Alfredo Gallegos Romano, Comunicación 2021. Creador y productor en AlfredodeViaje. "Cada etapa deja algo en ti, la diferencia está en cómo decides vivirla."
Aprender, Disfrutar y Después Viajar: Origen de AlfredodeViaje




¿Cómo describirías tu experiencia en la Anáhuac? ¿Cuál es tu mejor recuerdo en la Universidad?
Tengo muy buenos recuerdos en general. Creo que aproveché mucho la etapa universitaria, no solo por las clases y las herramientas que la Universidad nos brindó, específicamente en la carrera de Comunicación. Considero que en la vida hay que vivir y disfrutar cada etapa como corresponde, y la Universidad, aunque tiene su grado de seriedad, también tiene un lado que se debe saber disfrutar.
En mi caso, creo que supe hacerlo. Si hoy volteo hacia atrás, me doy cuenta de que, si no hubiera vivido la carrera como la viví, con las transmisiones de partidos de baloncesto, los proyectos tanto dentro como fuera de la Universidad y el trabajo con maestros, egresados y compañeros, probablemente la recordaría como una etapa mucho más gris.
Hoy la veo como una etapa trascendental e importante en mi vida. De alguna manera, siento que me formó para todo lo que estoy haciendo ahora. No solo por lo que aprendí en el aula, sino por todo el entorno que rodea la vida universitaria. Ese ambiente fue fundamental para mí y es algo que valoro mucho.
Tuve muy buenos amigos, maestros y personal de la Universidad, así como egresados con los que, aunque hoy es más difícil coincidir por el trabajo, incluso he llegado a viajar. Eso hace que cuando vuelvo a pensar en esa etapa, pueda decir con seguridad que fue una experiencia sumamente positiva y muy significativa en mi vida.
¿Qué herramientas o aprendizajes desarrollaste en la Universidad Anáhuac para enfrentarte al ámbito profesional?
En carreras creativas como Comunicación, Dirección de Empresas de Entretenimiento o Diseño Gráfico, las prácticas profesionales y el aprendizaje en campo tienen un papel central. En mi caso, desde el primer semestre, incluso desde la primera semana, ya había oportunidades en las que podía involucrarme, integrarme y empezar a construir mi trayectoria profesional.
Recuerdo claramente que en la primera semana se llevaron a cabo audiciones en Radio Televisión de Veracruz, y yo tenía claro que tenía que estar ahí. Sabía que debía presentarme, dar lo mejor de mí y persistir hasta encontrar un lugar. Esto fue posible gracias a un convenio entre RTV y la Universidad Anáhuac Veracruz campus Xalapa, así como a maestros que colaboraban tanto en la Universidad como en la televisora. Ahí fue donde realmente comenzó mi carrera como comunicador deportivo.
Posteriormente, participé en las transmisiones que realizaba el equipo de Comunicación y Dirección de Empresas de Entretenimiento. Tengo entendido que ese proyecto continúa hasta hoy, siendo una producción hecha por alumnos y guiada por profesionales con experiencia. En lo personal, fue una experiencia que me ayudó muchísimo a desarrollar habilidades prácticas desde muy temprano.
Creo que el aprendizaje más importante es que existe una combinación clave entre lo que la Universidad te brinda y lo que tú construyes por tu cuenta. Es fundamental salir a buscar oportunidades, tocar puertas y, al mismo tiempo, estar preparado para aprovecharlas. Si no tienes las bases o las habilidades necesarias, difícilmente te abrirán espacios.
También es importante reconocer en qué eres bueno y qué necesitas desarrollar. Uno mismo tiene que identificar sus fortalezas y explotarlas. Por ejemplo, si alguien quisiera dedicarse al diseño gráfico, pero no tiene afinidad ni habilidades en esa área, sería complicado avanzar. En cambio, cuando hay talento, preparación y actitud, todo se complementa.
Sin duda, es una mezcla entre formación académica, experiencia práctica e iniciativa personal lo que te prepara realmente para el ámbito profesional.
¿Cómo surgió tu camino en redes sociales y qué momento o etapa marcó tu decisión de empezar a crear contenido?
