Pasar al contenido principal
México / Noticias / Innovación en la pandemia

Innovación en la pandemia



Noticia Boletín
Desactivado
Innovación en la pandemia

El presente artículo sobre innovación analiza cómo Estados Unidos se ha erosionando durante décadas, además de subrayar cómo la capacidad para inventar y desplegar las tecnologías depende del gasto público y políticas gubernamentales.

 

El maestro Guillermo Híjar Fernández, director del Centro Anáhuac de Ingeniería Empresarial (CAIE), presenta un texto en el que habla sobre cómo el COVID-19 debería obligar a los gobierno a repensar la manera en que los países abordan el tema de la innovación, con políticas más efectivas para atender los grandes problemas de la desigualdad, el cambio climático y las epidemias. 

 

Innovación en la pandemia

¿Por qué las tecnologías no nos defendieron durante la pandemia de COVID-19?
Según David Rotman, editor en jefe de MIT Technology Review, la tecnología falló en Estados Unidos, México y otros lugares del mundo en mantenernos vivos y saludables durante el año 2020. Hacia finales del año, habían muerto un millón y medio de personas por COVID-19 y la economía mundial estaba en ruinas. Se estima que la caída del producto interno bruto del mundo fue de 4.5% con respecto al año 2019, la más pronunciada desde la Segunda Guerra Mundial. En la era de la inteligencia artificial y la medicina genómica, la respuesta más efectiva a la epidemia ha sido la cuarentena, una técnica de salud pública traída de la Edad Media.
 

¿Cómo pensamos acerca de un sistema de innovación para afrontar una crisis?
La falla más obvia fue en las pruebas. La reacción en cadena de la polimerasa existente desde hace tres décadas para el diagnóstico tardó mucho en implementarse para pruebas masivas por la burocracia e incompetencia de los gobiernos de muchos países. Además, los hisopos rinofaríngeos de seis pulgadas y los reactivos necesarios para hacer las pruebas escaseaban.

La falta de pruebas se combinó con un sistema descuidado para recolectar datos de salud pública, dejando a los epidemiólogos y hospitales sabiendo muy poco de la diseminación de la enfermedad. En la era del Big Data, en la que Google y Amazon usan la información personal para su publicidad y operaciones comerciales, las autoridades de salud tomaban decisiones a ciegas.

Para complicar más las cosas, desde hace años la manufactura norteamericana se ha estado desplazando a China, por lo que cuando llegó la urgencia, en esta región no había respiradores ni suficientes plantas que los fabricaran.

En Estados Unidos el ecosistema de innovación, que era capaz de identificar y crear las tecnologías esenciales para el bienestar público, se ha erosionando durante décadas. La capacidad para inventar y desplegar las tecnologías que necesita depende del gasto público y las políticas gubernamentales. La inversión pública para financiar la manufactura y los materiales para las vacunas y los diagnósticos no han sido una prioridad, por lo que la pandemia los cogió desprevenidos. 

Durante los últimos cincuenta años los Estados Unidos han creído en el mercado libre para impulsar la innovación. Este enfoque propició un pujante Valle del Silicio que es la envidia de los emprendedores del mundo. Sin embargo, esto se tradujo en que faltara inversión y soporte para áreas críticas como son la manufactura y la infraestructura, que responden a las necesidades más básicas de las naciones.


Hay que repensar las políticas de innovación
El COVID-19 debería obligar a los gobiernos a repensar la manera en que los países abordan el tema de la innovación, con políticas más efectivas para atender los grandes problemas de la desigualdad, el cambio climático y las epidemias. 

El impacto de la innovación puede medirse en términos del crecimiento en la productividad, es decir, la capacidad de obtener un mayor rendimiento de los recursos como la mano de obra y el capital. El crecimiento de la productividad es lo que hace a los países más ricos y prósperos a largo plazo. Sin embargo, en los Estados Unidos, durante dos décadas, el crecimiento de la productividad ha sido modesto ya sea porque no se sabe realmente cómo aplicar la innovación disruptiva para aumentar la productividad en muchos sectores o porque los gobiernos en muchos países del mundo han cortado la inversión en investigación y desarrollo desde la década de 1980.

