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Columnas de Opinión

Educar en la era del móvil: prohibir no basta

OCTUBRE 22, 2026 Educar en la era del móvil: prohibir no basta

El teléfono celular se ha convertido en una extensión de nuestra vida cotidiana, ya que lo utilizamos no sólo para comunicarnos, sino también para trabajar, informarnos y resolver diversas tareas. Sin embargo, cuando hablamos de las aulas surge una pregunta inevitable: ¿debemos prohibirlo para evitar distracciones o enseñar a utilizarlo responsablemente? 

Desde mi experiencia docente, considero que el verdadero desafío educativo no consiste únicamente en retirar el móvil del aula, sino en formar estudiantes capaces de reconocer cuándo la tecnología favorece su aprendizaje y cuándo interfiere con él. Establecer límites es necesario, pero educar para ejercer el autocontrol y asumir las consecuencias de nuestras decisiones resulta todavía más importante, pues los datos respaldan la preocupación del uso desmedido en las aulas. Los resultados de PISA 2022 muestran que, en promedio, alrededor de uno de cada tres estudiantes de los países que forman parte de la OCDE declaró distraerse con dispositivos digitales durante la mayoría o todas sus clases. Además, quienes señalaron distraerse por el uso de dispositivos de otros estudiantes obtuvieron 15 puntos menos que quienes prácticamente no experimentaron esa situación. 

La tecnología no es enemiga de la educación, tan es así que la propia OCDE advierte que el uso moderado de dispositivos con fines de aprendizaje puede relacionarse con mejores resultados y señala que una prohibición absoluta puede limitar las oportunidades para desarrollar estrategias de autorregulación. Por ello, la discusión debería ir más allá de elegir entre permitir o prohibir. La universidad tiene la oportunidad de formar ciudadanos digitales responsables mediante reglas claras, metodologías innovadoras y un diálogo permanente entre docentes y estudiantes. La formación integral también significa aprender a ejercer la libertad con responsabilidad. En áreas como el Derecho, el acceso inmediato a la legislación, criterios jurisdiccionales y fuentes oficiales puede enriquecer una clase cuando responde a un objetivo académico; el mismo dispositivo pierde ese valor cuando desvía la atención hacia contenidos ajenos al aprendizaje; por ello enseñar a utilizar responsablemente la tecnología es también preparar a nuestros estudiantes para los retos que encontrarán fuera del aula. El móvil no debe gobernar nuestra atención, pero tampoco necesitamos ignorar sus posibilidades educativas. El desafío es mayor: formar personas capaces de decidir cuándo utilizarlo, para qué hacerlo y cuándo guardarlo. 

 

Antes de preguntarnos si debemos desterrar los móviles de las aulas, preguntémonos qué estamos haciendo para que nuestros estudiantes aprendan a utilizarlos con criterio, responsabilidad y propósito.


Por la Dra. Erika Elizabeth Ramm González 
Docente de la Escuela de Derecho de la Anáhuac Puebla


Acerca de la Dra. Erika Elizabeth Ramm González
Doctora en Derecho, con reconocimiento Magnum Cum Laude y doble mención honorífica por su investigación y alto desempeño académico; cuenta con Maestría en Derecho con orientación en Derecho Administrativo por la Universidad Nacional Autónoma de México, así como con estudios de especialización en materia fiscal, derechos humanos, justicia administrativa y propiedad intelectual. Posee una trayectoria de más de tres décadas en el servicio público y desde 2006 se desempeña como Magistrada de Sala Regional del Tribunal Federal de Justicia Administrativa. Paralelamente, ha desarrollado una amplia labor académica como docente de licenciatura, especialidad y maestría en diversas instituciones de educación superior, principalmente en las áreas de derecho fiscal, administrativo y sancionador. Ha participado como conferencista, panelista y moderadora en distintos foros jurídicos y es autora de un libro y diversas publicaciones especializadas en justicia administrativa, derechos humanos y perspectiva de género. Su trayectoria profesional y académica ha sido reconocida por diversas instituciones por sus aportaciones a la impartición de justicia, la igualdad y el fortalecimiento del Estado de Derecho.