Mi proyecto principal inicia desde el primer semestre. Empecé a trabajar en distintos medios y me fui involucrando cada vez más en la comunicación deportiva, especialmente en el baloncesto y la narración deportiva. Hice una buena trayectoria en la Liga ABE, no solo narrando en la Anáhuac, sino también colaborando con otros medios en Puebla. Incluso me invitaron a campeonatos nacionales junto a narradores con mucha experiencia, lo cual poco a poco me fue abriendo puertas.
Mi primer gran trabajo, por así decirlo, fue con la NBA en México, donde trabajé como creador de contenido para sus redes sociales en español. Narraba resúmenes diarios de los partidos de la NBA, y eso lo hice aproximadamente a los seis meses de haber concluido la carrera, pues ya había todo un recorrido previo que me respaldaba y bases sólidas para llegar a ese tipo de oportunidades.
Después me fui a Dublín, Irlanda, a estudiar y trabajar. Y ahí es donde realmente empieza este proyecto de viaje, aunque no lo tenía planeado como tal. Siempre he dicho que uno de mis grandes sueños era narrar baloncesto y fútbol a nivel profesional. En algún momento lo logré, pero no como lo imaginaba, y fue entonces cuando surgió este nuevo camino a partir de mis viajes como mochilero en Europa mientras vivía allá.
Empecé a documentar todo. Siempre he tenido esa necesidad de comunicar, y además viajar siempre me llamó la atención, aunque antes no tenía la posibilidad real de hacerlo. De hecho, mi primer vuelo internacional fue hasta después de egresar de la Universidad, ya con más de 23 años, así que para mí viajar era algo completamente nuevo y lo sigue siendo de cierta forma.
Así fue como empecé: subiendo videos a redes sociales, hace apenas tres años. Al principio era solo por diversión, como un hobby para documentar lo que vivía, compartir experiencias y dar consejos. Con el tiempo, eso se fue transformando en un proyecto mucho más sólido, algo que nunca imaginé que crecería de esta manera.
En el proceso de construir “Alfredo de Viaje”, ¿cuál consideras que ha sido tu reto profesional más grande y cómo lograste superarlo?
En la Universidad tuve un proyecto de tacos de canasta, un pequeño negocio que también fue impulsado en su momento con apoyo de la institución. Después, ya en Irlanda, trabajé como cocinero y como guía de turistas. He tenido muchos trabajos que no están directamente relacionados con lo que hago hoy, pero que sin duda me formaron el carácter y la identidad que tengo actualmente.
Hoy valoro mucho esas experiencias. Incluso el poder mantener los pies en la tierra se lo atribuyo a esas etapas, de las que me siento muy orgulloso y nada avergonzado. Al contrario, me siento orgulloso de haberlas vivido todas.
Creo que las aptitudes pueden desarrollarse o no, pero el carácter es lo que realmente define a una persona: o se tiene o no se tiene. Y para mí, el carácter es fundamental, incluso más importante que el talento o los estudios, porque es lo que te permite enfrentar la vida.
En ese sentido, los trabajos que he tenido sin relación directa con la creación de contenido de viajes son los que más me han aportado. Fueron los que me dieron experiencia real, incluso desde que salí de la Universidad. También trabajé creando contenido para una empresa de muebles en Xalapa, de un egresado de la carrera de negocios, lo cual refuerza la importancia de las conexiones que haces en la Universidad.
Creo que ahí está una parte clave: relacionarte con personas que comparten tu visión, aprovechar lo que la Universidad te brinda y, al mismo tiempo, salir a buscar tus propias oportunidades.
Al final, la vida también tiene mucho de azar. No todo sale como uno espera, pero todo suma de alguna manera.
¿Qué significó para ti ser galardonado como “Mejor Creador de Viajes Internacional en los Premios IATI?
Fue un sentimiento entre melancolía, nostalgia y realización. Creo que es algo que nunca hubiera imaginado, porque estaba compartiendo nominaciones y escenario con personas que yo veía mucho antes incluso de empezar mi propio camino. Incluso en el discurso que doy cuando recibo el premio menciono a uno de los youtubers de viajes más grandes en español, quien había sido galardonado previamente.
