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COVID-19: la variante Delta del SARS-Cov-2, un enemigo de cuidado

COVID-19: la variante Delta del SARS-Cov-2, un enemigo de cuidado

El director de Innovación Científica y Tecnológica de la Anáhuac comparte un análisis sobre la variante Delta de la enfermedad.

 


El Dr. Jesús Heraclio del Río Martínez, director de Innovación Científica y Tecnológica de la Universidad Anáhuac México, nos comparte un análisis sobre la variante Delta del SARS-Cov-2.

 


COVID-19: la variante Delta del SARS-Cov-2, un enemigo de cuidado

 

Una de las peores cosas que le puede ocurrir a una sociedad es llegar a “normalizar” las catástrofes. Por desgracia, en México eso ha sucedido muchas veces. Hubo un tiempo en el que un asesinato era noticia de ocho columnas y causa de discusión entre las personas ¿dónde ocurrió?, ¿por qué?, ¿quién fue? Hoy nos parece “normal” que cada día se asesinen a casi cien personas. Ha sido tan recurrente la violencia que se ha tornado en algo cotidiano. Con la pandemia del COVID-19, por desgracia, está sucediendo algo parecido.

 

Después de un año y medio de convivir con el virus asesino, hay indicios de que muchas personas están comenzando a perderle el respeto. Lo empiezan a ver como algo “normal”, bajan la guardia y comienzan a comportarse como si el virus no existiera. La triste realidad es que no solo sigue ahí, sino que es más peligroso que nunca. El asesino ha adquirido unas características que lo vuelven mucho más letal cada día. Veamos por qué.

 

Los virus

Los virus, al ser incapaces de multiplicarse por sí mismos, deben parasitar a otros seres vivos, que pueden ser microorganismos, plantas o animales, según el virus que se trate, para que sus hospederos produzcan “replicas” del virus utilizando para ello tanto sus recursos materiales (azúcares, grasas, proteínas y ácidos nucleicos) como su energía y herramientas metabólicas (enzimas y organelos celulares). Al final, esta pérdida de recursos lesiona o mata a la célula infectada.

 

Así, conforme los virus infectan a más individuos y estos producen más réplicas de ellos, surgen de forma natural copias inexactas, variantes semejantes, pero no iguales al virus que infectó originalmente a esas células. Estas nuevas versiones de los virus son sujetas a un proceso de selección natural en el que progresivamente van ganando terreno aquellas cuyos atributos les permiten infectar con más éxito y por ende ser más replicadas, lo que las lleva a dominar el escenario y ser las más comunes.

 

 

Transmisión de la COVID-19

Para enfrentar la pandemia ocasionada por COVID-19 se han implementado diversas medidas de mitigación que incluyen el distanciamiento social y el uso de cubrebocas. Sin embargo, la efectividad de tales medidas depende del entendimiento del mecanismo de transmisión del virus. Hoy está claro que la transmisión aérea es altamente infecciosa y es la principal vía de transmisión de la enfermedad.

 

Medidas defensivas

Para frenar la pandemia del COVID-19, además de la vacunación masiva, la mejor forma para prevenir la transmisión del virus entre las personas es el uso en público de los cubrebocas, junto con la vigilancia de la ventilación de los espacios mediante la medición de la concentración de CO2, para asegurar que sea la adecuada, el distanciamiento social, la cuarentena, así como la identificación y seguimiento de los contactos relacionados con una persona diagnosticada como positiva.

 

Usar cubrebocas es una práctica efectiva y relativamente económica cuya eficiencia depende de la combinación de varios factores:

•    La capacidad del material con que son diseñados para bloquear la entrada y salida de partículas.
•    La cantidad de fuga que hay alrededor.
•    El buen uso del que lo porta.

 

Por eso es tan importante que se usen cubrebocas de alta gama, ya que tienen una capacidad filtrante mayor y se adosan de tal forma a la cara que prácticamente no hay fugas, es decir, son herméticos.

 

Estudios comparativos de la efectividad de los cubrebocas N95, las mascarillas quirúrgicas y los cubrebocas hechos en casa de tela delgada en una sola capa muestran un nivel de protección 50 y 25 veces mayor para N95 y las mascarillas quirúrgicas con respecto a los cubrebocas hechos en casa.

 

COVID-19: la variante Delta del SARS-Cov-2, un enemigo de cuidado

 

Variante Delta del SARS CoV 2

Tras más de un año y medio de infectar a los seres humanos alrededor del planeta, se ha identificado diversas variantes del virus SARS-CoV-2 (siglas que significan: Síndrome Agudo Respiratorio Severo – Corona Virus tipo 2), agente causal del COVID-19 (cuyas siglas significan Corona Virus Disease 2019), una infección aguda del tracto respiratorio que tiene una característica que lo hace particularmente peligroso: el potencial de ser transmitido por personas infectadas antes de que presenten síntomas o aun en los casos en que estos no se presenten (asintomáticos) o sean muy leves y el paciente no les dé importancia (oligosintomáticos).

