Emociones que enseñan: la clave para un aprendizaje significativo

Se resalta la importancia de las emociones en el proceso de enseñanza-aprendizaje, mostrando cómo influyen en la memoria, la motivación y la conexión entre maestros y alumnos.
En el ámbito educativo, la psicopedagogía ha destacado que el aprendizaje no puede entenderse únicamente como un proceso cognitivo aislado. Las neurociencias y sus aportaciones a la educación han demostrado que las emociones cumplen un papel importante en la forma en que se adquiere, procesa y recuerda la información.
Tal como lo señala Mora (2014), “las emociones encienden y mantienen la curiosidad y la atención, y con ello, el interés por el descubrimiento de todo lo nuevo”. Esta afirmación abre un campo de acción tanto para docentes como psicopedagogos para propiciar ambientes de aprendizaje positivos que puedan potencializar la motivación y la memoria.
La relación entre emoción y aprendizaje se explica a nivel neurobiológico, cuando un estímulo incita emociones positivas, se libera dopamina y otros neurotransmisores que facilitan la plasticidad sináptica, es decir, comienza la creación de nuevas conexiones neuronales. De esta manera, lo aprendido o adquirido permanece de manera más duradera. En contraste, un ambiente cargado de emociones negativas u hostiles, puede generar estrés, lo que eleva los niveles de cortisol e interfiere con la atención y la memoria de trabajo. Por lo tanto, entender el papel de las emociones resulta crucial para planear experiencias de aprendizaje significativas.
Mora propone un modelo que consta de siete emociones básicas: felicidad, amor, sorpresa, miedo, ira, tristeza y asco, como motores esenciales de la conducta y del aprendizaje. Estas emociones, incluso las negativas, cumplen una función adaptativa, ya que dirigen la atención hacia lo importante y estimulan la acción.
Reconocer estas emociones en el salón de clases conlleva a aceptar que el aprendizaje no puede estar aislado de la emoción o ser emocionalmente neutro. La sorpresa activa la curiosidad y dirige al descubrimiento; la felicidad propicia un clima de confianza que favorece la cooperación; incluso emociones como el miedo o la ira, cuando se manejan adecuadamente, pueden transformarse en impulsores de resiliencia y crecimiento personal.
En sintonía con esta visión, el modelo de Conscious Discipline de Becky Bailey (2015) ofrece estrategias prácticas desde edades tempranas para la regulación emocional en el salón de clases. Este método plantea que el maestro es un modelo de autocontrol y conexión afectiva ya que no solo enseña contenidos.
La conexión con el alumno será de suma importancia ya que, aunque el maestro sea competente, empático y cuente con la formación para ofrecer contenidos valiosos, si el alumno no percibe un vínculo cercano ni se siente cómodo, el aprendizaje difícilmente se llevará a cabo.
Habrá experiencias que quedarán muy marcadas en la memoria, acontecimientos o situaciones que dependen de la intensidad de la emoción, y son almacenadas a largo plazo, por lo que las mejores condiciones para el aprendizaje se obtienen en el momento en que el alumno se siente conectado con la actividad o con el maestro.
El desafío psicopedagógico consiste en incorporar las emociones como parte esencial de las prácticas educativas. Por lo cual, resulta fundamental favorecer la conexión auténtica entre el maestro y el alumno, propiciar experiencias colectivas de aprendizaje que impulsen la interacción positiva, la creación de vivencias enriquecedoras y la posibilidad de generar la curiosidad, el interés y la motivación en los alumnos. Estrategias como el aprendizaje cooperativo, el uso de la narrativa en el salón de clases y la retroalimentación positiva hacen posible que el alumno reconozca que aprender es también un proceso emocional y relacional cuyo propósito incluye el goce y disfrute.
De esta manera, se reafirma que las emociones forman la base de todos los procesos de aprendizaje y memoria. Entonces, una de las tareas del psicopedagogo es diseñar entornos donde la conexión emocional sea el punto de partida y donde enseñar signifique avivar emociones que impulsen el deseo de aprender.
Referencias:
• Arévalo, J. (2022). Neuropsicología escolar. Manual Moderno
• Bailey, B.A. (2015). The NEW Conscious Discipline Book: Expanded &Updated. Oviedo,Fl:Loving Guidance, Inc.
• Mora,F. (2014). Neuroeducación: solo se puede aprender aquello que se ama. Alianza Editorial.
Más información:
Mtra. Patricia Núñez Ruiz
patricia.nunezru@anahuac.mx
Facultad de Psicología