguirá siendo la experiencia compartida entre quien habla y quien escucha.

Los públicos también se fragmentaron. Las audiencias jóvenes consumen audio en formato corto, on demand, mezclado con imagen y texto. Para ellas, la radio es más un concepto que un aparato: es playlist curada, es podcast narrativo, es live en redes. Las generaciones mayores, en cambio, mantienen el ritual del encendido cotidiano, la compañía en el transporte público o en el trabajo. La radio actual debe dialogar con ambos hábitos sin perder su identidad.

En este mapa diverso, cada tipo de radio cumple una función social distinta.
La radio comercial se enfrenta al reto de competir con plataformas de streaming y con la publicidad segmentada de las redes. Su fortaleza sigue siendo la inmediatez, la capacidad de generar comunidad local y de reaccionar en tiempo real ante lo que ocurre en la ciudad. Cuando apuesta solo por la repetición musical se diluye; cuando apuesta por la personalidad de sus locutores y la conexión con su entorno, se vuelve insustituible.

La radio comunitaria continúa siendo el latido de territorios que no siempre aparecen en los medios masivos. En lenguas originarias, en zonas rurales, en barrios periféricos, la radio no es un producto: es un servicio, un espacio de identidad, memoria y organización social. En contextos de brecha digital, sigue siendo la tecnología más accesible y democrática.

La radio infantil, quizá una de las grandes deudas del ecosistema mediático, tiene hoy una oportunidad enorme. En un entorno saturado de pantallas, el audio puede estimular la imaginación, la escucha atenta y la creación de mundos propios. Falta inversión, sí, pero sobre todo falta reconocer a las infancias como audiencias activas, no como nichos secundarios. Una radio para niñas y niños no solo entretiene: forma ciudadanía sonora.

Y en medio de todo esto, la radio universitaria ocupa un lugar estratégico. Es laboratorio, archivo y plataforma de experimentación. Puede arriesgar donde la comercial no puede, puede amplificar voces que no tienen espacio en otros medios, puede cruzar conocimiento académico con cultura, ciencia, arte y comunidad. En un momento donde la información circula sin filtros, la radio universitaria puede ser un espacio de pensamiento crítico, de verificación, de profundidad.


En el Día Mundial de la Radio no celebramos la nostalgia de un aparato antiguo, celebramos la vigencia de un lenguaje que se reinventa. La radio no murió, se volvió ubicua. Está en el celular, en el automóvil, en el aula, en la comunidad, en el streaming, en el podcast, en la memoria.

Mientras exista alguien que necesite escuchar y alguien dispuesto a hablar con honestidad, la radio seguirá encendida.
 

 


Por el Mtro. Daniel Guevara Portada
Supervisor de Laboratorio y Docente de la Escuela de Comunicación