Los gobiernos tienden a invertir en investigación de alto riesgo que las empresas no pueden darse el lujo de costear porque están enfocadas en los mercados más lucrativos. De la investigación de alto riesgo emergen las innovaciones más radicales como internet y radar. En cambio, las aplicaciones más radicales de la inteligencia artificial, financiadas por el sector privado, han sido la optimización de los motores de búsqueda, el reconocimiento facial y de voz, y el comercio electrónico. La industria farmacéutica invierte grandes sumas en investigación de nuevas drogas para el cáncer y enfermedades mentales, pero no encuentra lucrativas las vacunas y las pruebas de diagnóstico que tanto se necesitan en la pandemia. En esto debería aplicarse el dinero público.

No solo es la invención de nuevas tecnologías como el radar, el nylon y el caucho sintético que los gobiernos impulsaron durante la segunda guerra mundial, también es el apoyo que necesitan las empresas para adoptarlas, especialmente en sectores como el cuidado de la salud y la manufactura.
 

Innovación en la pandemia

Fuente: National Science Foundation
 

En la gráfica puede apreciarse cómo ha decaído el financiamiento público de la investigación y desarrollo en los Estados Unidos durante los últimos 50 años (línea anaranjada). Solía ser 65% en el año 1965 y ahora es 22 por ciento. 

En China, la fracción de la inversión que corresponde a la iniciativa privada es de 77%, aún mayor que la estadounidense, que es de 70%. Sin embargo, el gobierno chino fue capaz durante la pandemia de exhortar a las empresas a innovar y a producir lo que se requería para afrontar el nuevo virus y el país logró controlar su difusión.

Con una población cuatro veces mayor que la de Estados Unidos, el número de contagios en China fue apenas de una vigésima parte de los registrados en aquel país.
 

Innovación en la pandemia

Fuente: National Science Foundation

 

En cuanto al tipo de inversión, en Estados Unidos los 580 mil millones de dólares invertidos en 2018 se dividieron en las siguientes proporciones: 17% en investigación básica, 20% en investigación aplicada y 63% en desarrollo tecnológico. En China los porcentajes privilegiaron más el desarrollo tecnológico, con el 70% de los 280 mil millones de dólares invertidos. Para investigación básica se destinó el 12% y para aplicada el 18 por ciento.


La mayor parte de la investigación básica se realiza en las universidades y es una actividad fundamental para la aplicación de la ciencia y el desarrollo tecnológico, por lo que se les ha involucrado de manera creciente por ejemplo en el desarrollo de la vacuna contra COVID-19 (Oxford) y en el desarrollo y monitoreo de pruebas (Imperial College).

 

Innovación en la pandemia

Fuente: National Science Foundation

 

Medida como porcentaje del Producto Interno Bruto (PIB), el país con la mayor intensidad de inversión en I&D es Corea del Sur, que en 1917 invertía 4.55% de su PIB, seguida por Japón (3.21%) y Alemania (3.04%). Las políticas de China, sin embargo, llevarán el indicador de intensidad de la inversión de 2.15% en 2017 a 2.5% en 2020, con lo que la inversión total en este rubro del país asiático será muy pronto equiparable a la de Estados Unidos y mayor que la de 34 países europeos.
 

***

 

Guillermo Híjar Fernández es Ingeniero Mecánico por la Universidad Anáhuac México y Maestro en Ciencias en Ingeniería Mecánica por el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). También cursó el programa de alta dirección del IPADE Business School (Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresa).

Actualmente es director del Centro Anáhuac de Ingeniería Empresarial, que ofrece asesoría y capacitación para el fortalecimiento tecnológico de las empresas. Durante 10 años dirigió la Facultad de Ingeniería de la Universidad Anáhuac México y ha sido catedrático de esta desde 1976.

Cuenta con una amplia experiencia de más de 25 años como director general de empresas industriales y de productos de consumo. Es miembro del MIT Enterprise Forum, organización no lucrativa que apoya el desarrollo de empresas tecnológicas mexicanas.

 

 

 

Más información: 
Centro Anáhuac de Ingeniería Empresarial 
Mtro. Guillermo Híjar Fernández 
ghijar@anahuac.mx