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Bióxido de carbono (CO₂) y COVID-19

Bióxido de carbono (CO₂) y COVID-19

El Dr. Jesús H. del Río Martínez realizó un análisis de un texto publicado en El País en el que se aborda la relación entre CO₂ y aire respirado.

 

 

El Dr. Jesús Heraclio del Río Martínez, director de Innovación Científica y Tecnológica de la Universidad Anáhuac México, nos comparte una reseña sobre un artículo sobre la relación entre bióxido de carbono (CO₂) y COVID-19.

 

 

Relación entre CO₂ y aire respirado

 

Se reseña un artículo muy interesante publicado por el periódico español El País (1) que destaca lo útil que resulta evaluar, mediante la medición del bióxido de carbono (CO₂), la calidad del aire de los espacios en los que conviven las personas como una medida preventiva para disminuir los contagios por COVID-19.

 


En la pandemia actual por COVID-19, se ha demostrado que los interiores mal ventilados son los entornos de mayor peligro porque las partículas con virus pueden quedarse en suspensión hasta que alguien las respire. Y aunque no contamos con un aparato que advierta de la presencia de virus en el aire, podemos contar con un indicador de la calidad de ese aire: el CO₂.

 

 

El aire que respiramos en exteriores, el de la calle, contiene una media de 412 partículas por millón (ppm) de CO₂. Si vemos esa cifra en un medidor, podemos considerar que ese aire no ha sido respirado por nadie.

 


En muchos casos no sabemos si en el entorno en que estamos hay una persona contagiada que no presenta síntomas (asintomática) y que al respirar exhala el virus SARS CoV 2.  En un espacio cerrado sin ventilar, tanto el CO₂ como el coronavirus, permanecen suspendidos en el aire durante horas.

 


A mayor concentración del CO₂ que expulsamos al respirar, la ventilación de la estancia se considera peor. Medir la concentración de este gas nos permite saber si ese espacio está cargado de aire exhalado por otras personas o si está bien ventilado, lo que reduce drásticamente el riesgo de contagiarse.

 


Un ejemplo

Para entender este fenómeno, un buen ejemplo es lo que sucede en el interior de un automóvil, ya que, por sus reducidas dimensiones, podemos medir las concentraciones de CO₂ y sus fluctuaciones debidas a la cantidad de ocupantes de la cabina y a las medidas de ventilación que se tomen. Después, este conocimiento puede escalarse para determinar lo que sucedería en espacios cerrados mayores como una oficina, un aula o un auditorio.

 


Al entrar en un coche que tenga las ventanillas cerradas y en el que haya otra persona, la medición de CO₂ se dispara hasta niveles preocupantes. En solo diez minutos el 8% del aire que respiramos ya se ha respirado por nosotros y por el otro pasajero. Estamos compartiendo el aire con la otra persona y, si una de las dos personas estuviera contagiada de COVID-19, el riesgo de contagio sería alto: en ese tiempo del 30% en 30 minutos y del 71% en una hora.

 


Sin embargo, con abrir las ventanillas y favorecer la ventilación cruzada, el aire de la cabina se renueva de forma continua.  Se calcula que, con el vehículo detenido y con dos ventanillas abiertas 10 cm, el aire se renueva 1.2 veces por minuto; la ventilación se incrementa si el automóvil está en movimiento. Si se transita a 50 km/h con las mismas ventanillas abiertas 5 cm, la renovación será de 6.6 veces por minuto, mientras que a 100 km/h y con una abertura de 2 cm en las ventanillas la renovación será de 2.1 veces por minuto.

 


Aunque el fenómeno COVID-19 es muy complejo, hay dos factores cuyos beneficios son indiscutibles: ventilar y usar cubrebocas. Hay quienes ventilan antes de que lleguen las personas, pero cierran en cuanto el espacio se llena, que es cuando se produce el riesgo. La ventilación intermitente de los espacios cerrados no elimina el riesgo de contagio, pues cada vez que se cierran las ventanas se disparan los niveles de CO₂ y con ellos el riesgo de que aumente la concentración de virus en el aire, si hubiese presente algún infectado sintomático o asintomático. Por otra parte, la ventilación continuada ayuda a mantener los niveles de aire respirado por debajo de la zona de riesgo de contagio.

 


Sin embargo, siempre debe tenerse presente que, en interiores, a pesar de la extracción y la ventilación, el exceso de aforo puede mantener las lecturas de CO₂ en niveles de riesgo.

 


Para evitar los contagios que se favorecen por culpa de la mala ventilación, es urgente tomar medidas que vigilen la calidad del aire en los espacios ocupados por personas, como el uso del CO₂ como referencia para calcular la calidad del aire que se está respirando.

 

Bióxido de carbono (CO₂) y COVID-19


Interpretación de las lecturas

Una concentración de CO₂ de 600 ppm representa que el 0.5% de ese aire ha sido ya respirado por otros y es un riesgo asumible. En caso de que la concentración de CO₂ supere las 800 partes por millón (1.0% aire ya respirado), se recomienda incrementar la ventilación o disminuir el aforo hasta que se sitúe por debajo de ese indicador. El límite señalado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para ambientes saludables es de 1,000 ppm (1.5% aire ya respirado).

 


Los rangos superiores a 1,000 ppm son francamente peligrosos: 2,000 ppm (4%); 3,000 ppm (6.5%); 4,000 ppm (9%); 5,000 ppm (11.5%).

 

*El Dr. Jesús H. del Río Martínez, director de Innovación Científica y Tecnológica en la Universidad Anáhuac México. Es doctor en Biotecnología Microbiana por la Universidad de Colima, fue director de Investigación de la Anáhuac de 2015 a 2017 y coordinador de Apoyo a la Investigación de la misma institución de 2002 a 2014.


Referencia:
(1)    Mariano Zafra JS. No respires el aire de otro: cómo esquivar el coronavirus en interiores. El País. 2021 2021-03-28.

 

 

 


Más información:
Dirección de Innovación Científica y Tecnológica
Dr. Jesús H. del Río Martínez
jdelrio@anahuac.mx

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