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REflexiones-guerra-contra-Irán

Reflexiones preliminares en torno a la guerra contra Irán. ¿Quién decide cuándo y cómo hacer la guerra?

El 28 de febrero del presente año una noticia sacudió al mundo: el ataque de Estados Unidos a la Primaria Shajareh Tayebeh en Minab, al sur de Irán, había masacrado a 168 niñas iraníes. El ataque se pretende justificar como un error en el uso de mapas e información obsoleta sobre los objetivos (Sánchez, 2026); sin embargo hay dos cuestiones a considerar: ¿quién explica a las madres que sus hijas están muertas debido al uso de información no verificada? y ¿Cómo se interpreta una guerra violatoria del derecho internacional? 

 

La guerra iniciada, por Estados Unidos e Israel en contra de Irán, tiene afectaciones en distintos ámbitos. Primeramente, la ejecución de Alí Jamenei, Rahbar, líder  supremo de la República Islámica, trajo como consecuencia el ascenso al poder de su hijo, Mohtaba Jamenei, que no ha aparecido en público desde que asumió el cargo. Aunque circuló un mensaje dirigido al pueblo iraní y a la comunidad internacional reafirmando el cierre del Estrecho de Ormuz e incitando a los países vecinos a cerrar las bases militares estadounidenses en sus Estados (RFI, 2026).

 

Hasta el momento, en Irán han muerto alrededor de 1300 civiles como resultado de la guerra (Nichols, 2026) a la que se suman los daños causados al medio ambiente y, por ende, a la población, así como al patrimonio cultural iraní. La UNESCO reporta que tanto el Palacio de Golestán en Teherán, como el palacio Chehel Sotoun y la Mezquita Jameh, en Isfahán han sido dañados (Amiri, 2026). Complementariamente, los ataques a instalaciones petroleras han dejado una contaminación del aire que la OMS ha declarado como riesgosa para la salud de la población (Poynting et al., 2026).

 

Como respuesta, la República Iraní ha lanzado ataques contra bases militares estadounidenses en Bahrein, Qatar, Emiratos Árabes Unidos (La Jornada, 2026), Kuwait y Arabia Saudita (Rosas y País, 2026), así como contra blancos militares israelís. Aunado al cierre del Estrecho de Ormuz. 

 

El precio del petróleo ha llegado a los 100 dólares por barril (Salcés y Castelló, 2026), generando un desequilibrio económico a nivel internacional. Ante tal situación, el presidente Trump declaró "Estados Unidos es, por lejos, el mayor productor de petróleo del mundo, así que cuando los precios del petróleo suben, ganamos mucho dinero, PERO, para mí, como presidente, es de un interés e importancia mucho mayor detener a un imperio del mal, Irán, para que no tenga armas nucleares y destruya Medio Oriente e, incluso, el mundo.” (La Jornada Online, 2026). 

 

Calificar a Irán como una amenaza busca ignorar las veces en que la República Islámica ha estado dispuesta a entablar negociaciones en torno al enriquecimiento de uranio, incluidas las previas al ataque. ¿Por qué la República Islámica es retratada como una amenaza para la región y el mundo? Para intentar justificar una guerra carente de legitimidad jurídica conforme al derecho internacional.

 

La retórica discursiva de “nosotros vs los otros” que busca representar al “otro” como “malvado”, o “amenazante”para intentar dar legitimidad ante la comunidad internacional a acciones bélicas ilegítimas, es una narrativa orientalista [1] y, por lo tanto, deshumanizante. Estados Unidos utilizó esta narrativa en 2003 para pretender justificar la invasión en Irak, mientras que Israel la ha utilizado por décadas. 

 

Las palabras importan, así como la forma en que son narradas. El poder se ejerce también a través de la hegemonía cultural y de las imágenes que nos proyectan del “otro”. ¿Se puede seguir usando la retórica de la “amenaza nuclear iraní” mientras Israel mantiene opacidad respecto a su arsenal nuclear y no ha firmado el Tratado de No Proliferación Nuclear? ¿Puede el presidente de la nación más poderosa del mundo alterar las vidas de millones de personas bajo la justificación de una supuesta amenaza?

 

La respuesta de la comunidad internacional ante el conflicto se puede ver a través de las resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, que recientemente aprobó una resolución que exige a Teherán terminar con los ataques a las bases militares estadounidenses en el Golfo, pero no condenó los ataques de Israel y Estados Unidos a Irán. 

Por su parte, las acciones de China y Rusia se han enmarcado más en el ámbito diplomático que en evitar una escalada militar.

 

Respecto a Estados Unidos, las declaraciones nada diplomáticas de Donald Trump siguen con amenazas, así como la posibilidad de enviar soldados estadounidenses al terreno y la arrogancia de quien cree que tiene el poder de quebrantar las normas internacionales. Sin embargo, la presión interna contra el presidente estadounidense crece cada vez más, y disminuye el apoyo de la población. Una encuesta aplicada por la Universidad de Quinnipiac en Estados Unidos establece que el 74% de la población encuestada se opone al despliegue de tropas estadounidenses (Bah y Lawal, 2026). Partidarios republicanos también critican la guerra iniciada por Trump, calificándola de una acción que contradice las promesas hechas durante la campaña del presidente (Deutsche Welle, 2026).

La guerra se extiende. Israel inició una ofensiva terrestre y aérea en Líbano, contra Hezbollah, causando la muerte de 600 personas y el desplazamiento forzado de 800 mil (La Jornada, 2026).

 

La guerra contra Irán nos advierte sobre los peligros de las acciones bélicas unilaterales y la insuficiencia del sistema internacional donde actores internacionales pueden usar su poderío militar conforme conviene a sus intereses. 

 

Las peores consecuencias en las guerras las sufre la población civil y las naciones agredidas que reclaman respeto a su soberanía. Es necesario construir un mundo con un sistema internacional que no deje la vida de millones de personas en las manos de élites político- económicas que decidan su muerte con base a sus intereses.

 

 


[1] El orientalismo es un término definido por Edward Said, que consiste en la creación de narrativas simplistas, reduccionistas y falsas en torno a los pueblos del llamado “Medio Oriente”. Históricamente el orientalismo ha sido usado para justificar procesos de colonización, imperialismo y opresión contra la región.

 

 

Por la Mtra. Dolores Patricia Marín Díaz

Docente de la Escuela de Relaciones Internacionales