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Presidencia de minorías

Presidencia de minorías

Ni siquiera Ernesto Zedillo, el último presidente de la racha de 71 años de gobierno del PRI, logró una mayoría.

Seis años después, y a pesar del ímpetu generado por la idea de “sacar al PRI” de Los Pinos, a Vicente Fox sólo 4.2 de cada 10 votos lo llevaron a la silla presidencial.

En 2006 la cosa empeoró, pues Calderón fue presidente con apenas más de un tercio de los votos —y sólo los cuento a ellos, porque el tema del abstencionismo es para otra ocasión—, lo que significa que la tan mencionada mayoría del pueblo no lo eligió como su presidente.

En 2012, terminamos con alguien —Peña Nieto— que convenció a menos de cuatro de cada 10 votantes.

Hay que enfatizar que éste no es un problema mexicano, pues en otros países la cosa no pinta mejor: redondeando y por mencionar sólo dos ejemplos recientes, Trump se sienta en la oficina oval tras obtener apenas 27% de los votos, y Macron alcanzó la presidencia de Francia con 23.7% en la primera vuelta.

Entonces, ¿dónde está el gobierno de la mayoría cuando quienes gobiernan al pueblo no fueron electos por la mayoría de los votantes? Hipótesis hay muchas: en México decimos que es por un exceso de partidos menores que no sobrevivirían sin las alianzas y que nos cuestan mucho a los contribuyentes; pero en Estados Unidos los partidos son básicamente dos y el financiamiento es más bien privado (y el resultado en ambos países es similar).

Entonces, ¿dónde está el gobierno de la mayoría cuando quienes gobiernan al pueblo no fueron electos por la mayoría de los votantes?

Lo dije antes: es hora de cambiar el paradigma, para ello debemos aceptar que difícilmente un candidato obtendrá más de la mitad de los votos (una mayoría simple o una simple mayoría, como se quiera ver) y comprender que es imperativo darles a los ciudadanos la certeza de que quien gobierne lo haga por decisión de la mayoría.

Entonces, volvamos al caso de Francia: Macron obtuvo una “mayoría” bastante menor en la primera vuelta, pero, gracias a un sistema donde la segunda vuelta les da a los votantes la oportunidad de elegir entre los dos que hayan obtenido más votos en la primera, al menos los franceses tienen al final a un presidente que, en su caso, resultó electo por 65% de quienes votaron.

En los sistemas democráticos de hoy, y en México particularmente, es indispensable hacer de lado las trampas en las que caemos con tanta frecuencia —el hastío que provocan las corruptelas del poder (que tan bien le vienen al poder), la sensación de que todo está arreglado bajo la mesa (que tan bien le viene al poder) y de vender nuestro voto a cambio de una despensa, una bici, un permiso, unas placas o cualquier otro “favor” (una manera barata y nada ética de obtener votos)— y ser nosotros, los ciudadanos, quienes establezcamos las reglas que habrán de aplicar para elegir a quien esté al frente del gobierno.

Elecciones presidenciales en números

Como dato informativo, estos son los resultados (y porcentaje de votos obtenidos) por los primeros tres lugares de las últimas cuatro elecciones para presidente en México:

1994

  • 48.69%: Ernesto Zedillo, del PRI.
  • 25.92%: Diego Fernández de Cevallos, del PAN.
  • 16.59%: Cuauhtémoc Cárdenas, del PRD.

2000

  • 42.56%: Vicente Fox, de la alianza PAN y PVEM. 
  • 36.11: Francisco Labastida, del PRI.
  • 16.64%: Cuauhtémoc Cárdenas, de la alianza PRD, PT, Convergencia, PAS y PSN.

2006

  • 35.89%: Felipe Calderón,del PAN.
  • 35.31%: Andrés Manuel López Obrador, de la alianza PRD, PT y Convergencia.
  • 22.26%: Roberto Madrazo, del PRI, PVEM.

2012

  • 38.20%: Enrique Peña Nieto, del PRI.
  • 31.57%: Andrés Manuel López Obrador, del PRD, PT y Movimiento Ciudadano.
  • 25.68%: Josefina Vázquez Mota, del PAN.

Fuentes: portalanterior.ine.mx La desilusión sexenal, de Óscar Antonio Jiménez Morales en eumed.net sil.gobernacion.gob.mx

Ilustración: Pixabay

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