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No siempre se puede ganar, pero…



 humanism Liderazgo Anáhuac en Humanismo

A partir de un discurso de Roger Federer, el texto reflexiona sobre el valor de aprender del error y enfocarse en lo verdaderamente decisivo en la vida.

En 2024, Roger Federer fue invitado a dar el discurso de graduación en Dartmouth. Federer es una leyenda del tenis: veinte títulos de Grand Slam, elegancia dentro y fuera de la cancha, una carrera que muchos consideran perfecta. Compartió lecciones de tenis que son lecciones de vida. En su discurso compartió, con humor y sencillez, tres ideas: que ganar no se logra sin esfuerzo, que “es solo un punto” y que la vida es mucho más grande que una cancha de tenis.

La segunda lección es la que más me hizo pensar. Federer contó que jugó 1,526 partidos profesionales y ganó cerca del 80 % de ellos. Hasta ahí, todo suena coherente con la idea de excelencia. Pero luego añadió un dato desconcertante: ganó sólo el 54% de los puntos que jugó.

Conviene detenerse aquí. Si el mejor tenista del mundo pierde casi la mitad de los puntos, ¿qué esperamos nosotros? Federer explica que en el tenis es imposible ganar todos los puntos. La clave no está en la perfección, sino en cómo se juega cada punto, especialmente después de perder el anterior. Aprender del error, dejarlo atrás, volver a colocarse, respirar, sonreír y jugar el siguiente punto como si importara. Porque importa.

No sé nada de tenis, pero entiendo de la vida. Y aquí hay una lección que va mucho más allá del deporte: Federer no ganó todos los puntos, ganó los puntos que contaban. Los decisivos. Los que inclinaron el set. Los que hicieron historia.

En la vida personal, laboral y familiar también hay juegos, tensiones, pequeñas batallas cotidianas. Pero hay una diferencia fundamental: el tenis es un juego de ganar–perder. Para que uno gane, otro debe perder. En la vida relacional no tendría que ser así. No debería serlo en la familia, ni siquiera en el trabajo. Ahí el horizonte debería ser —al menos idealmente— el ganar–ganar.

Sin embargo, hay algo que sí se parece mucho: no todo pesa igual. En el tenis los puntos clave son claros. Un punto puede decidir un set; un set, un partido; un partido, una carrera. Puedes haber jugado brillantemente durante horas, pero si fallas el punto final pierdes. Duro, pero transparente. En la vida no es tan evidente. ¿Cuáles son los puntos que cuentan en una relación de pareja? ¿Cuáles son los puntos irrenunciables en la educación de los hijos? ¿Cuáles son los puntos verdaderamente decisivos en un proyecto profesional? No todo es igual de importante. Se puede ceder en muchas cosas —gustos, formas, ritmos—, pero hay otras que conviene cuidar con firmeza: la confianza, la verdad, el respeto, la coherencia. El problema es que muchas veces confundimos los puntos.

A veces peleamos con intensidad por asuntos secundarios y cedemos en lo esencial. O defendemos con uñas y dientes algo que, visto con perspectiva, era irrelevante, mientras dejamos pasar silenciosamente lo que sí iba a marcar un antes y un después. En la vida —como en el tenis— hay que aprender a elegir las batallas. Discernir. Enfocarse. Jugarse lo que vale la pena. Cuando todo es importante, nada lo es.

Los números de Federer nos devuelven a la realidad con una mezcla sana de humildad y esperanza. Nos recuerdan, al menos, dos cosas. Primero: no siempre se gana. Perder no debería llevarnos a la desesperanza, sino al aprendizaje. Al esfuerzo. A la madurez. Quien vive cada error como una tragedia existencial se condena a morir muchas veces. Si el mejor tenista del mundo pierde el 46% de los puntos, la persona más talentosa y comprometida perderá también —muchas veces— en la vida. Menos drama. Más realismo.

Segundo: es crucial ganar los puntos clave. Pero para eso hay que saber reconocerlos. No basta con esforzarse mucho; hay que esforzarse bien. No basta con estar ocupados; hay que estar enfocados. No basta con jugar todos los puntos con intensidad; hay que saber cuáles merecen lo mejor de nosotros.

Quizá la pregunta de fondo no sea si estás ganando o perdiendo, sino esta: ¿estás poniendo tu energía en los puntos que realmente cuentan? 

Porque no siempre se puede ganar. Pero siempre se puede aprender a jugar mejor el siguiente punto.


Más información:
Mtra. María Eugenia Cárdenas Cisneros
eugenia.cardenas@anahuac.mx
Instituto de la Mujer Anáhuac