Durante aproximadamente ocho años impartió clases en la Universidad Anáhuac, experiencia que no solo fortaleció su perfil académico, sino que también le permitió identificar la necesidad de continuar preparándose. Fue en ese contexto donde decidió cursar la maestría, en un momento en el que su vida profesional ya estaba en marcha.
El paso de docente a alumna representó una transición significativa. Integrarse nuevamente a un entorno de aprendizaje implicó adaptarse a nuevas dinámicas, convivir con perfiles diversos y abrirse a nuevas perspectivas. Lejos de ser un reto limitante, esta experiencia se convirtió en un espacio de crecimiento personal y profesional. La interacción con compañeros más jóvenes, con formas distintas de pensar y de entender el entorno, impulsó en ella una constante actualización, particularmente en temas relacionados con la digitalización y la innovación.
La Maestría en Economía y Negocios le proporcionó herramientas fundamentales en áreas como finanzas, análisis de operaciones, estrategia y toma de decisiones. Estos conocimientos no solo enriquecieron su labor docente en ese momento, sino que se convirtieron en una base sólida para su desarrollo profesional posterior. La formación adquirida le permitió estructurar su pensamiento, analizar problemáticas desde una perspectiva integral y tomar decisiones con mayor claridad.
Tras concluir sus estudios, asumió la coordinación de la licenciatura en Administración Turística, lo que representó un primer gran salto en su trayectoria. Desde esta posición, pudo aplicar de manera directa los conocimientos adquiridos, integrando una visión más estratégica y completa en la gestión académica.
Posteriormente, su camino la llevó a la Ciudad de México, donde se incorporó al sector privado en una agencia de publicidad. Esta etapa le permitió consolidar habilidades relacionadas con la creatividad, la estrategia y la ejecución de proyectos, sumando una nueva dimensión a su perfil profesional.
Sin embargo, el momento que marcaría un antes y un después en su trayectoria llegó en 2013, cuando se integró formalmente a la Fundación de Cáncer de Mama (FUCAM). La organización, que había surgido años atrás como una iniciativa enfocada en la concientización y la educación en comunidades vulnerables, representaba una oportunidad para aplicar sus conocimientos en un entorno con un profundo sentido social.
Desde sus inicios, FUCAM se planteó como un proyecto que buscaba reducir las brechas en el acceso a servicios de detección y atención del cáncer de mama. Lo que comenzó con pláticas informativas y campañas de concientización, evolucionó con el tiempo hacia un modelo integral que incluye diagnóstico, tratamiento y seguimiento para pacientes.
Al incorporarse a la fundación, María Luisa asumió la Dirección de Finanzas y Administración. Desde esta posición, impulsó procesos clave para el crecimiento y la consolidación de la organización. La apertura de nuevas sedes, la expansión de servicios y la estructuración de procesos internos respondieron a una visión clara: construir un modelo sostenible que permitiera ampliar el impacto sin perder de vista la misión social.
Uno de los elementos más relevantes de su gestión ha sido la capacidad de trasladar herramientas propias del ámbito empresarial a una organización sin fines de lucro. En FUCAM, la operación implica una complejidad similar a la de cualquier empresa: múltiples áreas, procesos especializados y un equipo humano amplio. Sin embargo, el objetivo trasciende la rentabilidad económica, centrándose en la generación de valor social.
En 2021, asumió la Dirección General de la fundación en uno de los contextos más desafiantes a nivel global: la pandemia por COVID-19. Este periodo representó un reto sin precedentes para el sector salud, no solo por la crisis sanitaria, sino también por sus implicaciones económicas y operativas.
En medio de este escenario, FUCAM enfrentó una decisión crucial: detener sus operaciones o continuar brindando atención. La elección fue mantenerse activos. A pesar de la incertidumbre y de las dificultades financieras, la organización decidió priorizar su misión y garantizar la continuidad de los tratamientos para miles de pacientes. Esta decisión implicó asumir riesgos significativos, pero también reafirmó el compromiso de la fundación con las mujeres que dependen de sus servicios. El cáncer no se detiene, y cada día cuenta en el proceso de atención. Mantener la operación activa durante la pandemia no solo fue un acto de resiliencia organizacional, sino también una muestra clara de liderazgo con propósito.
Actualmente, FUCAM se ha consolidado como un referente en la atención del cáncer de mama en México y América Latina. Su modelo de atención integral abarca desde la detección oportuna, mediante mastografías y estudios complementarios, hasta la definición de tratamientos personalizados a través de equipos multidisciplinarios.
Cada caso es analizado por un grupo de especialistas que considera factores específicos de la paciente, lo que permite diseñar estrategias de atención más efectivas. Además, la fundación ofrece acompañamiento emocional, programas de rehabilitación y actividades complementarias que contribuyen a la recuperación integral.
A pesar de estos avances, los retos en el país siguen siendo significativos. Uno de los principales problemas es la falta de una cultura de prevención. En México, una gran proporción de los casos de cáncer de mama se detecta en etapas avanzadas, lo que reduce las probabilidades de éxito en el tratamiento y aumenta su complejidad.
Factores como el miedo, la desinformación y las barreras de acceso continúan siendo obstáculos importantes. Muchas mujeres no se realizan estudios de manera regular, lo que retrasa la detección de la enfermedad. En este contexto, la labor de FUCAM adquiere una relevancia aún mayor.
Más allá de la atención médica, la fundación impulsa campañas de concientización y genera alianzas con empresas y organizaciones para acercar servicios a comunidades vulnerables. Estas acciones buscan no solo atender, sino también prevenir y educar, fomentando una cultura de cuidado y detección oportuna.
Mirando hacia el futuro, la visión de FUCAM se centra en la colaboración. La construcción de alianzas estratégicas es fundamental para ampliar el alcance de su impacto y responder a una problemática que requiere esfuerzos conjuntos. La suma de voluntades entre sector público, privado y social es clave para generar cambios sostenibles.
En el plano personal, María Luisa destaca la importancia de que el desarrollo profesional esté acompañado de un propósito claro. Para ella, el acceso a la educación superior representa no solo una oportunidad, sino también una responsabilidad: la de contribuir activamente a la mejora del entorno.
Conocerse, identificar la propia vocación y mantener a las personas en el centro de cualquier proyecto son elementos esenciales para construir trayectorias con sentido. En cualquier ámbito, el verdadero motor de las organizaciones son las personas, y su cuidado es fundamental para lograr resultados sostenibles.
Asimismo, resalta el valor de la vocación de servicio como un principio que debe mantenerse a lo largo de la vida. Existen múltiples formas de generar impacto, desde el ejercicio profesional hasta el voluntariado o la participación en iniciativas sociales. Incluso acciones aparentemente pequeñas, como escuchar o acompañar, pueden marcar una diferencia significativa.
Su historia es un recordatorio de que el liderazgo no se define únicamente por los logros individuales, sino por la capacidad de generar un impacto positivo en la vida de otros. En un mundo que enfrenta desafíos cada vez más complejos, trayectorias como la suya evidencian que servir también es una forma de liderar.