Recuerdo perfectamente que en la Universidad veía sus videos e incluso algún maestro nos los ponía como ejemplo de cómo se puede construir un proyecto sólido de comunicación. El hecho de haber compartido escenario con él, tomarnos una foto y poder platicar fue un impacto muy grande para mí. En ese momento me preguntaba en qué punto estaba parado, porque yo lo veía como alguien inalcanzable, alguien que viajaba por el mundo y contaba historias que me inspiraban muchísimo.
Y de pronto te das cuenta de que no estás tan lejos de eso como pensabas, o que incluso ya estás ahí. Eso, sinceramente, me parece una locura. Incluso si no hubiera ganado el premio, para mí el reconocimiento era secundario; el simple hecho de haber estado en ese espacio ya era un logro enorme.
También fue muy especial compartir ese momento con un amigo de la Universidad, Emilio Domínguez, con quien hoy trabajo. Estudió Dirección de Empresas de Entretenimiento conmigo, y vivir eso juntos le dio un toque casi de película.
Fue un momento muy satisfactorio por todo el trabajo que había detrás de esos tres años de proyecto, pero algo que jamás hubiera imaginado ni tenido en el radar. Más allá del premio, lo que me dejó fue motivación e inspiración para seguir creando y desarrollando nuevos proyectos.
Personalmente, me confirmó que voy en el camino correcto, pero también que esto es una carrera constante de innovación y transformación. Si no te adaptas, te quedas atrás. Suena crudo, pero es real. En medios digitales todo cambia muy rápido, y hay que saber evolucionar con ello.
Creo que eso es lo que más me dejó: aprendizaje, motivación y la certeza de que hay que seguir creciendo y adaptándose constantemente.
¿Qué es lo más especial de viajar?
A través de los viajes me he transformado como persona, tanto en mi forma de pensar como en mi manera de ver el mundo. Hoy no soy la misma persona ni el mismo viajero que era hace tres años. He cambiado mucho, incluso en la forma en la que comunico y en el contenido que creo. Eso es lo que más me hace sentir orgulloso, ver que realmente hay una evolución a través del viaje.
Lo que más me hace feliz es salir de los lugares tradicionales, conectar con la gente local y probar la gastronomía de cada destino, incluso cuando se trata de cosas muy distintas a lo que estoy acostumbrado. Creo que a través de la comida es como podemos entender mejor a las personas y los lugares que habitan.
La comida, al final, se vuelve un puente. Te das cuenta de que no somos tan diferentes como parece. Un campesino en Vietnam o un amigo en Buenos Aires que te invita a un asado y que comparten muchas cosas en común contigo. Todos buscamos lo mismo de alguna forma: vivir con dignidad, tener alimento en la mesa y cosas básicas que a veces damos por sentadas. Viajar te ayuda a ver eso con mucha más claridad, porque te vuelve más sensible y humano, siempre y cuando el viaje se haga de verdad, no solo desde el ego o desde la necesidad de la foto o de decir que estuviste en cierto lugar.
Creo que cuando viajas con la mente abierta, dispuesto a descubrir cosas que no necesariamente encajan con lo que esperabas, es cuando el viaje realmente te transforma. Y también es clave la preparación previa: leer sobre la historia del lugar, entender lo que está pasando ahí a nivel político, cultural o social. Un viaje tiene muchas dimensiones que vale la pena explorar.
En mi caso ha sido así, la comida ha sido ese puente entre las personas y yo, me he dado cuenta de algo muy importante: cuando yo dejo de ser el centro del viaje y las personas se convierten en los protagonistas, es cuando más disfruto y más sentido tiene todo lo que hago.
De todo lo que has construido hasta ahora, ¿cuál consideras que ha sido tu mayor satisfacción profesional?
