En los juicios de guarda y custodia, así como en los relacionados con el régimen de visitas, es común que las emociones estén a flor de piel. Como abogado y profesor en Derecho Familiar, he visto cómo el enojo, el dolor o la frustración entre los padres pueden llegar a influir en las decisiones legales, incluso cuando el objetivo debería ser proteger el bienestar de los hijos.