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Universidad: ¿fábrica de títulos o semillero de ciudadanía transformadora?

Muchos consideran que la misión principal de la universidad consiste en preparar profesionistas para incorporarse al mercado laboral. Sin embargo, la sociedad en la actualidad adolece de desigualdades, llena de desconfianza en las instituciones y con una gran demanda de integridad pública por lo cual es necesario replantear si ¿la educación superior debe limitarse a formar técnicos especializados o debe asumir con mayor claridad su responsabilidad en la formación de ciudadanos? La universidad no es, ni debe ser, sólo una fábrica de títulos, pues se trata de un espacio de construcción de pensamiento crítico, de diálogo plural y de compromiso con la realidad social; ya que, si solo se concentra únicamente en el dominio de competencias técnicas, se corre el riesgo de generar egresados altamente capacitados, pero desvinculados de los problemas públicos y ajenos a la dimensión ética de su ejercicio profesional. 

 

El formar ciudadanos implica desarrollar en el estudiantado una conciencia clara de su responsabilidad frente a la sociedad; es fomentar valores como la legalidad, la honestidad, la solidaridad, el respeto a la dignidad humana y la participación informada. Por su parte la Secretaría de Educación Pública ha señalado que la educación superior debe orientarse al desarrollo integral de la persona y a la construcción de una ciudadanía responsable, capaz de contribuir al desarrollo democrático del país. De manera similar, la ANUIES ha destacado que las instituciones de educación superior están llamadas a fortalecer no solo la empleabilidad, sino también el compromiso social de sus egresados, debiendo incluir en sus programas la ética profesional, responsabilidad social y la vinculación con el entorno. 

 

Las universidades que apuestan por una formación integral fortalecen su propuesta de valor, ya que al incorporar metodologías innovadoras, aprendizaje basado en problemas reales, internacionalización y proyectos con impacto social, logran que el estudiantado comprenda que su profesión es una herramienta de transformación y no sólo un medio de subsistencia, siendo que en este proceso, el docente juega un papel fundamental, pues no es solo transmisor de conocimientos, sino debe ser un formador de criterio. Cada clase es una oportunidad para promover el análisis, el debate informado y el respeto por la diversidad de ideas, pues a manera en que se enseña comunica tanto como el contenido mismo. Organismos internacionales como la OCDE han subrayado que los sistemas educativos más sólidos son aquellos que combinan excelencia académica con formación en valores cívicos, pensamiento crítico y responsabilidad social, pues dichos elementos son indispensables para enfrentar los desafíos contemporáneos. 

 

Las universidades con sentido social miden su éxito no solo por el número de titulados, sino por el impacto positivo que generan sus egresados en sus comunidades: profesionistas que ejercen con integridad, que respetan la ley y que comprenden su rol como actores clave en la construcción del bien común.

 

Por la Dra. Erika Elizabeth Ramm González 

Docente de la Escuela de Derecho de la Anáhuac Puebla

 

 

Acerca de la Dra. Erika Ramm

Magistrada de Sala Regional del Tribunal Federal de Justicia Administrativa, docente de posgrado en derecho y autora de investigaciones en materia fiscal, administrativa y anticorrupción. Cuenta con amplia experiencia en formación de profesionales, diseño de programas académicos y análisis de políticas públicas vinculadas al fortalecimiento institucional.