 

El riesgo radica entonces en que personas aparentemente sanas y que realizan sus actividades cotidianas pueden, durante las mismas, estar diseminando el virus e infectando a muchas más personas que no advierten las señales de peligro que mostraría un infectado con síntomas.

 

Con respecto a su grado de peligrosidad, al comparar las variantes entre sí, muestran características distintas en varios aspectos, de los cuales conviene señalar tres de importancia particular:

•    El tiempo en que se mantiene contagiosa la persona enferma.
•    La cantidad de carga viral que es capaz de expeler al ambiente la persona infectada.
•    La eficacia del virus para infectar a las células.

 

En la transmisión de enfermedades virales y en la duración de su infecciosidad hay dos elementos determinantes muy importantes que son: la cinética de la carga viral y la duración de la diseminación viral. Estos factores son parámetros críticos que determinan el diseño de las medidas de control efectivas.

 

Con la variante inicial del virus, a la que denominaremos “Clásica”, la persona tarda seis días entre el momento en que se infecta al de la aparición de los primeros síntomas de la enfermedad. Dos días antes de mostrar síntomas, la persona comienza a liberar virus al ambiente al respirar, hablar o toser, a eso le denominamos “carga viral”, en este caso de magnitud 1.

 

La variante Delta, surgida en la India, difiere de la Clásica en varios aspectos:

•    Tarda cuatro días entre la infección y la aparición de los síntomas.
•    Tres días antes de mostrar síntomas, la persona comienza a liberar carga viral.
•    La carga viral, comparada con la variante Clásica, es de una magnitud 1,200 veces mayor.

 

Si consideramos lo anterior al comparar la peligrosidad de las variantes, vemos que el período en que la persona infectada puede contagiar a otras antes de presentar síntomas es mayor en la variante Delta que en la Clásica (72 vs. 48 horas).

 

Además, la carga viral emitida al ambiente es mil doscientas veces mayor en la variante Delta. Todo eso sucede con personas aparentemente sanas que no han mostrado síntomas de la enfermedad, pero que están dispersando el virus en su entorno.

 

Si sumamos a lo anterior la renuencia de muchas personas a utilizar el cubrebocas, usarlo mal clocado o mal ajustado, la posibilidad de adquirir el virus al ambiente o expelerlo en caso de estar infectado aumenta de forma significativa.

 

Súper variante Delta

Por si no bastara con su mayor capacidad de contagio, comparada con la variante Clásica, la Delta muestra:

•    Intervalo generacional menor, es decir, el tiempo que transcurre entre la infección del caso primario y la aparición de un caso secundario.
•    Período medio de incubación más corto de 4.4 vs. 5.2 días.
•    Tiempo medio de generación de 2.9 vs. 5.7 días.

 

Además, la variante Delta tiene otras características importantes que incluyen:

•    La probable capacidad del virus de “evadir” al sistema inmunológico de las personas.
•    Su aparente capacidad infectar a personas más jóvenes, incluso niños.

 

Conclusión

En el escenario global de la pandemia, el surgimiento de nuevas variantes del virus representa una gran amenaza. Incluso después de la continua vacunación anti COVID-19, debemos estar muy atentos a tales variantes para responder mediante intervenciones no farmacéuticas como las antes señaladas. Pero, sobre todo, hay que tomar esta enfermedad en serio.

 

COVID-19 es una enfermedad cruel que se padece en soledad y provoca sentimientos de mucha angustia e incertidumbre. No hay curas ni remedios milagrosos para evitar el contagio ni para tratar la enfermedad. Solo nos queda cuidarnos a nosotros mismos. La mejor arma para hacerlo es el conocimiento de la enfermedad, la medida más efectiva para prevenirla, y jamás perderle el respeto a un enemigo tan peligroso y letal.

 


*El Dr. Jesús H. del Río Martínez, director de Innovación Científica y Tecnológica en la Universidad Anáhuac México, es doctor en Biotecnología Microbiana por la Universidad de Colima, fue director de Investigación de la Anáhuac de 2015 a 2017 y coordinador de Apoyo a la Investigación de la misma institución de 2002 a 2014.


Referencias:

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Más información:
Dirección de Innovación Científica y Tecnológica
Dr. Jesús H. del Río Martínez
jdelrio@anahuac.mx

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