Se puede hablar de premios, de destinos o de maravillas del mundo, pero a mí hoy me interesa más hablar de tener un proyecto alrededor de los viajes. Poder vivir de esto ya me parece demasiado. Es un gran logro trabajar con gente cercana a mí, como Emilio, como ahora mi primo, que también se ha sumado al proyecto. Tenemos una agencia de viajes y todo un ecosistema de contenido en redes sociales.
El simple hecho de pensar que podemos vivir de esto, que hay un proyecto que lo sostiene y lo hace posible, ya es para mí el mayor logro. También el poder decir "quiero ir a tal lugar" y empezar a construir cómo hacerlo realidad: revisar presupuesto, ver qué hay que producir, a qué marca se puede contactar o cómo se justifica ese viaje, y lograr que suceda. Eso, para mí, ya es estar en un nivel que nunca me hubiera imaginado.
Por eso siempre digo que esta carrera es del día a día, con mucha incertidumbre. No es tan idealizada como puede parecer desde fuera. Es un proceso constante de renovación, de entender que en cualquier momento todo puede cambiar o incluso terminar. Por eso me gusta vivirlo así, con conciencia de dónde estoy parado y valorando mucho la oportunidad que tengo.
Ese es el mayor logro: haber construido un proyecto alrededor de los viajes y tener una voz propia. Poder comunicar lo que realmente quiero, algo que me tomó tiempo lograr. Me refiero a incluir mis opiniones, mis ideas sociales o políticas dentro de lo que hago, y poder integrarlas de forma natural en mis viajes.
Creo que eso también es muy importante: entender todo lo que hay detrás de un viaje, la cultura, la gastronomía, la gente, y poder comunicarlo de una manera que inspire a otros o les abra nuevas perspectivas. Eso también lo considero un gran logro.
¿Cuál es el mejor consejo que le puede dar a los estudiantes universitarios?
Yo creo que el mejor consejo es que aprovechen realmente las herramientas que la Universidad les da como un trampolín o como una plataforma para lo que quieren desarrollar profesionalmente. Muchas veces, cuando uno es joven, no alcanza a ver el valor real de esas oportunidades, y es hasta después, con más experiencia, que uno las entiende mejor.
Un ejemplo muy claro para mí son las clases de fotografía. Al inicio no era nada bueno, incluso llegué a no disfrutarlas. Hoy me doy cuenta de que no las supe aprovechar como debí, porque tenía al maestro, el espacio y las herramientas para haber desarrollado mucho más esa área. Aunque yo me considero más un storyteller, un contador de historias, entiendo hoy que mientras más habilidades tengas, más sólido te vuelves profesionalmente.
Por eso es importante que desde los primeros semestres los estudiantes se pregunten cómo pueden empezar a desarrollarse desde ya: con qué maestro pueden colaborar, a qué proyectos pueden sumarse, con qué egresados pueden trabajar o incluso cómo pueden aplicar lo que ven en clase en situaciones reales. En carreras creativas esto es especialmente importante, porque esos años no deberían verse solo como formación académica, sino como años de experiencia real.
Si yo me hubiera quedado esperando hasta terminar la carrera para empezar a trabajar, probablemente hoy tendría varios años de atraso en experiencia. En cambio, al empezar desde temprano, esos años de universidad se convirtieron en años de práctica real que hoy suman mucho a mi trayectoria.
Otro consejo importante es no tener miedo de "ensuciarse las manos". Es decir, no rechazar oportunidades solo porque en ese momento no parecen estar directamente relacionadas con lo que uno quiere hacer. Muchas de esas experiencias terminan formando carácter, disciplina y una mentalidad muy importante para la vida profesional. La forma en la que enfrentas problemas y te adaptas a lo inesperado pesa incluso más que el talento en muchos casos.
También es normal no conectar con todas las materias o con todos los maestros. Eso pasa en cualquier etapa de la vida. Pero lo importante es saber identificar qué sí te aporta cada experiencia y aprovecharlo.
Hoy veo que la Universidad ofrece cada vez más herramientas, espacios y oportunidades para desarrollarse profesionalmente desde temprano. Está todo ahí, prácticamente en bandeja de plata, lo único que hace falta es que el estudiante lo capitalice.











