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Tres poemas de Octavio Paz

In Memoriam: Tres poemas de Octavio Paz

En estos días se cumplen veinte años de la muerte del poeta y ensayista Octavio Paz. Premio Nobel de literatura en 1990. Comenzó a publicar sus primeros poemas a los 17 años convirtiéndose después en diplomático. Su poesía estuvo influenciada por poetas como Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado y Pablo Neruda y se afilia a las nuevas corrientes del México post-revolucionario como Ramón López Velarde, Carlos Pellicer, Xavier Villaurrutia. Su obra comprende tanto denuncias de carácter social como análisis de naturaleza existencial, así como una búsqueda surrealista. Entre sus poemarios destacan Libertad bajo palabra y Salamandra. El ensayo La búsqueda del comienzo es un buen ejemplo de su encuentro con el surrealismo en Francia.

Dejamos para tu disfrute, tres poemas de Paz, quien fue transformando su estilo a lo largo de los años como una manera de interpretar los cambios a través de una apertura mental e ideológica, siempre abierto a la evolución creativa.

Escrito con tinta verde

La tinta verde crea jardines, selvas, prados, 
follajes donde cantan las letras, 
palabras que son árboles, 
frases que son verdes constelaciones. 

Deja que mis palabras, oh blanca, desciendan y te cubran 
como una lluvia de hojas a un campo de nieve, 
como la yedra a la estatua, 
como la tinta a esta página. 

Brazos, cintura, cuello, senos, 
la frente pura como el mar, 
la nuca de bosque en otoño, 
los dientes que muerden una brizna de yerba. 

Tu cuerpo se constela de signos verdes 
como el cuerpo del árbol de renuevos. 
No te importe tanta pequeña cicatriz luminosa: 
mira al cielo y su verde tatuaje de estrellas.

 

Más allá del amor

Todo nos amenaza: 
el tiempo, que en vivientes fragmentos divide 
al que fui 
del que seré, 
como el machete a la culebra; 
la conciencia, la transparencia traspasada, 
la mirada ciega de mirarse mirar; 
las palabras, guantes grises, polvo mental sobre la yerba, 
el agua, la piel; 
nuestros nombres, que entre tú y yo se levantan, 
murallas de vacío que ninguna trompeta derrumba. 

Ni el sueño y su pueblo de imágenes rotas, 
ni el delirio y su espuma profética, 
ni el amor con sus dientes y uñas nos bastan. 
Más allá de nosotros, 
en las fronteras del ser y el estar, 
una vida más vida nos reclama. 

Afuera la noche respira, se extiende, 
llena de grandes hojas calientes, 
de espejos que combaten: 
frutos, garras, ojos, follajes, 
espaldas que relucen, 
cuerpos que se abren paso entre otros cuerpos. 

Tiéndete aquí a la orilla de tanta espuma, 
de tanta vida que se ignora y se entrega: 
tú también perteneces a la noche. 
Extiéndete, blancura que respira, 
late, oh estrella repartida, 
copa, 
pan que inclinas la balanza del lado de la aurora, 
pausa de sangre entre este tiempo y otro sin medida.

Libertad bajo palabra

Viento
Cantan las hojas,
bailan las peras en el peral;
gira la rosa,
rosa del viento, no del rosal.
Nubes y nubes
flotan dormidas, algas del aire;
todo el espacio
gira con ellas, fuerza de nadie.

Todo es espacio;
vibra la vara de la amapola
y una desnuda
vuela en el viento lomo de ola.

Nada soy yo,
cuerpo que flota, luz, oleaje;
todo es del viento
y el viento es aire
siempre de viaje…

 

Foto: Jonn Leffmann